Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1992/09/07 00:00

Un hombre impasible

Gabriel Silva, el menos conocido de los consejeros de Gaviria, estuvo en el centro de la tormenta diplomática que causó la fuga de Pablo Escobar.

Un hombre impasible

LA FUGA DE PABLO ESCOBAR PRODUJO conmoción interna, puso a tambalear al Gobierno, envió a buen retiro a generales, golpeó ministros, escandalizó al público y movilizó fuerzas políticas como hacía tiempo no se veía. Hacia el exterior, dejó expuesto uno de los flancos más susceptibles de ser herido de muerte en el impasse: la imagen internacional del país, en general, y las relaciones con los Estados Unidos en particular. Con un presidente norteamericano luchando por la reelección con las encuestas en contra y en medio de una audiencia escéptica frente al apoyo que éste le ha dado a la política de Gaviria contra el narcotráfico, la desaparición de Escobar representaba ni más ni menos que una tragedia.
Por lo tanto, dentro de las maniobras que ejecutó el Gobierno en los días subsiguientes al insuceso, las relacionadas con ponerle la cara al gobierno norteamericano tenían inmensas dimensiones. En el centro de esa tormenta estuvo Gabriel Silva, consejero presidencial para asuntos internacionales.
Gabriel Silva es un personaje muy poco conocido para el público a pesar de que ha ocupado un sillón muy cercano a los dos últimos presidentes de Colombia. En parte por un temperamento signado por la discreción y en parte por una genuina convicción sobre el papel que debe desempeñar un consejero, Silva ha sido en toda su dimensión un consejero en la sombra.
Pero en realidad es uno de los del "viejo kinder", quien con una carga académica de economista y politólogo, fue a dar al gobierno de Barco de la mano del desaparecido patriarca Mario Latorre. Allí se estrenó en la entonces novedosa figura de los consejeros presidenciales. Una gestión que lo convirtió en el único asesor personal que tuvo el presidente Barco, derivó en que Gaviria lo mantuviera en su gobierno en un área específica: los asuntos internacionales, cuyo manejo en el mundo de hoy ha adoptado un carácter eminentemente presidencial.
Desde la consejería, Silva hace el papel de una bisagra que articula los esfuerzos internos que tengan proyección internacional. Narcotráfico, guerrilla, apertura, café, Pacto Andino, Grupo de los 3, todo tema que tenga conexión externa encuentra en Silva el punto de contacto. Y puesto que el presidente Gaviria asumió personalmente la conducción de la política exterior hacia los Estados Unidos, su consejero en ese campo tuvo que capear al departamento de Estado, a la Casa Blanca y al Congreso norteamericano tras la fuga de Escobar. Y en medio de tanto desdoro, Gabriel Silva consiguió la rara hazaña de que el gobierno de Bush continuara dando apoyo al Gobierno colombiano. -

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