Jueves, 19 de enero de 2017

| 2006/07/15 00:00

Un genio muy humano

Las cartas personales de Albert Einstein, publicadas el 8 de julio, muestran que el científico tenía amantes, era un buen padre y un amigo incondicional.

Esta es la foto más famosa del genio del siglo XX, Albert Einstein

Albert Einstein es hoy día, sin duda, el prototipo del genio, aunque no muchos logran verdaderamente entender sus teorías más importantes. Y su imagen, con el pelo alborotado, el bigote blanco y la mirada ensimismada, es uno de los más importantes íconos de la cultura popular del siglo XX. Alrededor de su personalidad se han tejido mitos que van desde la idea de que era un científico loco, hasta quienes lo percibían como un hombre huraño, retraído y aislado de la gente. Esa imagen un poco extraña queda revaluada con la apertura al público del archivo de cartas personales del científico y la publicación de 140 de ellas (por parte de la Princeton University Press, en el Volumen 10 de The Einstein Papers Project de la Universidad de Caltech). Allí se muestra que detrás del mítico genio, había un hombre como los demás.

Su hijastra Margot Einstein, hija de su segunda esposa, Elsa, conservó las cartas desde cuando el físico murió, en 1955. Años después las entregó a la Universidad Hebrea de Jerusalén, pero pidió que no fueran abiertas al público sino 20 años después de su muerte. Un plazo que se acaba de cumplir, pues Margot falleció el 8 de julio de 1986.

La correspondencia publicada va del año 1909 a 1920 y contiene sobre todo cartas a sus hijos Hans Albert y Eduard; a su primera esposa, la física y matemática Mileva Maric; a su segunda esposa, Elsa Einstein, y a su gran amigo el médico forense Heinrich Zangger. Después de 1905, que sería recordado por la historia como el año milagroso de Einstein -cuando logró, entre otras, la explicación del efecto fotoeléctrico que le mereció el Nobel en 1921 y la teoría de la relatividad especial-, debió pasar por una separación, la angustia de no encontrar la ecuación que complementara su más importante teoría y las penurias de la Primera Guerra Mundial.

Su relación con su esposa Mileva, a quien conoció mientras estudiaba en el Politécnico de Zurich, comenzó de manera apasionada y en contra de los deseos de su madre. Ella era su complemento, tanto en el plano científico como en el sentimental, y le había ayudado a solucionar la parte matemática de sus trabajos en 1905. Pero después del nacimiento de los dos hijos de la pareja y del traslado de Einstein a Berlín en 1914, al ser contratado como profesor por la Academia Prusiana de Ciencias, su relación llegó a un punto tan bajo, que pocos meses después de mudarse, su mujer decidió volver a Suiza con los niños. Tan solo días después estalló la Primera Guerra Mundial y el genio se quedó solo y aquejado por un mal digestivo bastante grave.

A causa del conflicto, visitar a sus hijos en Berna era muy difícil, razón por la cual mantuvo una constante comunicación por carta, sobre todo con Hans Albert, quien en ese entonces ya tenía 11 años. En su correspondencia, el pequeño le cuenta a su padre los avances que ha hecho en sus clases de piano y la afición que siente por la geometría. Pero su relación no era del todo buena. Se notaba que la ausencia afectaba al pequeño, quien le escribía: "en verdad sería mejor si estuvieras acá con nosotros…si mamá se llegara a enfermar, no sabríamos qué hacer sin ti". La influencia de Mileva, quien dañaba los planes de vacaciones de padre e hijo y se quejaba constantemente por la falta de dinero, es clara en las cartas. Él le comenta a su amigo Zangger: "Mi querido hijo ha sido alejado de mí, ya desde algunos años, por mi esposa, quien tiene una actitud vengativa".
"A pesar de la ausencia, que podría catalogarlo como un padre desacomedido, como dijo a SEMANA el reconocido periodista Walter Isaacson, quien está terminando una biografía sobre Albert Einstein, su relación con sus hijos era intensa y apasionada, probablemente tanto o más que su relación con la ciencia. Siempre veía por ellos y nunca perdió el contacto, aunque, a pesar de las circunstancias, no pudiera estar mucho tiempo a su lado". Y, en efecto, a pesar de la guerra, los visitó y llevó a paseos por los Alpes por lo menos una vez al año. Aun así, el escenario era prácticamente el mismo que el de millones de padres que pasan por una separación y deben alejarse, aunque sea temporalmente, de sus hijos.

La enfermedad de Einstein empeoró por la escasez de alimentos durante la guerra y fue su prima Elsa quien lo cuidó durante esos años. Lo que muchos no sabían era que la relación entre ambos había comenzado dos años antes de la separación de él. La pareja se casó en 1919 y las cartas enviadas por Elsa en los años previos a su matrimonio fueron destruidas por el científico. Ella sí guardó las que él le envió, y ahora su publicación ha demostrado que los amoríos de Einstein con Elsa contribuyeron al fracaso de su primer matrimonio.

Para algunos, las cartas comprueban que el genio de la física lo era también de los affaires. Aseguran que, según los textos, llegó a tener más de media docena de amantes, mujeres llamadas Ethel, Stella, Margarita o simplemente L. Y que además no tenía reparo en comentar con su esposa sus amoríos. Tanto, que Hanoch Gutfreund, director de la exhibición de Albert Einstein en la Universidad Hebrea, declaró que el científico se casó con Elsa por conveniencia. "Lo que comentan no es nuevo y ha aparecido en diferentes biografías. En efecto, él tenía amigas cercanas, pero el tipo de relación no queda claro. Sin embargo, las cartas publicadas hablan de una relación muy cercana y cariñosa con Elsa", explicó a SEMANA Diana Kormos Buchwald, editora general y directora de The Einstein Papers Proyect.

Los papeles publicados son personales y no incluyen ensayos científicos. Pero en las cartas es claro que en el verano de 1915 estaba muy angustiado porque después de estar trabajando durante más de tres años en su teoría general de la relatividad, las ecuaciones no le daban. Debía presentar la teoría completa ante la comunidad científica en noviembre y el físico David Hilbert de la Universidad de Göttingen había empezado a trabajar por su cuenta en las ecuaciones, luego de que el genio le mostrara su trabajo. Eistein temía que le robara así parte del crédito. La angustia y el estrés lo llevaron a aislarse, al punto de que duró días sin salir de su estudio e incluso olvidaba comer, como le contaría a su hijo mayor. Aun así, completó las ecuaciones y presentó exitosamente la que sería catalogada por los científicos como una de las más hermosas e importantes teorías de la ciencia.

"Son muchas la ideas que se pueden tener de la vida personal de un hombre que parecía estar en contacto con cosas que la gente del común no lograba entender. Que daba la impresión de conocer los secretos del infinito", explicó a SEMANA Gerard Holton, Ph.D. en física y profesor de investigaciones en física e historia de la ciencia de la Universidad de Harvard. Las cartas recién publicadas demuestran que más allá de sus capacidades intelectuales y científicas, todos los hombres son iguales en sus sentimientos, preocupaciones y alegrías.

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