Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1986/02/10 00:00

UNA ESPOSA RESENTIDA

45 años después de su fracasado matrimonio con Robert Taylor, la actriz Bárbara Stanwick remueve el fango con alusiones a la impotencia y homosexualidad del galán

UNA ESPOSA RESENTIDA

La cacería de homosexuales sigue en Hollywood. No basta que el destruido Rock Hudson esté siendo demandado por quien fue su compañero de agonía en sus últimos meses, ni que galanes como Tony Curtis y Dean Martin hagan pruebas públicas de masculinidad. La gente y los columnistas están ávidos de más victimas y como los muertos no se pueden defender, entonces sus relacionados y ex amigos hablan y recuerdan momentos amargos, y ahora le ha tocado el turno a la protagonista de la nueva serie que sacude actualmente a los norteamericanos. " Dinastía II, los Colby", Bárbara Stanwick. El libro se llama, obviamente, Stanwick, fue escrito por Jane Ellen Wayne y el archivo personal de la actriz, así como sus recuerdos, fueron entregados a una autora que ha removido en el fango para reiterar la tesis que durante tantos años sacudió a miles de fanáticos en Hollywood: que Robert Taylor, el de la sonrisa perfecta, era homosexual y, además, impotente.
La filmación de una película con Lana Turner, "Johnny Eager", fue la chispa que inició la devastación. La rubia tenía 21 años, estaba sobreviviendo a un matrimonio de un año con el músico Artie Shaw; es más, se estaban divorciando mientras filmaba esa película y los dos protagonistas quedaron profundamente enamorados.
Dicen los cronistas de la época, y la Stanwick lo recuerda bien, que las escenas de amor en " Johnny Eager" eran más reales que las protagonizadas por Elizabeth Taylor y Richard Burton, cuando aún no estaban casados, en "Cleopatra". El le declaró su amor, le dijo que estaba dispuesto a divorciarse de Bárbara, pero Lana sintió pánico por el escándalo que se podía presentar, nocivo para su incipiente carrera.
Le dijo: "No tomes ninguna decisión, y sobre todo, no le cuentes nada a ella".
En todo momento, Lana Turner, quien muchos años después se vería envuelta en otro escándalo al matar de una cuchillada en el vientre al hampón Johnny Stompanato, que era su amante, en presencia de su hija, le insistió a Taylor que ella no era la solución para su matrimonio averiado. El actor se hizo el sordo, le contó a Bárbara que quería divorciarse, le dijo que no la quería y que estaba loco por la otra, 14 años más joven que la esposa. Luego de esa valerosa confesión, el actor se fue a la casa de la Turner, proponiéndole que vivieran públicamente juntos, pero la joven lo rechazó entonces Taylor regresó a su esposa y ésta también lo abandonó.
Pocas personas en Hollywood supieron de la separación momentánea de ambos, pero una noche, en octubre de 1941, la actriz fue recluida en el hospital Cedros del Líbano, en Los Angeles, con profundos cortes en los brazos y las manos. Le tomaron varios puntos de sutura, regresó a casa y comenzó el rumor de que había intentado suicidarse, pero su agente de prensa la citó como burlándose de la versión y declarando que todo había sido por el vidrio de una ventana que no abría bien y se rompió cuando ella intentó bajarla.
Muchos entendieron que la relación era demasiado profunda para que pudiera ser interrumpida por una rubia vampiresa. En el libro, una amiga de entonces dice que él lo era todo para ella: hijo, amante, marido, padre, compañía, y sobre todo, buen cocinero, porque Taylor tenía esa fama cn la colonia de Hollywood. Sobre todo con las carnes.
Durante varios meses la relación se mantuvo así, en medio de dudas y algunas escenas presenciadas por los amigos más cercanos. Robert Taylor participó en la Segunda Guerra Mundial y al regresar a casa ocurrió el desastre: la primera noche no pudo hacerle el amor a la esposa.
Ella le pidió una explicación y él le dio la más simple: tenía un problema prostático.
Bárbara entró en sospechas.
Le puso un investigador privado, descubrió que no andaba con mujeres, que el fantasma de la Turner había sido alejado y llegó a una conclusión que compartió con varios amigos: el marido era homosexual. Y había una prueba más cruel: desde su regreso andaba a todas partes con un actor de la Metro, Ralph Couser, quien ya tenía fama de invertido.
Lo acusó de frente, el actor se sorprendió, se mostró adolorido por la situación y le dijo que todo se debía a su resentimiento por no estar satisfecha sexualmente. El se sintió humillado, y ella frustrada. La situación llegó a tal grado de agresividad que en una ocasión, cuando el amigo llamó a Taylor a su casa, Bárbara gritó bien fuerte: "Hey, Robert, aquí tu mujer en el teléfono, quiere hablar contigo ".
Impotente con la esposa, acusado de homosexual, el actor fue a un siquiatra y el doctor lo ayudó a recordar algunos de los episodios más duros y vergonzosos de su infancia cuando la madre lo vestía con ropita de niña. Presionado por el estudio y los fanáticos accedió a una prueba pública: se afeitó el pecho delante de los fotógrafos, pero cada vez que la esposa lo acusaba de homosexual, en el fondo también lo creía. Se sentía así.
Irónicamente la compañera de reparto en la próxima película, The Bribe, era una fiera, Ava Gardner, y con ella sostuvo escandalosas relaciones sexuales en la casa de su madre. El actor quedó tranquilo momentáneamente: no era impotente, tampoco homosexual y a la esposa casi no la veía porque la siguiente película se rodaba en Roma, Quo Vadis, la más costosa de su época, y en el set conoció a numerosas estrellas italianas que querían acostarse con el ídolo norteamericano.
Los paparazzi comenzaron a tomar fotos de todas las estrellitas que pasaban por la cama del actor, las fotos se reprodujeron en Estados Unidos, y Bárbara tomó entonces la decisión más drástica: se fue a Roma, comprobó la infidelidad pública y lo demandó ante una corte norteamericana. Se divorciaron .
Le preguntan a la Stanwick sobre la homosexualidad del ex marido y responde: "No sé, en esa época usé ese argumento para intentar retenerlo... ". --

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