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| 12/30/1996 12:00:00 AM

VAGOS TRIUNFADORES

No siempre los que triunfan en la vida fueron los primeros de la clase.

La norma general es que los hombres y mujeres que han triunfado en la vida hayan sido precisamente los que ocupaban los primeros puestos en el colegio. Pero esta regla tiene numerosas excepciones que demuestran que las buenas calificaciones no necesariamente predicen el éxito profesional. Muchos estudiantes que fueron los primeros de la clase hoy son los empleados de algún vago que llegó a ser el dueño de la compañía. Y no son pocos los que pasaron sus años escolares castigados por indisciplinados o fueron expulsados del colegio por su bajo rendimiento y son hoy los mejores en su campo.Para no ir mas lejos, el Libertador de cinco naciones, Simón Bolívar, aprendió a leer solamente a los 10 años y el célebre investigador espacial Werner von Braun se rajó siempre en el bachillerato en matemáticas y física. Este es también el caso de Franklin Delano Roosevelt y de John F. Kennedy, cuyas regulares calificaciones como escolares no hacían predecir que llegarían a la Casa Blanca.Pero sin duda alguna el ejemplo más diciente es el del ex presidente Ronald Reagan, quien no tuvo problemas de disciplina pero fue uno de los peores estudiantes en todos los establecimientos donde estudió. Aún así, Reagan pasará a la historia como uno de los mejores presidentes de Estados Unidos y como el hombre que acabó con el comunismo.La historia universal está plagada de personajes que en su edad adulta han sido catalogados como genios pero que durante sus años de escolaridad no dieron mayores muestras de lucidez. A Winston Churchill, sus padres y su institutriz se declararon incapaces de hacerle entender que estudiar era algo importante para que se librara del augurio que le tenían: "Ser un hombre corto de luces". El maestro de Thomas Alva Edison pasó a la historia no por haber descubierto su brillante inteligencia sino por haberlo considerado siempre "mentalmente torpe", al punto que su madre tuvo que retirarlo del colegio y enseñarle ella misma. Otro gran equivocado fue el preceptor de León Tolstoi, quien le escribió a sus padres la siguiente nota sobre los rendimientos académicos de sus tres hijos: "El mayor es inteligente pero perezoso. El segundo es trabajador pero no le ayuda su capacidad. Y León no es ni inteligente ni trabajador, y seguramente no podrá ser nada en la vida".Estos ejemplos son sacados a colación cada vez que se discute la validez de los tests para medir la inteligencia. Para muchos expertos está claro que hay talentos que se quedan por fuera de la medición en las pruebas tradicionales. "Los 'nerds' del salón no necesariamente van a ser los mejores _dice la sicóloga Claudia Talero_. Muchos se consagran a base de memoria, pero cuando en la vida profesional se enfrentan a un problema donde deben usar la creatividad se bloquean". También el sicoanalista Fernando Gómez sostiene que ser el primero del curso no es ninguna garantía de éxito. "Hay que tener muchas sospechas de los juiciosos y aplicados porque cierto grado de rebeldía es mentalmente más saludable" y agrega que el mejor predictor del éxito es la vocación.Así como a la mayoría de los primeros en la clase no necesariamente les va bien en la vida, la verdad es que en esto también hay excepciones. En Colombia, por ejemplo, la mayoría de los presidentes se ha distinguido académicamente. De la nueva generación, César Gaviria y Ernesto Samper fueron los primeros de su curso. En las anteriores, lo mismo sucedió con Carlos Lleras y Alfonso López. Algo parecido sucede en el mundo de los negocios. Luis Carlos Sarmiento Angulo nunca tuvo rival ni en el bachillerato ni en la facultad de ingeniería. Lo mismo puede decirse de Carlos Ardila Lülle, quien en todas las estapas académicas de su vida fue uno de los mejores. Pero como la excepción confirma la regla, el tercero de los magnates, Julio Mario Santo Domingo no le dejó nunca la impresión a sus profesores de que iba a llegar a la cima donde llegó. Como advierte el premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez en su informe a la Comisión de Sabios: "Nuestra educación, conformista y represiva, parece concebida para que los niños se adapten por la fuerza a un país que no fue pensado para ellos... Semejante despropósito restringe la creatividad y la intuición, y contraría la imaginación, la clarividencia precoz y la sabiduría del corazón, hasta que los niños olviden lo que sin duda saben de nacimiento: que la realidad no termina donde dicen los textos, que su concepción del mundo es más acorde con la naturaleza que la de los adultos y que la vida sería más larga y feliz si cada quien pudiera trabajar en lo que le gusta, y sólo en eso".

