Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1986/05/12 00:00

UN TIRO DE ALCALDE

Para muchos norteamericanos, la elección de Clint Eastwood como alcalde en California marca el punto de partida de otro actor hacia la Casa Blanca

UN TIRO DE ALCALDE

Un chistoso mirando el cartel donde este hombre, curiosamente, está sonriendo y no tiene sombrero ni pistolas, comenta a quien quiera oírlo: "Ya tenemos suficiente con otro vaquero en la Casa Blanca".
Y cuando el mismo hombre del cartel entra a una reunión, siempre hay alguien que se arroja al suelo como una cómica alusión a los personajes de pistoleros y policías asesinos que el otro ha interpretado durante muchos años en el cine y la televisión.
No es fácil para Clint Eastwood, famoso por su pésimo humor, sobre todo con los periodistas que siempre han querido hurgar en su vida privada, soportar las caricaturas, las bromas, los chistes pesados, las alusiones a sus personajes y las situaciones difíciles que se han presentado desde cuando anunció su decisión de aspirar a la Alcaldía de la ciudad de Carmel, en California, una zona donde viven cerca de cinco mil personas y que con los años, y gracias en parte a los paisajes que millones de espectadores han contemplado en las películas de Eastwood (hay que recordar los bosques y las playas y los enormes árboles entre los cuales puede camuflarse el asesino acezante de Play Misty for Me), se ha convertido en un sitio muy visitado, demasiado para el gusto y la tranquilidad de sus moradores originales.
En un país como Estados Unidos con un actor como Presidente y otros más como embajadores (John Gavin acaba de renunciar a su puesto de cinco años en México), no debe sorprender que otro haya ganado en elecciones de la semana pasada, el cargo de alcalde, quizás en el primer escaño de una carrera política que muchos prevén de gran futuro y otros la minimizan al decir que es apenas un nuevo papel de este actor.
DURO, PERO TIERNO
A pesar de su imagen de hombre duro, áspero y violento que es capaz de meter una Magnum 44 en la boca de un detenido y soltarle una frase que la crítica Pauline Kael encuentra como muestra palpable del más lamentable fascismo en el cine ("Seguramente te estarás preguntando varias cosas en este momento: primero, si amaneciste hoy con suerte; segundo, cuántas balas me quedan; tercero, si seré capaz de dispararte enseguida, sin darte oportunidad a salir corriendo. Las respuestas quedan a tu elección"), los padres de familia que asistieron a sus mitines políticos le alzaron los bebés para que los besara, mientras las posibles sufragantes quedaron encantadas al comprobar que la misma dureza, la misma frialdad de la pantalla fue exhibida por el candidato que dejó el sombrero y las armas y las botas guardadas en casa.
Hasta el anuncio de la candidatura de Eastwood, las tres calles bien trazadas de Carmel estaban siendo recorridas por grupos de turistas que llegaban y se iban. Durante la campaña, equipos de los noticieros, reporteros de periódicos y revistas y simples curiosos se arremolinaron buscando, no sólo declaraciones del candidato, sino la reacción de los ciudadanos ante este hombre quien hasta hace pocos días era simplemente un vecino más.
Los norteamericanos que viven fuera de California y quienes también participan de esa mitología de las estrellas de Hollywood se han divertido con los chistes en algunos programas de Johnny Carson y Joan Rivers, así como con las caricaturas de Doonesbury, quien publica sus trabajos en numerosos periódicos: durante una semana Eastwood candidato fue el tema de esos dibujos en diarios. Un grupo de rock grabó una canción y los botones, escarapelas, calcomanías para los automóviles y otros objetos promocionales fueron arrebatados por los coleccionistas.
RETO COMO CIUDADANO
Quizás quien resume mejor la situación medio incómoda y medio divertida de los habitantes de Carmel, sea la alcaldesa actual, Charlotte Townsend, una bibliotecaria retirada: "Es desconcertante hallarse de pronto envueltos en una competencia electoral que internacionalmente, apenas es superada por el tema de las Filipinas".
Como un auténtico héroe de las películas norteamericanas de los años cuarenta, Eastwood, con cincuenta y cinco años entre sus dos pistolas, intentó ganarle como ciudadano hace varios años una batalla a la Alcaldia, perdió y entonces decidió que lo haría mejor desde dentro del sistema: el actor chocó con el establecimiento cuando le frenaron sus planes para abrir nuevos negocios al lado del restaurante de su propiedad, el Hog's Breath Inn. La municipalidad de Carmel es muy estricta en materia de permisos para construcciones, ensanches de negocios, planes de recreación y vivienda. Están prohibidas las ventas de helados en el centro de la ciudad, así como jugar frisbee en los parques, colocar avisos de neón y recientemente las autoridades intentaron prohibir el estacionamiento en una zona que da al océano y desde la cual es tentador contemplar la caida del sol. Ahora, como alcalde, podrá poner en marcha sus planes.
Eastwood está decidido a acabar con lo que él llama "la castidad cívica de Carmel", con la cual muchos proyectos benéficos están siendo retrasados.
Explicando las razones de su candidatura, comenta: "Después de vivir varios años en una comunidad, uno siente la necesidad de devolver algo a cambio.
Algunas personas entran a la política con el fin de conseguir poder. Yo no lo necesito". El trabajo será por unos dólares más: 200 al mes.
Se calcula que Eastwood se gastó en esa población tan pequeña, más de veinticinco mil dólares (unos cuatro y medio millones de pesos), con el fin de animar y promover su candidatura. Las mujeres son quizás las más emocionadas con la perspectiva del vaquero y policia en la silla de alcalde: "La idea de tener al inspector Harry el Sucio como nuestro alcalde es demasiado excitante para algunos", dice la presidente de la Liga de Mujeres Sufragantes. --

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