Martes, 23 de septiembre de 2014

| 2013/06/12 00:00

Vladimir Putin se divorcia por una gimnasta

El líder ruso deja a su esposa de 30 años por una gimnasta olímpica y se dice que tienen dos hijos. Él lo niega.

. Foto: .

El pasado jueves 6 de junio, una periodista de televisión del canal oficial del régimen ruso, Rossiya 24, se acercó a Vladimir Putin y su esposa, Lyudmila, en el Gran Palacio del Kremlin. La pareja salía de una función del ballet ‘La Esmeralda’. Después de unos pocos minutos de charla sobre música y baile, la reportera hizo una pregunta casi imposible: “¿Por qué aparecen tan pocas veces juntos en público?”. La respuesta la dio Putin, y la confirmó su esposa: decidieron que había llegado la hora del divorcio.

La escena en el Kremlin era irreal. Era obvio que todo había sido puesto en escena cuidadosamente. Es inconcebible que en la Rusia de Putin un periodista le pregunte al presidente algo tan personal. Toda la atmósfera, la vestimenta, la escena, habían sido cuidadosamente ensayadas. Putin y su distanciada esposa estaban parados uno al lado del otro, pero no demasiado cerca. Cada uno se refería al otro formalmente, con el nombre y patronímico.

“Es una decisión conjunta” comentó Putin. “Me uno a las palabras de Vladimir Vladimirovich”, le hizo eco Lyudmila Putina. Añadió el líder ruso: “Prácticamente no nos veíamos. Cada uno tiene su propia vida”. Contestó Lyudmila: “Se puede decir que este es un divorcio civilizado”.

No solo hablaron de su divorcio. “Lyudmila Alexandrovna mencionó a nuestras hijas” anotó Putin. “Las queremos mucho. Estamos muy orgullosos de ellas. Ellas han crecido. Sus vidas se están desarrollando. Y hablando de eso, ellas se educaron en Rusia y viven en Rusia en forma permanente”, haciendo alusión a la costumbre que tiene la alta burocracia de enviar a sus hijos al exterior.

Putin nunca ha aparecido en púbico con su familia. Los rusos no conocen a sus hijas. En las raras ocasiones que Putin las ha mencionado no las llama por sus nombres. Les dice “ellas”. Se sabe, sin embargo, que se llaman Maria y Ekaterina y que nacieron en 1985 y 1986 respectivamente. Poco se sabe sobre sus vidas. Han tenido romances con extranjeros, Maria con un holandés y Yekaterina con un coreano.

Lyudmila Putina a duras penas actuaba como Primera Dama. Después de los primeros años de su mandato ella dejó de acompañar a su esposo en sus viajes al exterior, y desapareció de la escena. En 2010 aparecieron juntos en un puesto de votación durante las elecciones presidenciales, pero Lyudmila no llevaba argolla.

Se rumora que Putin la tiene encerrada en un convento, tal como lo hacían los zares cuando querían desembarazarse de una zarina. En efecto, parece que vive en una mansión de recreo del gobierno con un valor de 1,5 millones de dólares, en los terrenos del antiguo monasterio de Yelizarov en las afueras de Pskov, cerca de la frontera con Estonia.

No hay una tradición para el papel de la esposa en la antigua Unión Soviética o en la nueva Rusia. Algunos líderes han sido más abiertos acerca de sus familias que otros. Coincidencialmente, aquellos que han presidido regímenes más suaves han tenido una mayor propensión a mostrar su familia en público. Joseph Stalin resolvió el asunto familiar de la manera más radical: llevó a su esposa al suicidio y ejecutó a sus familiares. Su hija escapó a Estados Unidos. Nunca más se le vio con mujeres.

Nikita Khrushchev, que no estaba de acuerdo con Stalin y liberó a sus víctimas de los campos de trabajos forzados, amaba a su esposa. Ella lo acompañaba en sus viajes al exterior, aunque no podía competir con sus contrapartes occidentales en elegancia.

Leonid Brezhnev lanzó una artera ‘restalinización’; su mandato fue asociado con persecuciones a disidentes y castigos siquiátricos. Su esposa, como la de Putin, permaneció oculta al público. De su hija se conoció su pasión por el alcohol y las joyas: terminó sus días en un asilo siquiátrico.

Raisa Gorbacheva era la amada esposa de Mikhail Gorbachev, su amiga y consejera más cercana. Fue la primera verdadera Primera Dama de Rusia, y además muy elegante. Pero generaba un gran resentimiento en el pueblo ruso por todo: sus trajes, su asertividad, su influencia sobre su marido. Pero incluso los más resentidos no dejaron de conmoverse con la profunda pena de Gorbachev cuando ella falleció.

Boris Yeltsin, el primer presidente de Rusia, quien le dio a su país una promesa de democracia, tenía una familia grande y amada. Su esposa no interfería con los asuntos de gobierno, pero su encanto le funcionó en ocasiones para suavizar los rudos sentimientos de los rusos hacia su esposo.

Putin llegó al poder y la promesa de democracia se esfumó. Mientras el régimen se endurece y vuelven elementos del estilo soviético de gobierno, la familia del líder permanece oculta. Sin embargo el cultivo de Putin de una imagen viril, combinada con su soltería de facto, pronto generaron rumores de que estaba enredado con una mujer joven, una antigua gimnasta olímpica que se convirtió en congresista de su partido: Alina Kabayeva.

Pero Putin no permite que se escarbe en su vida amorosa. La primera y más clara lección sucedió en abril de 2008, cuando un tabloide publicó la historia de que Putin había dejado a su esposa por la gimnasta olímpica, que entonces tenía 24 años.

El periódico Moskovsky Korrespondent decía que Putin se había divorciado de Lyudmila dos meses antes. Cuando se le preguntó por la noticia en una rueda de prensa Putin contestó ofendido: “Yo estoy al tanto, por supuesto, de la trillada frase de que los políticos viven en una casa de cristal”, dijo. “Pero incluso en estos casos debe haber alguna clase de límites... siempre he despreciado a aquellos que andan por ahí con sus fantasías eróticas, metiendo sus narices llenas de mocos en la vida de otra persona”, advirtió.

En cuestión de horas el periódico cerró, diciendo que estaba "teniendo pérdidas" y los medios rusos aprendieron una sutil lección sobre la violación de la vida privada del líder.

Los tabloides extranjeros han sostenido que Putin tiene dos hijos con la Kabayeva. Cuando ella apareció en la portada de la edición rusa de Vogue, dijo que el niño que la acompañaba era su sobrino aunque “todo el mundo cree, por supuesto, que es mi hijo” dijo riendo. Los rumores dicen que en noviembre pasado dio a luz una hija. Se cree que Alina vive con sus dos hijos en el palacio de recreo de Sochi, en el Mar Negro, donde los zares tenían su palacio de verano. Allí mismo es donde Gerard Depardieu recibió su pasaporte francés por parte de Putin, para no pagar impuestos en Francia.

Un vocero de Putin dijo el viernes que el líder no tiene planes de matrimonio. Mientras tanto se está dando un dramático endurecimiento de las políticas antiliberales de Putin, para dar paso a un conservatismo social en Rusia. Al tiempo que Putin anunciaba sus planes de divorcio, una congresista de la Duma, Elena Mizulina, presentó una iniciativa legislativa: para revivir los valores tradicionales sugirió una especie de “tarifa por inmoralidad”, un impuesto federal al divorcio. Lo que la Mizulina pensó era un acto de lealtad a su jefe político -ella es partidaria de Putin- se convirtió en una metida de pata.

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