Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

"Vade retro"

Una película basada en una historia de la vida real pone nuevamente sobre el tapete el tema del exorcismo.

El 'Exorcismo de Emily Rose' está basada en la verdadera historia de una joven alemana llamada Anneliese Michel (derecha). Aunque la película se basa en hechos reales, cambia algunos episodios. Por ejemplo, en la cinta sólo es juzgado un cura, cuando en realidad fueron dos los sacerdotes condenados a prisión por negligencia.

Las películas de terror suelen ser más espeluznantes cuando el espectador sabe que se basan en hechos reales. Eso ocurre con El exorcismo de Emily Rose. Este éxito de taquillas en Estados Unidos narra el juicio al sacerdote Richard Moore, a quien se acusa de homicidio involuntario por haber aconsejado a una joven dejar de lado los tratamientos médicos para realizarle un exorcismo. La cinta, reconstruida con la evidencia del juicio real, es una combinación de escenas escabrosas y judiciales que presenta las dos posiciones frente al caso: la mirada escéptica y científica y la de la fe. La Emily de carne y hueso fue Anneliese Michel, una joven estudiante de Baviera, la región más católica de Alemania, quien murió a los 23 años, en 1976. Para los médicos que revisaron el proceso, su deceso fue causado por desnutrición y deshidratación, pues únicamente pesaba 31 kilos, y responsabilizaron a los sacerdotes que la atendieron, de haberla sugestionado con la posesión diabólica. En cambio, para los padres Arnold Renz y Ernst Alt, los Moore de la vida real, todo se debió a que perdieron una batalla contra las fuerzas del mal. Al parecer, Anneliese tenía una vida normal hasta que a los 14 años tuvo un extraño ataque que hizo que su cuerpo se contorsionara involuntariamente y se paralizara. En esa época, un neurólogo le diagnosticó epilepsia y empezó a tratarla con medicamentos que ,según explicaron sus padres, no solucionaron el problema. Por el contrario, su condición empeoró y al poco tiempo comenzó a tener alucinaciones que ella describía como visiones demoníacas que aparecían mientras rezaba. Ella les contó a los especialistas que también escuchaba voces que le daban órdenes, por lo cual determinaron que sufría de comportamiento sicótico. Pero ella ya no confiaba en sus tratamientos y pensaba que estaba poseída. Para algunos expertos, esto se debió a una sugestión que aumentó en 1973 con el estreno de la película El exorcista. En 1974, Alt quedó convencido de que era urgente practicar el rito: además de los ataques, la joven insultaba, golpeaba y mordía a sus familiares, comía arañas y moscas, tomaba su propia orina, destruía crucifijos e imágenes religiosas, se hacía daño y presentaba los estigmas de Jesucristo. Un año después, Alt consiguió el permiso y el padre Renz fue encargado de supervisar el procedimiento. Practicaron 67 sesiones de siete horas en las que Anneliese tenía que ser sujetada por varias personas debido a su fuerza descomunal. Los exorcistas grabaron 40 casetes en los que se escuchaba la voz transformada de la joven hablando en lenguas que supuestamente ella no conocía. Según los sacerdotes a través suyo no sólo hablaba Lucifer sino otros espíritus como Caín, Judas, Nerón y Hitler, que discutían entre sí. La noticia de la muerte de Anneliese conmocionó al mundo y después de un largo proceso en los estrados, tanto los padres de la joven como los sacerdotes fueron condenados a seis meses de prisión por negligencia, debido a que suspendieron el tratamiento y se abstuvieron de llevarla a un hospital para que la alimentaran de forma intravenosa cuando ella se negaba a comer. Pese a todo, su tumba es lugar de peregrinaje de muchos creyentes que la consideran un símbolo de la lucha contra el mal. Hechos como este ayudaron a que el ritual que regía los exorcismos desde 1614 fuera reformado en 1999, aunque antes un grupo de obispos había manifestado al Vaticano su deseo de que se suprimiera la práctica en forma definitiva, por considerar que las posesiones no existían. El nuevo Ritual Romano hace énfasis en que es necesario que los exorcistas tengan en cuenta la siquiatría. Esta es una de las primeras reglas que se enseñan en un curso para aspirantes a exorcistas que se estrenó este año en la Universidad Pontificia Regina Apostolorum, en las afueras de Roma, quizás una respuesta al aumento en el número de exorcistas en Italia que en la última década pasó de 30 a más de 300. Uno de los catedráticos de esta novedosa escuela es el padre Gabriele Amorth, fundador y presidente honorario de la Asociación Internacional de Exorcistas y tal vez el más famoso a nivel mundial. En casi 20 años en el cargo, ha llevado a cabo 40.000 ritos. Algunos de los casos le son remitidos por siquiatras, pero asegura que todos, sin excepción, llegan a él después de que han fallado todas las otras alternativas como los tratamientos médicos. Sin embargo, aclara que no siempre se trata de posesiones: "Muchos tienen enfermedades naturales que todavía no han sido reconocidas por la medicina", explicó a SEMANA. Corrado Balducci, un experto en exorcismo y demonología, advierte que "de 1.000 casos de personas que creen estar poseídas, más del 90 por ciento tienen sólo problemas mentales. Además, la mayoría presenta una combinación de fenómenos síquicos y parasicológicos. Sólo cinco o seis están verdaderamente poseídas". El exorcista oficial de la Arquidiócesis de Bogotá, padre Jaime Vélez, tiene una visión similar: "En 11 años en el cargo he recibido muchos casos extraños, pero ninguno se ha tratado de una verdadera posesión". Vélez asegura que hechos supuestamente inexplicables como el movimiento de objetos, los estigmas y otras heridas que no son infligidas por la persona, e incluso hablar en lenguas extrañas, tienen que ver con el poder de la mente. "Cuando vi 'El exorcista', observé que había telequinesis, telergia y otros fenómenos parasicológicos, pero no encontré evidencia de posesión demoníaca". Pese a las dudas, el padre Amorth considera que "uno de los detalles de la posesión es la más absoluta repulsión a todo lo relacionado con los sacramentos". Como prueba de su labor conserva una pequeña caja en la que guarda los extraños objetos vomitados por sus exorcizados: docenas de uñas, pilas, clavos, llaves, cadenas y muñequitos de plástico. "Todos estos objetos fueron vomitados por los poseídos frente a mis ojos y sin que les causaran daño". Para él, si bien hay que mirar con cautela cada caso, lo más importante es no negar que el demonio y los grandes males que provoca sí existen."Hacer que el mundo, incluso en la Iglesia, no crea en su existencia es uno de los más grandes logros del maligno".

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