Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1994/11/14 00:00

UN HOMBRE TRANQUILO

Kenzaburo Oe, el nuevo Premio Nobel de Literatura, es un escritor que ha logrado exorcizar sus fantasmas.

UN HOMBRE TRANQUILO


A LOS 59 AÑOS, KENZABURO OE HA ALcanzado una madurez literaria y espiritual que muchos colegas suyos envidiarían. Después de 35 años de trabajo, el escritor japonés parece resumir en el título de su más reciente novela, publicada en 1990, lo que ha logrado obtener luego de haber exorcizado sus fantasmas: 'Una vida tranquila'.
El primero de ellos fue el mismo que nubló la mente de millones de japoneses en la década de los 40. Oe tenía 10 años cuando cayeron las bombas atómicas y el imperio japonés firmó la capitulación que dio por terminada la Segunda Guerra Mundial. Su segundo fantasma apareció a los 28 años, cuando su hijo mayor, Hikari, nació con retardo mental. Curiosamente, 31 años después y a pesar de sus deficiencias, Hikari es hoy un afamado compositor, cuyo segundo disco ha vendido más de 40.000 copias en menos de un mes.
Así como la guerra y sus consecuencias desarrollaron en Oe una profunda visión histórica y colectiva del Japón contemporáneo, su experiencia personal de padre de un hijo discapacitado le sirvió para indagar en la individualidad del hombre y en las posibilidades de salvación del alma.
Estos dos acontecimientos, unidos a un profundo conocimiento de la obra de Sartre, hicieron de Oe un escritor eminentemente existencialista. Todo esto mediado por un estilo que mezcla la fuerza poética y alegórica de la literatura japonesa con las deliberaciones típicas de Occidente.
Escritor precoz, Oe se inició en el oficio de las letras a los 22 años, cuando publicó su primer relato en el periódico interno de la Universidad de Tokio, como estudiante de literatura francesa. Por esa época, a la edad de 23, su segunda novela, Shiiku, le valió el premio literario Akutagawa, algo así como el premio nacional de novela del Japón. Más tarde aparecerían Una cuestión personal y El grito silencioso, novelas que definitivamente lo lanzarían a la consagración nacional y al reconocimiento internacional .
Tal vez presintiendo que con su próxima y última novela sus fantasmas quedarán totalmente expulsados, días antes de que la Academia Sueca lo eligiera como el Premio Nobel de Literatura 1994, Kenzaburo Oe hizo pública su determinación de, una vez culminada la obra, no volver a escribir jamás. Se trata de un libro en tres volúmenes de clara influencia sartriana, en el que Oe explora el tema de la salvación humana en una tierra sin Dios.
Con su futuro resuelto, gracias a los 950.000 dólares que le concede el Premio Nobel, todo indicaría que Oe se dedicara a disfrutar de su premio en uso de buen retiro. Sin embargo, en el mundo de las letras japonesas cualquier cosa puede pasar. Al fin y al cabo, los tres escritores japoneses más sobresalientes de este siglo han optado por suicidarse: Rionosuke Akutagawa a comienzos de siglo; Yasunari Kawabata, un año después de haber recibido el Nobel en 1968 y Yukio Mishima, a finales de la década de los 60. -

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