Felipe Santos
Empresario de espectáculos "Me cambié del colegio Nueva Granada al San Carlos porque tenía mucho más deportes y yo ya tenía varios reportes por indisciplinado. Yo siempre hacía lo que quería a la hora que me antojaba. Cuando llegó al colegio un nuevo vicerrector cuyo objetivo principal era controlar la disciplina dijo: 'Empecemos a dar ejemplo y comencemos por Santos'. Aunque en las notas no me iba tan mal y me ayudaba el hecho de participar en deportes, les di papaya para que me echaran: organicé todo para que los tres más aplicados del curso se robaran un 'quiz' de física para mí. Faltaba un mes para terminar sexto bachillerato pero por esa autoría intelectual decidieron echarme. Me tocó terminar el colegio en Estados Unidos, donde demostré que sí era un buen estudiante y me gradué simultáneamente de dos carreras: administración de negocios y economía".
Germán Vargas Lleras
Senador de la República"Fui muy vago, perdí dos o tres años. Tuve todos los defectos de un estudiante indisciplinado y desaplicado: no iba a clase, llegaba tarde, me volaba, peleaba, de todo. Era el líder del desorden. Estudié en el Liceo Francés pero me retiré porque de todas maneras me iban a expulsar. Me matriculé en el Gimnasio Campestre y me fue igual. Mis papás me mandaron para un internado de jesuitas en Estados Unidos dos años y llegué peor que antes. Entré nuevamente al Gimnasio Campestre y siguió la vagancia y me sacaron. Fui a parar al José Joaquín Casas, que era un poco más tolerante, y de ahí me gradué."Tengo mil recuerdos felices pero el colegio para mí era una tortura. El principal problema era que tenía una miniteca ambulante y vivía en rumba todas las semanas. Todo el mundo pensó que yo iba a ser el discotequero más famoso de Bogotá, pero las apuestas sobre mi futuro no estaban a mi favor. Siempre vivía castigado, rajado y era común que mis papás tuvieran que contratar a un profesor para pasar las habilitaciones".
Julio Sánchez Cristo
Director de la emisora La FM y productor de televisión"Yo era pésimo estudiante en todo. Siempre pasaba raspando o me tocaba hacer cursos de vacaciones y habilitar las materias. Era el típico 'cafre' del colegio mientras mis cuatro hermanos eran aplicadísimos. Del Liceo Cervantes me botaron por indisciplinado y fui a parar al Max León, un colegio especial para los vagos. Fue en el único que me recibieron. Ahí duré hasta que me dio por hacer un periódico que se llamaba 'El Coqueto' y en el que le echábamos vainas a los profesores. Fue lo suficientemente fuerte como para que me botaran faltando un mes antes de terminar sexto bachillerato. Fui a parar a un colegio público, el Instituto Femenino Lorencita Villegas de Santos, y allí, con la ayuda de la madre Ochoa, logré validar el bachillerato".
Poncho Rentería
Columnista del diario El Tiempo y la revista Aló. Presentador de programas de televisión"Cuando estaba en el colegio escuchaba decir a mi mamá: 'Tan inteligente pero no sirve para nada'. Y la verdad es que a los 15 años era el perfecto vago y a los 21 fui el perfecto fracasado. En Tuluá comentaban: 'Pobre doña Beatriz con ese hijo calavera'. Además, mi indisciplina se notaba más porque mi hermano era aplicado. Estudiaba en el colegio Salesiano en Tuluá y me aburría mucho por el calor y porque lo que a mí me gustaba era el billar, el póker, el tute, la veintiuna, ir a piscina y a matiné. Tuve que repetir dos años. De ese colegio me expulsaron porque le pegamos una foto de 'Playboy' en la parte de atrás de la sotana del padre Acosta y el reverendo caminó todo el día con la mona desnuda a sus espaldas."Volví al Salesiano después de muchas súplicas de mi madre y me volvieron a expulsar porque fuimos a un paseo con el colegio femenino Sagrado Corazón. Tenía 17 años y estaba en tercero de bachillerato y decidí no volver a pisar un colegio. "Entré a la Universidad Jorge Tadeo Lozano a estudiar periodismo debiendo el diploma de bachillerato y así me quedé cuatro años. Cuando hice el libro de García Márquez, en 1979, me sacaron en 'El Tiempo' y dije: 'Al diablo la carrera, qué más título que salir en 'El Tiempo'. Hoy tengo el orgullo de no saber qué es física, química o trigonometría".
