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| 12/14/2013 12:00:00 AM

La caída de Armstrong y Pistorius

El 2013 fue un año negro para el ciclista Lance Armstrong y para el atleta Oscar Pistorius. De la noche a la mañana ambos deportistas pasaron de la gloria al infierno.

Durante años la gente se maravilló con los logros de Lance Armstrong. El ciclista estadounidense no solo conquistó el Tour de Francia en siete ocasiones consecutivas sino que además lo logró después de superar un cáncer agresivo. Al igual que él, el sudafricano Oscar Pistorius gozaba de un lugar privilegiado en el corazón del público: luego de perder ambas piernas cuando era niño, el atleta, apodado Blade Runner, ganó cinco medallas de oro en los Paralímpicos y se convirtió en el primer discapacitado que participó en los Juegos Olímpicos.

Tanto Armstrong como Pistorius se habían convertido en símbolos de perseverancia, disciplina y autosuperación. Pero en 2013 ambos ídolos se encargaron de destruir sus reputaciones. Pistorius con el crimen más escandaloso de su país y Armstrong con su confesión de haberse dopado durante toda su carrera.

Los fanáticos del legendario ciclista norteamericano se negaban a creer lo que consideraban una campaña de desprestigio y envidia contra su ídolo. La agencia anti-dopaje de Estados Unidos (Usada por sus siglas en inglés) ya lo había despojado de sus siete victorias en el Tour de Francia (1999-2005) y le había prohibido volver a disputar una carrera oficial por el resto de su vida. El ente regulador, que contó con el testimonio de miembros de su equipo y médicos especializados, aseguró que “el ciclista había creado el programa de dopaje más sofisticado, profesional y exitoso en la historia del deporte”.

Al principio el estadounidense de 42 años negó los cargos. Pero ante la presión de su familia y de los patrocinadores de su fundación Livestrong cedió y se confesó en el show de la presentadora Oprah Winfrey. En ese momento, su imagen se desplomó para siempre. Aceptó haber usado todos los trucos, desde transfusiones de sangre y testosterona hasta cortisona para lograr un mejor rendimiento. El ciclista, quien comenzó su carrera participando en triatlones, perdió a sus patrocinadores y ha sido demandado varias veces, con su prestigio literalmente por el suelo.

Pero si el caso de Armstrong rompió los corazones de millones de admiradores alrededor del mundo, el de Oscar Pistorius, de 27 años, alcanzó niveles aún más dramáticos. Al igual que Armstrong, el atleta superó adversidades físicas para llegar a la cima y saltó a la fama con apenas 17 años. Mientras que a esa edad Armstrong era considerado el mejor triatleta junior de Estados Unidos, el sudafricano conquistaba su primera medalla de oro en los Paralímpicos de Atenas 2004.

Pero a las tres de la mañana del Día de San Valentín de 2013, el atleta mató a tiros, en oscuras circunstancias, a su novia la modelo Reeva Steenkamp. Pistorius llevaba cuatro meses de noviazgo con ella y los medios de Sudáfrica los consideraban la pareja del momento.

Por eso cuando la Policía lo arrestó nadie supo qué pensar, pero poco después las noticias sobre su verdadera personalidad empezaron a surgir. Al parecer, el atleta no era el héroe que todos creían; se descubrió que Pistorius era aficionado a las pistolas y a manejar velozmente. Solía disparar mientras conducía y una vez borracho amenazó con romperle las piernas a un futbolista. 

Aunque las autoridades no lo han encontrado culpable, su probabilidad de salir libre es baja. Su versión de los hechos, según la cual le disparó a su novia en el baño porque creía que se trataba de un ladrón, no ha convencido a los jueces.

La vida de Armstrong y de Pistorius nunca será la misma. Después de llegar a lo más alto, ambos vieron cómo de la noche a la mañana su fama se convirtió en su peor enemigo. Ahora tendrán que utilizar la misma perseverancia, disciplina y capacidad de auto superación que los llevó a ser los mejores en sus campos para combatir quizás el reto más grande de sus vidas: estar en paz con sí mismos.
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