Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/05/27 00:00

Una vida turbulenta

Una novela desacraliza la vida privada del héroe cubano José Martí y lo reivindica como uno de los grandes escritores latinoamericanos.

José Martí es considerado por los cubanos como ‘el apóstol de la revolución’

Escribir The divine husband, la novela que tiene como uno de sus protagonistas principales a José Martí –el gran poeta, ensayista, periodista, orador y líder de la revolución cubana de independencia– no fue una tarea fácil para Francisco Goldman. Le tomó siete arduos años de investigación y de trabajo, tiempo en el que vivió sumergido en el siglo XIX de Nueva York y de Ciudad de Guatemala. Lo más difícil fue soportar la culpa y el arrepentimiento por no haber estado al lado de su padre acompañándolo a morir. El aislamiento extremo al que se sometió hizo que sus amigos le dijeran: “Tu única relación posible ahora, tu única mujer real, es tu libro”. Sin embargo, el esfuerzo y el sacrificio valieron la pena: The divine husband ha sido considerada por varios críticos como una de las mejores novelas publicadas en Estados Unidos en los últimos años.

Todo empezó en 1992. Aunque Goldman ya había obtenido el Premio de la Academia Norteamericana de Artes y Ciencias a la mejor novela prima por The Long Night of the White Chickens (traducida al español como La larga noche de los perros blancos) y era reconocido por sus colaboraciones sobre la guerra en Centroamérica en las revistas Esquire y Harper´s, todavía vacilaba entre el periodismo y la literatura. La guerra era algo que lo había marcado a la fuerza y escribir ficción se le había convertido en una necesidad: “A diferencia de mi mejor amigo, Jon Lee Anderson, yo era, primero que todo, un escritor de ficción. La guerra centroamericana me había envuelto no porque quisiera ser un corresponsal de guerra, sino porque simplemente había ocurrido y eso hacía que las dos partes de mi pasado entraran en conflicto” (Goldman es hijo de una guatemalteca y de un judío norteamericano). Para tratar de resolver esas contradicciones, decidió viajar a Guatemala. Allí recordó un famoso poema de José Martí, La niña de Guatemala: “Quiero a la sombra de un ala, / Contar este cuento en flor: / La niña de Guatemala, / La que se murió de amor”. Se preguntó entonces qué había detrás de ese poema. Sabía, vagamente, que José Martí había vivido en Guatemala, pero nada más: no conocía los detalles ni la posible historia de amor con la mujer que aparecía en el poema. El mismo Martí era para él un personaje desconocido. Entonces, buscó información en la hemeroteca de la ciudad. “No tenía ni idea del laberinto sin fin en el que me estaba metiendo”.

Durante el primer mes fue diariamente a la hemeroteca a leer los periódicos de la época y a tomar notas. Llovía sin parar, no había luz eléctrica, tenían que abrir las ventanas –unas ventanas que nadie había abierto desde hacía cien años– y el polvo flotaba en el aire. Por primera vez tuvo problemas de asma. No le importó. Su cuaderno de notas crecía en anécdotas e increíbles detalles sobre la vida en Guatemala durante el siglo XIX. “Eso fue realmente el comienzo de una especie de estética del lugar, que mi libro nunca perdió. Algo así como usar la imaginación del pasado para crear una realidad ficticia y condensada… Esas notas son la cosa más preciosa que tengo”.

La “niña de Guatemala” se llamaba María García Granados y Martí la cortejó, a pesar de que se encontraba comprometido con la cubana Zayas Bazan, con quien finalmente se casó. Al parecer, la estada de Martí en ese país –en total permanecería año y medio– tuvo más que ver con el amor que con la revolución y la política. Su encanto y su brillantez sobresalían en una sociedad poco acostumbrada a ver figuras como él. “La mejor amiga de mi abuela tuvo un ‘affaire’ con Martí y ella estaba casada”, le alcanzó a confesar a Goldman el escritor Mario Montefiore Toledo poco antes de morir, a los 92 años. En The divine husband, María García Granados terminaría convertida en el personaje de María de las Nieves Moran, una mujer que se vuelve monja y, luego de que el dictador José Rufino Barrios –el Anticristo– cierra los conventos, en una traductora de la embajada británica que termina enamorada de Martí y siguiéndolo a Nueva York. Su hija Matilde podría ser aquella hija natural que, según se dice, tuvo Martí. La novela se alimenta de la ambigüedad de los relatos orales, de lo que se dice de boca en boca y nunca se escribe, porque así también ocurre una gran parte de la historia en América Latina.

Goldman desacraliza la imagen del santo Martí –de su falsa vida privada– y va en busca del verdadero, que no es precisamente aquel “hombre sincero de donde crecen las palmas”. Paradójicamente, su trabajo termina siendo una reivindicación de su figura: el gran periodista, el excelente prosista con más de 3.000 páginas. Goldman quiere recordar que José Martí es uno de los más importantes escritores latinoamericanos de todos los tiempos. Y su reivindicación va en doble vía. También quiere decirles a los norteamericanos que él fue el neoyorquino más importante de su época. “Ellos no quieren saber de él, no quieren oír. ¿Por qué es Tocqueville, un extranjero, el canon norteamericano, y no lo es Martí, que comprendió tan bien como él a Estados Unidos? ¿Acaso porque era latinoamericano?” Para Goldman, Martí es el primer escritor latino-norteamericano que trató de mostrar que existe una tradición común: “Entonces los hispanohablantes han tenido siempre el sentido de América como una entidad y como una promesa. Una promesa fallida, pero una promesa. Esa fue la obsesión de Martí como escritor”. Y esa es la obsesión que sigue viva en The divine Husband, una novela que próximamente será publicada en español y dará mucho que hablar.

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