Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2006/02/05 00:00

Una dama

La nueva adaptación de 'Orgullo y Prejuicio', de Jane Austen, demuestra que la obra de la autora inglesa sigue más viva que nunca después de 200 años.

En la nueva versión de ‘Orgullo y prejuicio’, Kiera Knightley interpreta a Elizabeth Bennet, y Matthwew MacFayden, al señor Darcy. Esta es la sexta adaptación de la novela que es llevada a la pantalla

Jane Austen solamente escribía encerrada en su cuarto, se sentaba detrás de la puerta y se cercioraba de que sonara al abrirse. Hacía todo ello para asegurarse de esconder sus manuscritos rápidamente si entraba alguien que no fuera de su familia. En aquel entonces, finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, estaba mal visto que una mujer de su clase se dedicara a escribir. De hecho, no era aceptado que se dedicara a cualquier trabajo que no fuera prepararse para el matrimonio y una vez casada, tener y, criar tantos hijos como pudiera. Por eso, para evitar que se hablara mal de su familia y de ella misma, decidió firmar sus novelas con el seudónimo 'A lady' (Una dama).

A pesar de haber trabajado en esas condiciones, Jane Austen ocupa hoy un lugar de honor entre las más grandes novelistas de habla inglesa. Su influencia ha perdurado durante 200 años, al punto de que actualmente cineastas y libretistas sueñan con adaptar, así sea por enésima vez, alguna de sus seis novelas. Por eso no es una sorpresa que la versión más reciente de Orgullo y prejuicio, dirigida por Joe Wright y protagonizada por Kiera Knightley y Matthew MacFadyen, sea una gran competidora en los próximos premios Oscar.

"Es una verdad universalmente reconocida que un hombre soltero en posesión de una buena fortuna debe estar en busca de esposa". Esta frase, la primera de la novela, se refería a matrimonios basados más en intereses económicos que en el amor. Las mujeres sencillamente necesitaban casarse para sobrevivir, pues no tenían la posibilidad legal de heredar la fortuna de sus padres. Por lo tanto, las hijas sólo dejaban de ser una carga para sus familias mediante una ventajosa unión matrimonial.

Ese fue el caso de Austen, quien nunca se casó y se dedicó a escribir, bajo la protección de sus hermanos, hasta su muerte, a los 41 años. Su obra se convirtió en el registro indispensable de la vida de las mujeres de su época con sus historias cotidianas y sus personajes llenos de fragilidad humana, densidad sicológica, virtudes y defectos. Pero, sobre todo, su manejo de las relaciones entre hombres y mujeres tiene un carácter tan universal, que le ha asegurado un puesto en las letras inmortales y una popularidad que no pasa con el tiempo. "Ella no sólo escribe sobre el cortejo, ella habla acerca de la manera como uno lee a las personas para escoger la pareja con quien uno debe estar. Eso no ha cambiado", dijo a SEMANA Jane Koven, profesora de literatura en la Universidad de Texas, quien está escribiendo su tesis doctoral sobre el tema.

Sus heroínas son mujeres de clase media alta y de recio carácter que sueñan con un amor auténtico en el que nada tengan que ver las conveniencias económicas. Pero su rebeldía se ciñe a las normas sociales y si bien están dispuestas a sufrir para conseguir la felicidad, nada las aparta de las estrictas normas morales de la época. Aquellas que sucumban al deseo y se dejen seducir estarán perdidas por siempre y no sólo mancharan su nombre, sino el de toda su familia, sobre todo si tienen hermanas.

Kiera Knightley resulta magistral al interpretar al personaje favorito de la escritora: Elizabeth Bennet, la protagonista de Orgullo y perjuicio. En una de sus cartas personales, Austen escribió: "Debo confesar que pienso que ella es la criatura más encantadora que haya aparecido impresa, y cómo seré capaz de tolerar a quienes no gusten de ella... no lo sé". Es una joven de 20 años que no teme decir lo que piensa siempre y cuando no insulte a nadie. Ella cree odiar al señor Darcy (interpretado por MacFadyen), pues cuando lo vio por primera vez, tuvo una pésima impresión. Está convencida de que él es un hombre odioso y hostil. Se encuentran y desencuentran, él le declara su amor y ella lo rechaza. Pero, a la larga, Darcy, con sus actos, logra convencerla de que es un hombre bondadoso mientras ella descubre que del odio al amor hay un solo paso.

Pero Jane Austen no conoció esa felicidad. En su juventud estuvo perdidamente enamorada de un hombre llamado Tom Lefoy, pero su relación nunca se concretó y él desapareció de su vida para siempre. Luego, cuando tenía 27 años, Harris Bigg-Wither, un amigo de la familia seis años menor que ella, le propuso matrimonio. Aunque inicialmente aceptó, al día siguiente se retractó pues, al igual que las protagonistas de sus novelas, ella no podría vivir unida a un hombre a quien no amaba. Así aceptó su soltería, a una edad en la que, según sus novelas, una mujer que no hubiera recibido propuestas de matrimonio estaba destinada a la soledad.

"Sus palabras y personajes nunca envejecen y aún involucran a sus lectores, porque se identifican con ellos, todos tienen fallas, son seres humanos", dijo a SEMANA Carol Pippen, profesora de literatura inglesa y editora de la Sociedad de Jane Austen en Estados Unidos. La comedia romántica, como se conoce hoy día, le debe mucho a esta autora que a pesar de poner a los personajes en situaciones difíciles, siempre regaló a sus lectores un final feliz, como el que ella nunca tuvo. n

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