Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2007/07/14 00:00

Vidas paralelas

La noticia de que unas gemelas se reencontraron tras haber crecido separadas, ha paralizado a Ecuador. La batalla legal de sus padres apenas comienza.

Vidas paralelas

S ólo 32 kilóme-tros separaban a Andrea Freire de Marielisa Romo. A esa distancia se encuentran Milagro y El Triunfo, los pueblos del litoral ecuatoriano donde residen con sus familias. Nunca se habían visto, pero quizás habían caminado por las mismas calles y hablado con la misma gente. Al fin y al cabo, los Freire vivieron varios años en El Triunfo, donde tienen negocios, y la hija de los Romo estuvo algún tiempo en Milagro. Y sin duda a Andrea le debía parecer curioso que conocidos suyos le dijeran que habían visto una niña igualita a ella montando en bicicleta en otro pueblo, y a Marielisa, que a veces la llamaran por otro nombre.

El misterio se empezó a resolver hace tres meses cuando por casualidad coincidieron en El toro asado, un restaurante de Milagro. "Quedé pasmada. Verla frente a mí fue como estar mirándome a un espejo", dijo a SEMANA Andrea al relatar el impactante momento. Porque aunque sus historias comenzaron como una sola, poco después de su nacimiento tomaron caminos distintos y tendrían que pasar 14 años para que volvieran a cruzarse. Sin embargo, el reencuentro pasó de la felicidad a la amargura. Hoy las hermanas parecen las protagonistas de una telenovela contada en dos versiones distintas: la de los Freire y la de los Romo, que hoy están enfrentados en una batalla legal. Los primeros, los padres biológicos, aseguran que Marielisa fue robada por los segundos, y estos afirman que se hicieron cargo de la pequeña al ver que fue abandonada al nacer.

Según Petita Peñaherrera, la mamá biológica, mientras comía reconoció en otra mesa al doctor Roberto Romo y su esposa, Isabel García, el ginecólogo y la pediatra que 14 años atrás atendieron su primer parto en la Clínica Romo, de su propiedad, en El Triunfo. En esa época ella tenía 16 años y Augusto Freire, hijo de un reconocido empresario de la región, con el que se casaría dos años más tarde, 26. Tras la ecografía les informaron que esperaban una niña, pero que era necesario recibirla con cesárea. La intervención fue programada para finales de diciembre, pero los dolores de parto comenzaron el 24 de noviembre de 1992. Cuando Petita despertó, el doctor Romo le entregó a Andrea: "Aquí tiene una hermosa princesa, sana y salva", le habría dicho.

Por eso, al reconocerlos en el restaurante, quiso saludarlos. "Pero se levantaron como asustados sin haber comido", dice. Según su testimonio, cuando de salida se tropezaron, la doctora le habría dicho: "Le presento a mi hija, que dicen que se parece mucho a la suya, qué curioso". Andrea y Marielisa quedaron impactadas y Augusto y Petita recordaron los olvidados rumores sobre una niña casi idéntica a la suya.

Decidieron investigar. Así, cuenta Augusto, supieron que "la hija de la doctora había sido registrada como nacida en Guayaquil el 13 de enero de 1993", menos de dos meses después, lo cual no era lógico, pues nunca vieron embarazada a la doctora. "Esperábamos gemelas y no nos lo dijeron. Planearon todo para robarnos a la bebé" dice. Petita agrega contrariada: "Ahora aseguran que yo era madre soltera, que no tenía medios, cuando sabían bien quién era mi marido porque eran amigos de su familia".

Y es que la versión de los Romo es muy diferente. William Vallejo, su abogado y vocero, dijo a SEMANA que Petita sólo llegó a la clínica al momento del parto, sin pareja, en estado crítico, y "con una ecografía que especificaba que esperaba dos criaturas. El padre tenía un compromiso con otra mujer y no estaba respondiendo. Había sido una aventura". Según los médicos, la primera gemela nació perfecta, pero la segunda estaba tan mal, que fue necesario reanimarla y enviarla con una enfermera a Guayaquil donde tenían equipos más especializados. "Cuando la enfermera regresó con la lista de gastos, la joven dijo llorando que no podía hacerse cargo, que era madre soltera, y luego desapareció". Meses más tarde, encariñados, los Romo inscribieron a la niña con sus apellidos.

Vallejo explica que "Doña Petita sabía tanto de la existencia de Marielisa, que la propia niña dice que desde hace unos seis años se sentía perseguida por una mujer extraña". Según afirma, la madre biológica se reunió con la niña meses antes del incidente del Toro asado, le confesó la verdad y le pidió perdón por abandonarla.

Esta versión indigna a los Freire. Además, sostienen que Marielisa no fue criada por los Romo como una hija, sino como una empleada del servicio que cuidaba de la mamá enferma de la doctora, que nunca tuvo un hogar estable porque vivió entre Guayaquil, Milagro, Playas, y El Triunfo, o sea que no ha convivido siempre con sus supuestos padres, y que "ha estudiado en colegios marginales. Le cortaron el pelo y no tiene pestañas, creo que porque le pusieron un líquido en los ojos, todo para esconderla y que no se pareciera a Andrea", asegura Petita. Para los Romo, esa afirmación es absurda, pues "Marielisa caminaba a la vista de todo el mundo" en El Triunfo, donde los Freire son conocidos.

Todavía faltaba otra casualidad. Una sobrina de los Freire conocía por una vecina a Marielisa, y sin saber de quién se trataba, le impresionaba el parecido con Andrea. Algunas semanas después, se animó a mostrarle una foto de su prima, y de inmediato Marielisa reconoció a la niña del restaurante. Según los Freire, ella misma pidió realizar un encuentro con Petita y su hermana. "Nos pusimos a llorar y nos abrazamos sin saber por qué", comenta Andrea.

No es fácil saber quién dice la verdad. Petita cuenta, entre sollozos, que su niña perdida le dijo en esa reunión: "Mamita, sáquenme sangre, lo que sea para que sepan que soy su hija, pero no quiero estar más con los doctores". Desde los 11 años, los Romo le habían revelado que no era su hija biológica y no fue necesario realizar pruebas de ADN porque ellos confirmaron que la joven era hija de los Freire.

"Pero ahora le han lavado el cerebro", se lamenta Petita, sobre la actitud de Marielisa, quien según ella, sólo recientemente dice que quiere vivir con los Romo. La niña le contó al fiscal del caso que ha sido feliz con ellos y que no le gustan las costumbres de los Freire porque, en sus palabras, "practican una religión extraña". Y que además la engañaron cuando le prometieron no tomar acciones legales contra sus padres de crianza. Es que los Freire denunciaron ante la Fiscalía a los Romo por el robo de la niña y por maltrato ante Jessy Monroy, juez cuarto de la niñez y adolescencia de Guayas. La decisión de éste fue que Marielisa viviera de lunes a viernes con los Freire y el fin de semana con los Romo, y que recibiera orientación sicológica con su gemela. "Pero nada de esto se ha cumplido y creo que la demanda penal motivó la actitud de Marielisa", explica Monroy.

En medio de esta disputa, las gemelas, que empezaban a disfrutar de su encuentro, son las más afectadas. Andrea cuenta cómo llegó a sorprenderse de que cuando estaba triste o enferma era porque Marielisa también lo estaba. "Ella es más extrovertida que yo, pero nos gusta la misma música, el 'punk', las baladas; también la ropa y la comida. Ya llevo cuatro semanas sin verla y mi mayor deseo es volver a tenerla a mi lado". Lo que parecía una historia de separación con final feliz, es en realidad un drama que apenas comienza.

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