Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1998/09/28 00:00

UN AÑO SIN DIANA

Con su muerte la princesa de Gales logró lo que nunca consiguió en vida: unir a su familia y sensibilizar a la monarquía.

UN AÑO SIN DIANA

Quienes creyeron que con la muerte de Diana Spencer la historia de la sufrida princesa que durante más de una década mantuvo en vilo a los británicos había terminado, se equivocaron. En el instante en que aquel fatídico Mercedes se estrelló contra el decimotercer pilar del Puente del Alma, en París, Diana se convirtió en una leyenda.
Tal y como sucedió con Elvis Presley y Marilyn Monroe, la muerte ha transformado a la princesa en un objeto de culto. Tanto que no sería extraño que los futuros libros de historia británica reseñaran su nombre al lado de personajes como el rey Enrique VIII o la reina Victoria.
Al cumplirse un año de su deceso los medios ya hablan del fenómeno 'Diana' e incluso hay quienes sostienen que es más importante ahora que cuando estaba viva. Sobre todo si se tiene en cuenta que su sacrificio despertó la conciencia del pueblo y logró lo que pocos creían posible: sensibilizar a la monarquía.

La familia real
Hace un año, luego de un largo silencio que fue interpretado por los británicos como un acto de frialdad extrema, ante la mirada atónita de miles de televidentes la reina Isabel II tuvo que tragarse su orgullo y lamentar la muerte de su nuera. Si bien muchos pensaron que el rencor hacia la monarquía, motivado por las diferencias que separaban a Diana con la reina, iba a hacer tambalear a la casa de Windsor, la familia supo sortear la crisis. Desde la abdicación de Eduardo VIII en 1937 la corona no enfrentaba una inestabilidad de tal magnitud. Pero a pesar de las críticas Isabel II aprovechó el chaparrón para reacomodar las fichas de su popularidad.
La estrategia consistió en contratar un consejero en comunicaciones, quien encargó de sacar a la reina a la calle. De manera indirecta la muerte de Diana había provocado que la soberana bajara de su pedestal y sintiera el calor de su pueblo en actos tan insólitos como entrar a un bar y montar en taxi. La respuesta no se hizo esperar. Una encuesta reciente del diario The Guardian señaló que el 70 por ciento de los ingleses está a favor de la monarquía.
Este cambio también se debe a los príncipes Willian y Harry, quienes han asumido ante los súbditoss el papel que ocupaba su madre. El pueblo está con ellos, pero al mismo tiempo los jóvenes se han convertido en un manjar para los medios de comunicación en reemplazo de su madre sacrificada.
El plato fuerte es William, quien como futuro rey acapara toda la atención de los paparazzi. Sin embargo, haciendo gala del tradicional estilo Windsor, el primogénito es reservado y procura esconder su dolor en público. Todo lo contrario ocurre con Harry, mucho más espontáneo ante los medios.
El príncipe Carlos , por su parte, se ha transformado en el padre ejemplar con el que Diana siempre soñó. Cancela reuniones para departir con sus hijos, los invita a conciertos y los lleva en sus viajes. Además, Carlos ha demostrado que también tiene corazón y que está interesado en sus súbditos. Gracias a esta nueva actitud su popularidad ha subido como espuma. Según The Guardian, por primera vez en cuatro años la gente cree que Carlos podría ser un buen rey. Pero el príncipe tiene su talón de Aquiles. A pesar de las señales de amabilidad entre su amiga Camilla Parker-Bowles y los hijos del príncipe, Carlos es consciente de las dificultades de formalizar su relación, pues nadie vería con buenos ojos a Camilla como próxima aspirante al trono.


Danza de los millones
Quizás los únicos que no han cambiado son los medios de comunicación. A pesar de que la comisión de prensa inglesa estableció un código que prohíbe el uso de material obtenido mediante intimidación y acoso, los periódicos sensacionalistas se las han arreglado para justificar la procedencia de sus rentables informes sobre la princesa.
Y es que la muerte le ha concedido a Diana el don de Midas. Todo lo que se relaciona con ella produce ganancia. Su imagen ha sido explotada a la par por periodistas y comerciantes, que la han hecho aparecer no sólo en las portadas de los libros sobre sus desdichas sino también en objetos tan insólitos como tazas y empaques de margarina que se han vendido como pan caliente.
Cualquier mercancía se agota en los almacenes gracias a una jauría de fanáticos capaces de dar la vida por un souvenir de la princesa. Incluso sus propios familiares han aprovechado la ocasión para obtener dividendos. El conde Spencer convirtió hace poco el castillo de Althorp, casa materna de Lady Di, en la meca de los adoradores de Diana. En tan solo un mes la primera peregrinación contó con la asistencia de 152.000 personas. Lo más curioso es que solo el 10 por ciento de las ganancias pasarán a manos del Princess of Wales Memorial Fund, el organismo sin ánimo de lucro fundado en homenaje a Diana y que hasta el momento ha recaudado 100 millones de dólares para obras benéficas.
Mientras la danza de los millones sigue creciendo alrededor de su figura, paradójicamente la justicia francesa no ha podido resolver el caso de su muerte. Aunque nueve fotógrafos y un motociclista son investigados por los delitos de homicidio involuntario e inasistencia a heridos, lo único que se ha podido comprobar son las fallas mecánicas del Mercedes y la embriaguez e inexperiencia del conductor. Lo demás son especulaciones que no han hecho más que alimentar el mito de Diana Spencer, un mito que a 12 meses de su muerte apenas comienza y que con seguridad no la dejará descansar por muchos años más. El castillo de Althorp es la meca de los adoradores de Diana.

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