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| 7/19/2014 7:00:00 PM

“Vivo mi libertad plenamente”

Íngrid Betancourt publica su primera novela seis años después de su liberación. SEMANA habló con ella de su vida actual y de sus proyectos en ciernes.

Seis años han pasado desde el final de los seis años que Íngrid Betancourt pasó secuestrada. Solo el lanzamiento de su primera novela, La ligne bleue (La línea azul), la ha obligado a perturbar su tranquilidad cotidiana en Oxford, donde vive actualmente. Después de narrar su experiencia en cautiverio en el libro No hay silencio que no termine, publicado en 2010, Íngrid hoy habla como una escritora experimentada capaz de crear un universo ajeno a esos recuerdos. Sin embargo, no es difícil pensar en su secuestro al leer que los protagonistas de La ligne bleue son capturados por escuadrones de la muerte y logran escapar, y que uno de ellos pertenece a una guerrilla marxista. Esto le dijo a SEMANA sobre su nueva obra.

SEMANA: ¿Por qué se decidió por la ficción?

ÍNGRID BETANCOURT:
Escribir este libro me permitió revisitar recuerdos que no estaban ligados al cautiverio: amigos, familia, personas fundamentales en mi vida. Fue un ejercicio importante porque significó cerrar el pasado y empezar una nueva etapa.

SEMANA: Además lo escribió en francés.

I. B.:
El español me trae muchas emociones cuando escribo. El francés es más neutro.

SEMANA: ¿De qué trata ‘La ligne bleue’?

I. B.:
Julia, el personaje principal de la novela, nació en Argentina. Cuando cumple 16 años, Perón vuelve del exilio y ella decide ingresar a la guerrilla de los Montoneros porque se enamora de un jefe de la organización. En ese momento empieza el golpe de Estado. Los militares quieren desaparecer a Julia, pero ella logra sobrevivir y exiliarse en Francia. No es un ensayo político sobre la dictadura argentina. Es una novela de acción y de amor. La historia comienza en Argentina, sigue en Francia y termina en Estados Unidos.

SEMANA: Usted habla de los Montoneros. Ellos luchaban por la igualdad y creían tanto en Jesucristo como en el Che Guevara. ¿Se trata de una visión romántica de la lucha armada?

I. B.
: Yo me basé mucho en testimonios de personas que estuvieron en esa organización. La particularidad de la guerrilla montonera es que surgió de movimientos de juventudes católicas. Se trataba de grupos de jóvenes de colegio, preuniversitarios, muy nacionalistas, muy de derecha, muy católicos. Ellos reflexionaban sobre el valor de la libertad y el valor de la fe y los transformaron en una fe que se compromete, en una fe política y esto los llevó a volverse guerrilleros.

Una de las acciones que los dieron a conocer fue el secuestro del general que lideró la primera etapa de la dictadura argentina, Pedro Eugenio Aramburu. Lo acusaron de robarse el cadáver de Evita Perón, lo condenaron y lo asesinaron. Es una guerrilla que en nombre del amor, de la libertad y de los ideales cristianos, terminó matando y secuestrando. Entonces no, no es una visión romántica.

SEMANA: También es una novela donde usted traza sus reflexiones sobre la libertad y el destino.

I. B.:
Sí, exactamente. Es una obra que tiene muchos cuestionamientos, de cómo la manera en que actuamos ante los acontecimientos hace que seamos héroes o villanos. Podría decirse que somos títeres de un destino, que no tenemos libertad y que lo que nos sucede es impuesto. La verdadera libertad es la forma como actuamos frente a lo que nos ocurre. Uno nunca puede superar los traumas, pero puede mirar constructivamente lo que le ha sucedido e intentar mejorar. El motor de Julia es el amor y la vida, mientras que el de su enamorado, Théo, es el odio y la venganza. Al final ellos son el resultado de eso.

SEMANA: Y en la vida real, ¿usted ejerce esa libertad de la que habla cuando se refiere a sus personajes?

I. B.:
Cuando volví de cautiverio tenía una consciencia muy clara del regalo que tenía enfrente. Desde el segundo en el que estuve afuera, me dije que tenía que vivir  mi libertad plenamente, aun en contravía de muchas personas.

SEMANA: ¿Cómo es su vida ahora?

I. B.:
Desde hace tres años vivo en Oxford, Inglaterra, donde preparo una tesis sobre la Teología de la Liberación.

SEMANA: Al parecer lleva una vida tranquila. ¿Cómo es un día típico en esa ciudad?

I. B.:
Un día típico consiste en lecturas de pensadores de la Teología de la Liberación, como Leonardo Boff o Gustavo Gutiérrez en la mañana. Luego salgo al Harris Manchester College, donde normalmente tengo una clase. Después paso unas dos horas en la biblioteca. Por las tardes, hago deporte. Como es una ciudad de jóvenes, también aprovecho y participo en bailes y cenas organizadas por las comunidades estudiantiles. Este verano estoy dedicada al matrimonio de mi hija Mélanie, que se casa el próximo mes.

SEMANA: Los rumores sobre sus intenciones de volver a la política colombiana siguen.

I. B.:
Ese tema no es fácil. Para mí ha sido una decisión muy dolorosa participar en política en el país. Los políticos solo conocen la mentira, la traición y la difamación, y estar en ese mundo implica enfrentar a los que no piensan como uno. Eso es muy duro. Eso significó sacar a mis hijos de Colombia durante años, entre otras cosas.

SEMANA: ¿Y en Francia? Usted tiene amistades políticas, como el exprimer ministro Dominique de Villepin o el expresidente Nicolas Sarkozy.

I. B.:
Me han propuesto hacer política en todas partes del mundo, pero mis hijos son mi prioridad. Cuando me liberaron, eso significó construir una relación con seres que habían crecido lejos de mí. Entender qué les había pasado, qué hechos los habían marcado para comprender por qué reaccionaban de cierta manera, por qué les daba risa algo… no llegué a instalarme en la relación como si nada. Yo no quería ser una mamá de etiqueta, sino poder conectarme a la vida de ellos, estar a su lado cuando me necesitaran. Estar a su disposición. Esa fue una decisión de vida. Si a eso se le añade que no estaba preparada para volver a la política, hay que armarse de mucho coraje. Hay que estar listo para dar y recibir golpes.

SEMANA: Habla en pasado. Y ahora, ¿está preparada?

I. B.:
Hay mucha gente que se ve afectada con las decisiones que yo tomo. Entonces no es algo tan fácil.

SEMANA: ¿Qué va a hacer luego de terminar su tesis? ¿Se queda en Europa, regresa a Colombia?

I. B.:
La verdad estoy abierta a cualquier posibilidad. Quiero vivir en un sitio donde esté disponible para los demás y para mis hijos. Yo ayudo a muchas ONG y estoy muy involucrada con los derechos humanos. Europa es un buen lugar para llevar a cabo esas batallas. Hay varios congresos y simposios sobre violación de derechos humanos o en defensa de causas específicas. Desde Francia, Suecia, Inglaterra o Alemania, esa misión me queda más fácil.
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