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| 6/9/2007 12:00:00 AM

Volver a tocar

Seis meses después de su trasplante, Alba Lucía Cardona está aprendiendo a manejar sus manos nuevas. SEMANA habló con la primera mujer en el mundo en someterse a este tipo de cirugía.

"Ahora puedo decir que soy verdaderamente una mujer internacional. Estas manos son españolas, y el resto de mi cuerpo, colombiano. Ya tengo sangre roja y sangre azul", dice sonriente Alba Lucía Cardona, la primera mujer del mundo con transplante de manos. Después de vivir 28 años sin ellas, lleva seis meses estrenando unas nuevas que le injertaron en Valencia, España, y a pesar de los dolores, del difícil proceso de recuperación y las terapias, sueña y lucha por volver a palparlo todo, por construirse un mejor futuro con esas manos.

Nació en Herveo, Tolima, en 1959, en un hogar humilde. Perdió las manos en un experimento en el colegio cuando tenía 18 años. Una probeta de laboratorio estalló entre sus dedos. Pero con tenacidad y valor supo adaptarse, sobrevivir y trabajar, porque tenía que ayudar a su familia. Desarrolló una habilidad extraordinaria con los muñones y desempeñó varios trabajos, incluso fue secretaria, recepcionista y administradora de un colegio.

Alba Lucía habría podido seguir trabajando en Colombia, pero un día decidió emigrar a España en busca de un mejor nivel de vida y sobre todo porque se enamoró de un español en Manizales. Arribó a Madrid en septiembre de 2000 y se fue a Albacete tras su enamorado. Pero las cosas no funcionaron. Entonces se vio forzada a sobrevivir sola y en un país extraño. Trabajó en fincas, cuidó cabras, limpió casas y oficinas, cuidó ancianas y niños enfermos, fue recepcionista y ejerció como celadora sin arma en un camping. Llegó a Valencia en 2004. Allí conoció en un programa de televisión a Pedro Cavadas, el eminente cirujano especializado en transplantes quien entonces había reimplantado el brazo a un camionero que lo había perdido en un accidente. Sin dudarlo, se puso en contacto con él. Esperó dos años el permiso de la Seguridad Social española, hasta que al fin le autorizaron a someterse a la cirugía en la Fundación Cavadas de Valencia.

"Alba Lucía era una paciente ideal. Llevaba 28 años sin manos y estábamos en condiciones de devolvérselas. Ella es una mujer valiente y valiosa, y estoy convencido de que con la rehabilitación y una o dos intervenciones más para afinar la conexión de los tejidos y mejorar las cicatrices, Alba Lucía volverá a tomar la vida, literalmente, en sus manos", dijo Cavadas a SEMANA.

La operaron el 30 de noviembre de 2006 y experimentó la primera sensación táctil pocos días después. "Tenía puestas las vendas, me pasé una mano por la cabeza y sentí mi pelo, algo que no había palpado hacía muchísimos años. Luego sentí como un corrientazo eléctrico por el brazo".

Desde entonces todo ha sido un redescubrimiento del mundo con el tacto. A veces se desalienta por el martirio de los ejercicios y la lentitud de aprender a hacerlo todo de nuevo con las manos. Ella siempre ha sido una mujer independiente y autónoma, hacía los oficios domésticos y todo con los muñones. "He tenido que aprender a escribir cuatro veces; primero, con las manos con las que nací; luego, con los muñones; después, con las prótesis, y ahora otra vez con las manos injertadas". Escribir su nombre fue una de las primeras cosas que tuvo que hacer con las manos nuevas, pocas semanas después del transplante, para renovar sus papeles de residencia en España. "Fue difícil y doloroso, la letra me quedó feíta, pero tenía que firmar para no perder los papeles. La sensación de volver a escribir con manos ha sido increíble".

Invierte más de cuatro horas diarias en terapias. Todavía tiene los dedos retraídos y necesita liberar algunos nervios que están muy adheridos a la cicatriz. "Al comienzo no me dolía nada, pero con la rehabilitación, los dolores se han despertado, las manos me tiemblan a toda hora. Los médicos le llaman a eso 'síntoma de vida nueva', aunque lo más difícil fue que mi cuerpo rechazó hace unos meses las manos y estoy tomando una cantidad bárbara de medicamentos que me tienen extenuada".

Una de las cosas más difíciles para ella es que, en todo este proceso del transplante y la recuperación, no ha podido trabajar. Desde niña aprendió a ayudar en la casa, y ser autónoma es lo más importante para ella. Otra pena que lleva dentro es que en estos siete años no ha podido volver a Colombia. Extraña mucho su tierra y a los suyos, y cuando se le pregunta qué es lo que más quiere hacer con las nuevas manos, responde: "ir a Mariquita, a la casa de mi hermana Adela, y comer un buen plato de bocachico, que ella sabe preparar tan rico, para estrenar estas manos lidiando con las espinas".

La operación, el primer rechazo de su organismo a las manos y la soledad la deprimieron mucho al principio, pero todo cambió hace pocos meses, cuando vino a ayudarle desde Colombia su cuñada María Luisa, cuyo viaje fue financiado con donaciones de Avianca, la Fundación Cavadas y la Generalitat Valenciana. Ambas son muy buenas amigas y María Luisa le colabora en las labores domésticas, la acompaña a las sesiones diarias con el fisioterapeuta, le da ánimos y le ayuda a realizar la rehabilitación en la casa. Viven en un pequeño apartamento de Valencia pagado por la Fundación Cavadas, que además sufraga la alimentación y los gastos de Alba Lucía hasta su completo restablecimiento.

Para ella, la recuperación de la experiencia táctil ha tenido momentos gratos y desagradables. Hoy le tiene mucho terror al calor, al fuego. "Tengo todavía muy poca sensibilidad en las manos; el frío lo siento, pero el calor no, y me da mucho miedo quemarme en la cocina". Ella sabe que este primer año es clave para que su cuerpo acepte y se apropie de las manos, y por eso las cuida como su mayor tesoro. Les aplica cremas y se corta, lima y pinta las uñas. Con ellas ha recuperado una forma de vanidad femenina que había perdido durante 28 años.

Quiere hacer muchas cosas con sus nuevas manos. "Quiero manejar mi propio carro; quiero aprender a bailar flamenco para mover las muñecas con la gracia de las bailaoras; quiero ir a Colombia a acariciar a toda mi familia y visitar y saludar con la mano a toda la gente que me ha ayudado; y quiero ir a Herveo, a ver y palpar todo lo que me recuerda mi niñez y mi juventud cuando tuve mis primeras manos".

Alba Lucía jamás sabrá quién fue la dueña original de sus manos. "Lamento no poder conocerla, pero siento por ella una gratitud infinita porque me ha dado las manos y me ha cambiado la vida. Y yo también quiero donar mis órganos, quiero que cuando yo muera, aprovechen todo lo que puedan de mí".

El próximo 12 de octubre, Alba Lucía Cardona, la única mujer de cuerpo colombo-español, celebrará su cumpleaños de una manera muy distinta al año pasado. Esta vez, después de 28 años sin poder hacerlo, sujetará una copa con sus manos y brindará a la salud de la donante anónima, del cirujano Pedro Cavadas, de ella misma y del futuro que se abre ante sus manos.
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