Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2008/03/15 00:00

Una mente brillante

El talento extraordinario de Simón Echeverri para las matemáticas y la informática recuerda que Colombia no está preparada para los superdotados.

Simón Echeverri se aburre mucho en sus clases del colegio. Por ser un niño prodigio aprende todo muchísimo más rápido que sus compañeros. Sus padres, Martha y José, temen que se pierdan sus capacidades extrordinarias por no tener un centro de educación especial para genios como él en Medellín

Simón tiene que pensarlo antes de hablar sobre sus ratos de ocio. Se da cuenta de que no los tiene y habla de sus justificaciones: estudia en un colegio en las afueras de Medellín, desarrolla programas de software, lee sobre informática, aprende mandarín, resuelve logaritmos en sus clases de astrofísica en la Universidad de Antioquia y antes de dormirse piensa en teorías alternas que expliquen el origen del universo.

A los 11 años, Simón hace parte del 2 por ciento mundial que tiene un coeficiente de inteligencia superior a 130. Rebasar esa cifra -la suya es 142- supone que la persona es superdotada, y que merece trato especial de la sociedad.

A los 2 años memorizaba los números y los colores; a los 3 ya leía; a los 4 sabía sumar y restar, y a los 5 le dijo a Martha Navarro, su mamá: "Mi llegada tardía a este hogar no es casualidad. Ustedes tenían que estar preparados para esto".

Tardía, porque Martha esperó 12 años para poder tener a su único hijo. Incluso, al quedar embarazada, los médicos le advirtieron que podría nacer con deficiencias mentales. El resultado fue todo lo contrario.

Expertos de la Universidad de Harvard han establecido distintas clases de superdotados, según sus cualidades más desarrolladas. Hay quienes tienen una extraordinaria inteligencia lingüística; otros, inteligencia musical o corporal; algunos, interpersonal, entre otras. En el caso de Simón es la lógico-matemática la que está más desarrollada. Él recuerda cuando su papá le regaló el Álgebra de Baldor. Tan sólo tenía 8 años de edad y alcanzó a resolver en pocos días 250 ejercicios.

Aparte de esto, los niños prodigio se distinguen por tener un perfecto dominio de la informática. No es casual que en cada entrevista que le hacen a Simón él pida que lo contacten con Bill Gates, porque acá nadie le para bolas. A los 5 años de edad, cuando vivía en Estados Unidos, un tío suyo que trabajaba como desarrollador de software en Microsoft trató de convencer a sus padres de presentarlo a la empresa. ¿La razón? En menos de una hora su sobrino logró resolverle un problema informático que llevaba meses sin solucionar.

Sus padres, Martha y José, no accedieron. "No queríamos meterlo al sistema de Estados Unidos en donde todos esos niños prodigio se vuelven maquinitas y robots", dijeron a SEMANA. Pero en Colombia se han encontrado con toda clase de obstáculos para poder aprovechar la inteligencia superior de su hijo. Simón o cualquiera de los cientos de niños genios que nacen en el país pierden sus habilidades por no tener una educación diferenciada.

A veces, incluso, se ha sentido discriminado. Para los colegios de Medellín casos como el de Simón pueden representar el mismo problema como si se tratara de un niño con síndrome de Down.

Salvo el Instituto Alberto Merani en Bogotá, no existe en Colombia un modelo educativo apropiado para explotar las capacidades de estos niños. "No entendemos por qué no son valoradas sus cualidades como sí lo son las de los deportistas", asegura su mamá, que está ya cansada de insistir y de tocar puertas. A Simón le toca conformarse con clases que en sus palabras son "una verdadera decepción". Según las estadísticas, nueve de cada 10 de esos niños genios pierden sus habilidades intelectuales por no recibir una formación adecuada. Ese puede ser el caso de Simón. Pero él todavía no quiere pensar en eso. Ahora lo único que le preocupa es desarrollar un nuevo videojuego, por eso quiere que lo contacten con Gates. Como dice él: "No me gano nada si me preocupo porque me rechacen en los colegios o porque cada 10 minutos me digan que soy un nerdo. Prefiero continuar con la autoestimulación"

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