Lunes, 20 de octubre de 2014

| 1995/08/14 00:00

UN HOMBRE DEL PUEBLO

Nadie entiende por qué la guerrilla decidió secuestrar a Julio César Sánchez, un dirigente liberal que siempre ha mostrado vocación de servicio a la comunidad.

UN HOMBRE DEL PUEBLO

EN ESTOS MOMENTOS EN ALGUN LUGAR de las montañas de Colombia se encuentra secuestrado por el frente 22 de las Farc el ex ministro de Gobierno y ex alcalde de Bogotá Julio César Sánchez. No deja de sorprender que la guerrilla lo haya escogido como blanco de un secuestro. Sánchez es un hombre hecho a pulso cuya vida privada y pública ha sido siempre marcada por dos rasgos: una vocación de servicio a la comunidad y la confianza de que en Colombia la paz con los alzados en armas es concebible.
Este hombre de 65 años, de origen popular, que de secador de café y mesero pasó a convertirse en un dirigente liberal que ha ocupado casi todos los cargos públicos importantes -representante a la Cámara, senador, gobernador de Cundinamarca, alcalde de Bogotá, ministro de Gobierno y embajador-, es una de las personas más queridas en Cundinamarca y sobre todo, en Anapoima. Y la verdad es que fue Sánchez quien dio a conocer esta localidad. Hace algunos años, pese a estar ubicada a escasos 45 minutos de la capital, Anapoima era una región prácticamente olvidada, pero gracias a su gestión, hoy está convertida en una importante zona de desarrollo turístico.
Sánchez puso a Anapoima en el mapa de Colombia. Y en el cuarto de siglo que ha estado vinculado a la región, la ha transformado de una zona abandonada a un polo de desarrollo económico que hoy no tiene nada que envidiarle a otros municipios de mayor tradición. Todo esto lo hizo sin llegar a ser conocido como el rico de la zona sino más bien como el patriarca respetado a quien buena parte de la región reconoce que la ha sacado de la pobreza. Evidencia de esto son las marchas silenciosas que el pueblo organizó la semana pasada para pedir por la liberación del político liberal.
Pero si esta es una faceta de Sánchez, hay otra que pocos recuerdan: la del dirigente que decidió apostarle a la paz. Como ministro de Gobierno en la administración de César Gaviria y después como embajador en México cuando se desarrollaban los diálogos de Tlaxcala, Sánchez cumplió una importante misión en las conversaciones de paz con la guerrilla. Varias veces se reunió con los insurgentes en México y siempre se mostró como una persona que defendía abiertamente la solución política al conflicto armado.
Aunque hasta ahora nadie sabe a ciencia cierta por qué la guerrilla lo tiene en su poder, el pueblo de Anapoima y los colombianos en general esperan el pronto regreso de este hombre que no sólo ha sido ejemplo de superación personal para el país, sino un luchador incansable del desarrollo comunitario en Cundinamarca.

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