Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1986/06/30 00:00

VUELVE Y JUEGA

Perry Mason, el abogado invencible en la televisión en los años 50 y 60, actualizado pero igual de serio, cautiva otra vez la audiencia

VUELVE Y JUEGA

Todos los días, de lunes a viernes y a las once de la mañana, una estación de televisión de Chicago que llega a otras ciudades norteamericanas dentro de la programación de la cadena Turner, emite un programa en blanco y negro que tiene más de veinte años pero el cual cuenta, a pesar de la hora, con una audiencia cautiva de millones de personas para quienes ese abogado, vestido de oscuro, grueso y un aire de suficiencia y bondad que ni los más atroces delitos logran disminuir, sigue siendo un ídolo.
El abogado que siempre gana los pleitos se llama Perry Mason.
Esta serie no sólo fue en su época original, entre 1957 y 1966, una de las más populares sino que en 1985 al ser actualizada y lanzada de nuevo, se convirtió en el programa con más audiencia, rompiendo todas las marcas de ese año. Ahí estaba Perry Mason, veinte años más viejo, acompañado por uno de los pocos sobrevivientes del reparto original, la actriz Barbara Hale quien en la primera época interpretaba a su secretaria.
Para esta nueva etapa de la serie los productores han preferido emitir programas más espaciados y el domingo durante el cual los colombianos escogían un nuevo Presidente, millones de norteamericanos seguían hipnotizados con el capítulo llamado The Case of the Notordus Nun. Este es uno de los pocos casos en que un personaje de la televisión no sólo logra resistir el paso del tiempo sino que, relanzado y adaptado a las exigencias actuales, se mantiene entre los favoritos de los televidentes.
Buena parte de este éxito se debe al actor que hace de Perry Mason, Raymond Burr.
Lo más curioso en medio de este mito por Perry Mason es que tanto el protagonista como su compañera durante nueve años, Barbara Hale, recuerdan con horror cómo el rodaje de los capítulos que se pasaban semanalmente (cada uno independiente del resto), afectaba en forma profunda sus vidas. Por las condiciones técnicas de entonces había que dedicarse más tiempo al trabajo y la situación llegó al extremo de obligar a Burr a mudarse a una casa rodante colocada dentro del estudio. La actriz por su lado apenas tenía tiempo de ir a su hogar por la noche, rendida, besar al marido y los tres hijos y dormir con la ropa con que se marcharía al trabajo pocas horas después.
Cada semana los norteamericanos miraban con admiración cómo Mason defendía a un desmoralizado inocente, echando mano de recursos legales que a veces eran muy simples.
La popularidad de la serie llegó a tal grado que hubo una época en que sólo los abogados que tuvieran algún parecido físico con Mason encontraban las mejores colocaciones en las empresas más grandes. Al lado de Mason siempre estaba su asistente, el detective Paul Drake y enfrentado, perdiendo cada semana con estoicismo se hallaba el fiscal, Hamilton Burger, de quien curiosamente nunca se supo dónde había estudiado derecho.
La voz profunda, los ademanes teatrales, los recursos sorprendentes, las lágrimas que Perry Mason provocaba tanto en los jurados como en los telespectadores, eran obligatorios todas las semanas. Al finalizar la serie en 1966, Burr, quien acaba de cumplir 69 años, entró a un programa conocido en Colombia, "Ironside" mientras su secretaria, de 64 años actualmente, aparecía en campañas publicitarias de refrigerados ensamblados en Iowa. El actor que hacía de fiscal, William Talman, murió de cáncer en los pulmones en 1968 mientras William Hopper (hijo de la columnista chismosa Hedda Hopper), quien hacía del joven asistente de Mason, murió de un ataque cardiaco en 1970. Así, Perry Mason con su secretaria que sobrevivió a todo, regresó a la pantalla con algunas modificaciones en la historia original: ahora, Mason no era abogado sino juez y su ex secretaria trabajaba como asistente del presidente de una corporación.
Acusada del asesinato de su jefe, la mujer es llevada a juicio. Mason renuncia al cargo que desempeña, baja al estrado y asume la defensa de su amiga.
Como Perry Mason necesitaba un detective que lo asesorara, en ese primer capítulo apareció un nuevo personaje, Paul Drake Jr., interpretado por William Katt quien en la vida real es hijo de la actriz Barbara Hale. Katt aparece los fines de semana en una serie llamada "El superhéroe", torpe y vestido de rojo.
Los norteamericanos descubrieron con agrado que los efectos sicológicos seguían siendo los mismos, que la dosis de suspenso iba en aumento hacia esas escenas finales, cuando el acusado, inocente, será condenado y se abren las puertas de la sala y aparece, jadeando, el joven detective con las pruebas que hacían falta. Ron Satlof, el mismo realizador de la serie antigua, tiene una explicación para esa carga de emociones y su influencia en los televidentes: "Es un teatro clásico, ritual, con los mismos recursos de una buena película de vaqueros. En esta nueva etapa estamos profundizando más en los personajes, en su sicología pero en términos generales el tratamiento dramático es el mismo de veinte años atrás porque, si todo el conjunto es fabuloso, ¿para qué cambiarlo o destruirlo?".
A quienes piensen que ahora habrá algún romance entre Mason y su secretaria, Raymond Burr los desilusiona. Las relaciones seguirán como antes, simple amistad y lo más cerca que han estado fue en una escena cuando ella le puso una mano sobre los hombros.
Durante los nueve años de la serie original, Burr atormentó a su compañera con toda clase de bromas: le ponía pequeños cocodrilos en el baño, metía animales en su escritorio de la Corte donde actuaban, le enviaba rosas con ratoncitos, pintaba las paredes de su guardarropa de negro y, en una ocasión, sincronizó una sirena de bomberos al momento en que ella se sentaba en el inodoro.
Fueron nueve años aparentemente felices porque ahora el actor lamenta todo ese tiempo invertido en la serie, amarrado: "No podía estar casado, no podía tener una familia, ni siquiera podía tener amigos. Cuando recuerdo esos años, me arrepiento".
En la vida real, las cosas no han sido fáciles para Raymond Burr: casado tres veces, su primera esposa murió en un accidente aéreo en 1943; de la segunda se divorció en 1947 y la tercera murió de cáncer en 1955. Tuvo un hijo que murió de leucemia en 1953. Actualmente vive en una granja en Sonoma County, California, con el actor Robert Benevides, de 56 años, su mejor amigo y socio de negocios durante los últimos 24 años.
Cuando le preguntan qué hay de Perry Mason en él, rechaza cualquier parecido, dice que no está actuando las 24 horas, se siente él mismo, cree en Dios pero no pertenece a ninguna organización religiosa, es madrugador, mirado como alguien muy generoso por sus amigos, y hubo una época durante la cual vivió en una de las islas Fiji, alejado de todo, un sitio que considera más civillzado que Nueva York o Los Angeles.
Como una prueba de por qué se inclina a la soledad, Burr cuenta una anécdota: durante una época tuvo relaciones con una mujer a quien adoraba, le compraba joyas y cosas personales, conocía sus gustos, había memorizado su talla, el número del calzado, todas sus medidas y vivía sólo para darle gusto, y además la quería posesivamente. Para una Navidad, ella quiso sorprenderlo con un regalo insólito: le había tejido doce pares de medias, verdes (el color que él, precisamente, detesta), y con tres tallas más pequeñas... Se queda pensando y comenta: "Ya ve, cuando uno representa nada para alguien, eso es lo que ocurre".

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