Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2008/09/08 00:00

Un ratico con Juanes

El artista vino a Bogotá para presentar algunas canciones de su nuevo disco. Carolina Vegas, de SEMANA, estuvo con él durante los ensayos de la esperada presentación. Esta es la crónica de un rato con el 'bacán' más paisa del mundo.

Un ratico con Juanes
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BBC

En esta época de artistas prefabricados a quienes la industria controla desde su forma de vestir hasta la gaseosa que más les gusta, muchos podrían pensar que la actitud de 'bacán' de Juan Esteban Aristizábal es una estrategia publicitaria. Pero a los tres minutos de estar con él no queda duda alguna de que más que una imagen, esa es en verdad su forma de ser. Juanes es simplemente un buen tipo. Tan querido y descomplicado que si no fuera por el grupo de personas que acomodan su agenda y cuidan de su seguridad, podría pasar todo el día dedicado a tomarse fotos y firmar autógrafos, siempre con una sonrisa. Por eso durante uno de sus ensayos para la esperada presentación privada de su más reciente disco La vida es un ratico, el 29 de agosto, entre canciones, no tuvo reparo en saludar por el micrófono al equipo de SEMANA. "¡Eh!, ¿cómo te fue en el viaje?", preguntó.

Con el viaje se refería a la visita que hizo esta revista a principios de agosto al estudio en Miami en el que las mezclas del nuevo trabajo, que se estrenará mundialmente el 23 de octubre, recibían los toques finales. La disquera, Universal, había hecho arreglos para que Juanes mostrara sólo unas dos o tres pistas. Pero él, visiblemente emocionado, quería poner a sonar casi todo el álbum y los periodistas pudieron conocer ocho de las 14 canciones. Mientras las escuchaban, con un sonido tan nítido como sólo puede ofrecer una consola profesional, él movía sus tenis dorados y trataba de esquivar la mirada de quienes oían por primera vez sus nuevas creaciones. En ellas regresa claramente a sus raíces roqueras, con guitarras más rasgadas y un ritmo más fuerte. Pero no deja atrás la música colombiana, especialmente el vallenato que se hace presente en Tres, los ritmos caribeños del reggae en Gotas de agua dulce y también experimenta con el tango en Clase de amor. "Todo lo que tú escuchas aquí es como un diario. Escucho las canciones y estoy feliz de cómo han quedado, pero uno no se imagina por lo que tiene que pasar para componerlas", explicó sentado en un sofá de cuero junto a un gran piano de cola. Cuando habla mira a los ojos de su interlocutor mientras se toca la cabeza todo el tiempo. Aunque no lo dice expresamente, en el contexto es claro que el trabajo fue influido por la separación de su esposa Karen Martínez, que llenó los titulares de prensa a finales del mes de mayo. Las canciones del disco, que escribió durante el último año narran algunos de los desencuentros de la pareja. "Soy un aprendiz que comete muchos errores y tiene ganas de ser cada vez mejor persona. Y realmente quiero aprender a amar. Encontrar el sentido de la vida. A veces la razón se me va y la tengo que traer, y decirme '¿qué pasó, por favor hermano?".

Claramente el sentido de la vida de Juanes, quien acaba de cumplir 35 años, es su familia. Por eso no fue extraño que en pleno ensayo, faltando un cuarto para las 7 de la noche, llegaran sus hijas Luna y Paloma, de 3 y 2 años. La más pequeña se había comido una bolsa de bolitas de maíz cubiertas de chocolate y le había guardado una a su papá. Por eso se montó sobre el escenario en plena canción y no se bajó hasta dársela en la boca. Luna, más calmada y tímida, esperó un rato en la platea mientras miraba un libro de muñecos. Más tarde llegó Karen, demostrando que el ciclo se ha cerrado y que tal vez el disco exorcizó las dificultades y les dio un nuevo impulso para seguir juntos. Como dice el estribillo de la canción que le da el título al álbum, "Cambia todo pero no el amor/ No dejemos que se nos acabe.../Porque estos tiempos son difíciles y es más escasa la verdad".

