Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2003/07/07 00:00

Un intelectual poderoso

Juan Luis Cebrián, el segundo hombre al mando del Grupo Prisa, visitó Colombia no en plan de negocios, sino para presentar su más reciente trabajo literario.

El español Juan Luis Cebrián es un personaje complejo como pocos. A los 58 años su nombre resuena con fuerza en los medios de habla hispana por cuenta del lanzamiento de su novela Francomoribundia, el segundo volumen de una trilogía que bautizó El miedo y la fuerza, la cual comenzó hace cuatro años con el libro La agonía del dragón.

Cebrián ya había incursionado antes en la ficción con sus novelas La rusa y La isla del viento. Sin embargo, con esta serie sobre la vida en España bajo el régimen del general Francisco Franco y la posterior transición a la democracia, hasta el intento de golpe de 1981 por parte del coronel Antonio Tejero, ha recibido elogios a granel.

Para el escritor mexicano Carlos Fuentes Francomoribundia es la prueba del constante ascenso literario de su autor y en ella encuentra, según escribió en una reseña en la que celebró la aparición de esta obra, "el milagro de novelar la pasión pública y la pasión privada, proyectando la fusión de ambas al espacio de la vida en democracia".

No obstante sería un error presentar a Cebrián sólo como un novelista y ensayista (es autor de Cartas a un joven periodista y de La red), amante de la ópera, ferviente admirador de los movimientos feministas, Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia y que, por encima de todo, se enorgullece de pertenecer desde 1996 a la Real Academia Española de la Lengua. Esta, la de intelectual, es sólo una de sus facetas.

Otra faceta, la de hombre de negocios y empresario, más acorde con su personalidad seca pero cordial, se revela en su trabajo como consejero delegado de Grupo Prisa, el conglomerado de medios de comunicación más importante de España. Esto quiere decir que Cebrián ocupa el segundo cargo más importante en Prisa, después de Jesús Polanco, el fundador del Grupo, que hoy es propietario del diario El País, de la cadena radial SER, del diario deportivo AS, los canales de televisión Canal + y Canal Satélite Digital, entre otros negocios, que facturan en total más de 1.200 millones de dólares.

Mucha agua ha corrido bajo el puente desde el instante en que el hijo de Vicente Cebrián, un empleado del periódico franquista Arriba, se graduó de filósofo en la Universidad Complutense hasta ahora, cuando se ha convertido en el número dos de Prisa y por cuenta de esto, según la revista Poder, en uno de los 100 hombres más poderosos de América Latina. Su cercanía con el poder le ha dado la oportunidad de convertirse en amigo personal de personajes como el escritor Gabriel García Márquez y el ex presidente Felipe González, a quien le hizo una extensa entrevista que apareció publicada como libro con el título de El futuro ya no es lo que era.

En la universidad el joven Cebrián leía con pasión autores españoles como José Ortega y Gasset, Miguel de Unamuno, Ramón del Valle Inclán o Federico García Lorca, junto con obras de la pareja del momento en ese entonces: Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre. Esta combinación, más la formación tradicional que recibió en su hogar, lo convirtieron en, como él mismo suele presentarse, un conservador de izquierda.

Como periodista se inició en el diario Pueblo, donde estuvo como jefe de redacción durante tres años. Luego participó en la fundación de la revista Cuadernos para el diálogo, fue subdirector del diario Informaciones y director de los servicios informativos de Televisión Española. En estos medios se formó y acumuló la experiencia necesaria para asumir el cargo que lo catapultó a la fama y con el que ya se ganó un puesto en la historia al ser nombrado primer director del diario El País.

Entre 1976 y 1988 llevó las riendas de este periódico, el más importante del mundo de habla hispana hoy día, y le imprimió su sello particular. Prohibió, por ejemplo, escribir de boxeo salvo para contar las fatídicas consecuencias que tiene esta práctica entre los deportistas. También logró situarlo en una posición editorial de centroizquierda moderada, cuando todo el mundo esperaba que se inclinara hacia un antifranquismo recalcitrante y fanático, y desde allí contribuyó, como escribió en alguna ocasión con orgullo, a que los españoles perdieran el miedo.

Ahora sus batallas son otras. El empresario lucha porque Prisa se consolide como el grupo de habla hispana más importante y, aunque está en contra de la concentración de poder mediático, de esta forma puede hacerles frente a las multinacionales de habla inglesa. Mientras tanto el intelectual lucha porque el idioma castellano sea un factor de unión mucho más fuerte para los 400 millones de personas que lo hablan alrededor del mundo.

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