Julio Molano
Presidente de la firma de ropa Jeans & Jackets"En tercero de bachillerato me echaron del Instituto del Carmen de los hermanos maristas por problemas de indisciplina y en el único colegio que me recibieron fue en el Max León. Terminé ese año y me matricularon en el Alfonso Jaramillo. Aunque el colegio era muy liberal, discutíamos mucho. Nos burlábamos de los profesores, saboteábamos las clases, a veces les copiábamos a los dos o tres sapos del salón. Nunca perdí año pero sí materias y tuve que habilitar sociales e historia un par de veces. Pero era bueno para física y matemáticas. Lo que propició la expulsión fue que tuve una discusión con los profesores y cuando me sacaron de la clase rompí unos vidrios. Fui a parar al Gimnasio Germán Peña, de donde terminé el bachillerato gracias a la paciencia de mi mamá y a su capacidad negociadora. Cuando me gradué en la Universidad de California, en Estados Unidos, tuve que sacar fotocopia autenticada del diploma porque nadie en Colombia me creía que me había ajuiciado".
Jean Claude Bessudo
Presidente de Aviatur, una de las agencias de viajes más grandes del país "Estuve en 14 colegios diferentes pero de ninguno me echaron. Lo que pasaba era que mis padres viajan constantemente y eso me hizo estar en toda suerte de establecimientos, me tocó de todo. Nunca perdí, ni habilité una materia, pero era de los que hacía relajo en la clase y siempre tenía una impertinencia que responder. Uno de mis maestros escribió en su libreta de calificaciones: 'Es muy activo pero no cuándo ni como se debe'. "Una vez me suspendieron tres días porque le mandamos un pedazo de tiza al profesor Bonard. Para defendernos, le explicamos al rector que lo que intentábamos era meter la tiza en el cesto de la basura. El me dijo: 'Entonces no lo echo por pegarle a un profesor sino por mala puntería'."También nos volábamos del colegio para irnos al Country. Nos gustaba hacer pegas. Una vez le mandamos la funeraria Gaviria a la casa de uno de los compañeros y en otra ocasión ordenamos un pedido a una casa de banquetes para la casa de otro. Recuerdo que el papá de nuestro compañero tuvo que pagar 5.000 pesos de esa época por nuestra broma."Eramos brillantes pero muy necios y teníamos mucho sentido del humor. En una oportunidad aposté 100 francos con un compañero a que era capaz de tocarle la oreja al profesor. Yo fui a donde él y le conté de la apuesta y le ofrecí que si se dejaba íbamos por mitad. Me gané los 50 francos".
María de la Paz Jaramillo
Artista cotizada en el mercado nacional e internacional"Del colegio Sagrado Corazón en Bogotá me botaron en quinto elemental por indisciplina. Metía ranas en el pupitre para que cuando pasara la monja revisando le saltara. El pediatra decía que era un rechazo al colegio y yo creo que sí porque logré que me echaran. Lo que llenó la copa fue que le menté la madre a la superiora. Como yo permanecía mucho tiempo en la finca con los vaqueros, para mí ese era un lenguaje natural y no entendía qué quería decir."Mis papás decidieron ponerme una profesora privada para poder pasar el año. Me matricularon en el Marymount, y allí también tuve muchos problemas. Una vez llevé una cauchera y le di a la monja en la cabeza. Era el terror de los profesores. Me fascinaba que me castigaran porque me dejaban haciendo planas hasta las seis de la tarde y a esa hora me podían recoger los amigos."Mi indisciplina llegó a ser un problema para mis papás. No era de las buenas estudiantes pero tampoco era mala. En quinto de bachillerato, la madre del Marymount me preguntó cómo me parecía el colegio. Yo le contesté: 'Es el mejor club de Bogotá', y ya no se aguantaron más y me echaron. "Entonces mis padres me enviaron interna a un colegio en Inglaterra, donde me daba más miedo ser necia. Desde ahí me empecé a interesar por el arte y me tranquilicé. En la universidad fui muy buena alumna y mi tesis fue laureada".
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