Hacía un año Juanes no tocaba con su banda. Se había tomado un 'sabático' y estaba alejado de los escenarios. Un día normal durante ese tiempo era levantarse temprano para salir a trotar. Aprovechaba las mañanas para leer y hacer sus ejercicios vocales y en la tarde se sumergía en la música. Pasó casi todo ese tiempo en su casa en Medellín, donde hizo el 60 por ciento del disco.

Luego volvió a Miami y a Los Ángeles a terminar de grabar instrumentos y a producir junto a Gustavo Santaolalla, dos veces ganador del Oscar a mejor banda sonora por las películas Brokeback Mountain y Babel. El argentino y el colombiano han trabajado juntos desde que Juanes debutó como solista, tras dejar Ekhymosis, con el disco Fíjate bien. Luego viajó a París a terminar Bandera de manos, el dueto que hizo con la leyenda del punk alemán Campino, cantante de Die Toten Hosen. Su siguiente parada fue Buenos Aires en donde unió su voz a la de Andrés Calamaro para Minas piedras. A Bogotá llegó casi dos semanas antes de la presentación y se dedicó a ensayar todos los días, al punto de que casi se queda sin voz.

A pesar de estar preparando el show con el que comenzó a promover su nuevo sencillo, Me enamora, que comenzará a sonar en radio el 4 de septiembre, no dejó de lado sus otras obligaciones, las sociales. Durante el descanso de uno de los últimos ensayos grabó un comercial de la organización de artistas Alas para los niños damnificados del terremoto de Perú. Además su fundación Mi Sangre, que ayuda a las víctimas de las minas antipersona, desarrolla proyectos de educación y rehabilitación sociolaboral. "Estamos trabajando en un proyecto de educación inicial de 0 a 5 años. Ya está en 42 municipios y lo hicimos junto con la gobernación de Antioquia y el Ministerio de Educación. La idea es que le pasamos a Alas ese proyecto y entonces ellos irán a reproducirlo en otros territorios de Latinoamérica", contó a SEMANA.

El día siguiente, el 28 de agosto, los niños del Colegio Montessori (que ofreció su teatro para los ensayos y la presentación) tuvieron la oportunidad de reunirse con su ídolo y cantarle unas canciones. Además, le habían preparado dibujos y cartas en las que le demostraban cuánto lo querían a él y a su música. Juanes las miró todas con mucha atención y se tomó el tiempo para felicitar y agradecer a algunos de los jóvenes artistas, a pesar del asedio de las cámaras y de los periodistas. También saludó y posó con algunos de los padres que no quisieron perderse la especial función. Los niños fueron los primeros privilegiados en oír algunas de sus nuevas canciones en vivo. El teatro estaba a reventar y los gritos eran ensordecedores, sobre todo cuando le empezaron a pedir La camisa negra, que muy complaciente les cantó y hasta permitió que algunos de ellos se montaran sobre el escenario a bailar con él.

Casi a las 3:30 de la tarde todos los niños salieron a sus buses y Fernán Martínez, el mánager, logró que las cámaras se alejaran un poco de Juanes y de su familia. "Oigan, nosotros estamos con hambre, ¿dónde habrá un restaurante de hamburguesas o crépes acá cerca?", dijo el paisa más famoso del mundo. Todos los presentes comenzaron a pensar a dónde podría ir para tener un almuerzo tranquilo. Pero antes de que Fernán pudiera arreglar algo, su protegido simplemente salió y mientras caminaba le dijo: "Fresco, hermanito, que yo arreglo algo rápido". Y se montó a la camioneta que lo esperaba, no sin antes darles un beso a cada una de las siete empleadas del colegio que muy pacientes lo habían esperado en la puerta. Juanes había terminado otra de sus sencillas jornadas de seducción.

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