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| 1/5/1998 12:00:00 AM

VIDAS PARALELAS

Un libro revela que Abraham Lincoln y John F. Kennedy tenían más en común que haber sido presidentes de Estados Unidos.

Uno de los grandes interrogantes que ha tenido el hombre a lo largo de la historia es saber si los hechos que ocurren en la vida son producto de la casualidad o hacen parte de un plan preestablecido del que nadie se puede librar. Aunque ese dilema hace parte de los misterios de la existencia del hombre, lo cierto es que en muchas oportunidades las supuestas casualidades de la vida se repiten de idéntica manera en diferentes personas. Un grupo de investigadores con gran curiosidad por este tema encontró muchos de estos paralelismos en la vida de personajes ilustres de la historia. De los estudios publicados en la Enciclopedia de Casualidades y Coincidencias, el parecido que más asombró es el de Abraham Lincoln y John F. Kennedy, quienes aparentemente tenían mucho más en común que haber sido presidentes de Estados Unidos. Aunque los dos vivieron en diferentes siglos, tuvieron que afrontar situaciones iguales que asombrarían al más incrédulo. Ambos estadistas fueron elegidos congresistas en 1847 y 1947, respectivamente, y asumieron la presidencia en 1860 y 1960. Tanto el apellido Kennedy como Lincoln tienen siete letras. Los hechos curiosos no solo se limitan a ellos mismos sino que también relacionan a las personas que los rodearon. Por ejemplo, el secretario de Lincoln era de apellido Kennedy y el de Kennedy era de apellido Lincoln y, curiosamente, los dos les advirtieron a sus jefes no asistir a los lugares en donde fueron asesinados. Como si esto fuera poco, los dos mandatarios murieron un viernes de un balazo en la cabeza, disparados desde atrás y en presencia de sus esposas. El asesino de Lincoln, John Wilkes Booth, hizo el disparo en el Teatro Ford en Washington mientras el presidente asistía a una función junto con su esposa. Después de descargarle su arma en la nuca trató de esconderse en un almacén cercano. Lee Harvey Oswald disparó contra Kennedy desde un almacén mientras éste se desplazaba en un carro marca Lincoln producido por la Fordpor una de las principales calles de Dallas. Después del crimen el asesino se refugió en un teatro. Ambos homicidas habían nacido en 1839 y en 1939, respectivamente, y fueron asesinados después de cometer los magnicidios sin haber podido confesar su autoría. Tanto Booth como Oswald tenían nombres y apellidos cuyas letras sumadas entre sí daban como resultado el número 15. Los dos mandatarios fueron reemplazados en su cargo por sus vicepresidentes: Lincoln fue sucedido por Andrew Johnson y Kennedy por Lyndon B. Johnson, quienes eran senadores demócratas, sureños y nacidos respectivamente en 1808 y 1908. Ambos tuvieron que afrontar una difícil situación con sus esposas durante su permanencia en la Casa Blanca. Mary Todd, cónyuge de Abraham Lincoln, perdió un hijo que esperaba mientras su esposo era la cabeza del Estado, así como le sucedió a Jacqueline Kennedy un siglo después. Pero los parecidos no se limitan al campo político. Las semejanzas entre ambos líderes se presentaron también en sus rasgos físicos. Los dos medían 1,83 metros y eran considerados atractivos para las mujeres de su época. Y con sus muertes los dos presidentes se inmortalizaron en la memoria de la humanidad hasta convertirse en mitos de los cuales tal vez nunca se dejará de hablar.
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