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| 6/17/2002 12:00:00 AM

Un Al Capone contemporáneo

Después de una vida digna de película John Gotti, el mafioso más famoso de Estados Unidos, murió de cáncer en una prisión de Milwaukee.

Cancer en la garganta a los 61 años mientras cumplía una condena perpetua. Una muerte nada romántica, prematura y anunciada … aburrida, dirán algunos. Sin duda no era el destino que se esperaba para John Gotti, el capo di tutti capi más famoso desde los tiempos de Al Capone y Lucky Luciano.

En los años 80, momento estelar de su carrera en el crimen organizado, llegó a la cabeza de la familia Gambino, que por entonces era la más grande y poderosa mafia de Nueva York. Se convirtió en un icono de la cultura popular. En varias oportunidades burló condenas inminentes, lo que le valió el apodo el 'Don de teflón' porque nada sucio se le pegaba. Algo curioso si se tiene en cuenta que Gotti no mantenía un bajo perfil, como se esperaría de una de las personas más buscadas por la justicia del mundo. Por el contrario, era más bien una especie de vedette del mundo de la mafia.

Almorzaba con estrellas de cine en los restaurantes más exclusivos de Nueva York, mientras sus numerosos admiradores esperaban con la nariz pegada a los vidrios a que saliera a la calle para pedirle un autógrafo. El no podía sentirse más complacido: "Son mi público y me aman", decía con su sonrisa ligeramente torcida. Llevaba a todas partes un anillo de diamante en el dedo meñique y trajes de marca de más de 2.000 dólares, aunque en su declaración de impuestos aseguraba año tras año que todas sus ganancias sumaban 100.000 dólares y provenían de la venta de artículos de plomería. Su pelo plateado brillante y frondoso era el resultado de una rutina diaria de champú y secador en una silla de peluquería que tenía instalada en su oficina de Queens, donde también colgaba una copia de un retrato suyo que el pintor Andy Warhol realizó para una portada de la revista Time Magazine, que lo identificaba como "la nueva cara del crimen organizado".

Sin embargo el 'Don de teflón' empezó siendo un 'don nadie' dentro de la asociación Gambino. Hijo de una numerosa familia de inmigrantes italianos pobres, se crió en el mundo de pandillas del este de Nueva York. Dejó la escuela y después de dirigir una banda juvenil empezó a trabajar haciendo mandados para un grupo menor en la organización. Por esos días la policía lo catalogaba apenas como un aspirante a mafioso. Gotti, cual personaje digno de Shakespeare, llegó a la cima a punta de asesinatos. Aniello Dellacroce, uno de los capos más importantes de la familia Gambino, se encariñó con el muchacho y le dio la oportunidad de que se luciera vengando la muerte y secuestro del sobrino de Carlo Gambino, por entonces jefe supremo de la familia. Gotti asesinó al culpable y se consagró. Lo capturaron pero ganó la notoriedad y el agradecimiento de don Carlo, quien le consiguió un buen abogado, quien arregló que lo condenaran a tan sólo cuatro años de prisión.

Cuando Gotti salió de la cárcel, donde se entrenó para obtener la figura musculosa e imponente por la que sería recordado, Carlo Gambino había muerto. El testamento de este último dejaba en el poder a Paul Castellano aunque por las reglas de sucesión tradicionales, el trono debería haber correspondido a Dellacroce, el mentor de Gotti. Castellano quiso aliviar la probable decepción de Dellacroce convirtiéndolo en el segundo al mando y dándole control sobre 10 de las 23 bandas de la organización. Lo que no entendió Castellano fue que al dividir a la familia empezó a cavar su propia tumba, en la que caería ocho años más tarde, a manos del mismísimo Gotti, en un crimen legendario.

Dellacroce promovió a Gotti a capo del 'club de Bergen', banda para la que trabajaba antes de su condena. En este puesto Gotti se hizo bastante popular pero empezó a vender heroína y terminó con varios casos criminales en su contra. Esto enfadó a Castellano, quien no deseaba que los miembros de la familia se involucraran en el tráfico de drogas. Para completar, Dellacroce murió antes de que pudiera intervenir para calmar la ira de su jefe contra su protegido. En estas circunstancias Gotti planeó el asesinato de Castellano, un golpe que se convirtió en el crimen más sensacional de la historia. Fue en pleno centro de la ciudad. Castellano y su segundo al mando salían de almorzar en un restaurante cuando un grupo de asesinos los baleó sin misericordia. Gotti y su hombre de confianza, Sammy el 'Toro' Gravanno, observaron desde un carro parqueado a pocos metros la carnicería que llevó al poder a Gotti.

El propio Gravanno lo confesó años más tarde a la policía, cuando traicionó a su compañero. Fue en 1990, después de varios juicios por conspiración para delinquir y asesinato de los que Gotti había salido airoso. Hasta entonces los testigos terminaban retractándose ante la presencia del capo, el jurado caía presa de chantajes o presiones y ningún cargo se le pegaba al 'Don de teflón'. Pero en esa ocasión la Fiscalía tenía un as debajo de la manga. El 'Toro' Gravanno se había convertido en informante de las autoridades. Gracias a sus declaraciones la policía pudo obtener una orden para poner micrófonos y grabar las conversaciones telefónicas de Gotti y sus mandos medios. Asociación para delinquir, asesinatos, contrabando, secuestro, robo de camiones, usura, apuestas ilegales, extorsión … Todo estaba en las cintas. Gotti fue condenado a cadena perpetua en una cárcel de máxima seguridad y poco a poco el imperio de la familia Gambino se fue derrumbando. Según los expertos en mafia del FBI, el estilo pantallero y ostentoso de Gotti fue la causa de su ruina. Quizá por ello hoy sigue existiendo mafia en Norteamérica, pero no leyendas vivas como el impecable John Gotti, el último representante de la saga de los Al Capone.
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