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| 10/12/2013 2:00:00 AM

Los Wertheimer, millonarios clandestinos

Con una fortuna el doble de grande de lo que se creía, los discretos Wertheimer se posicionan como los líderes de la industria de la moda. Desde los años veinte esta desconocida familia ha dirigido la emblemática casa de modas Chanel. Esta es su historia.

Retumban los aplausos. Sobre la pasarela, el director creativo de Chanel, Karl Lagerfeld, camina feliz frente al público. El diseñador alemán, quien desde los años ochenta ha sido el alma de la marca, acaba de presentar su colección más reciente y acapara todos los focos. 

Se trata de la Semana de la Moda de París, celebrada a comienzos de octubre. Entre la gente, dos señores calvos con nariz aguileña desaparecen inadvertidos antes de que se acabe la función. Aunque casi nadie los reconozca, son nada más y nada menos que los dueños de la casa de modas que creó Gabrielle ‘Coco’ Chanel en 1910: los multimillonarios hermanos Alain y Gérard Wertheimer.

“Somos una familia muy discreta, nunca hablamos con los medios. Chanel se trata de Coco, de Karl y de toda la gente que trabaja ahí y crea productos. No se trata de los Wertheimer”,  le contó uno de ellos entre susurros a un periodista de The New York Times antes de un desfile. Pero ahora nuevos cálculos sobre la fortuna de los hermanos franceses,  nietos del socio original de Coco, los convirtieron en noticia y, de paso, los sacaron del anonimato. 

Según la agencia Bloomberg, los empresarios tienen un patrimonio combinado de 19.200 millones de dólares, más del doble de lo que se creía. Esta reveladora cifra los posiciona como los líderes del mundo de la moda junto a Bernard Arnault, el dueño de Louis Vuitton, y en el puesto treinta de los multimillonarios  globales según Forbes. 

Lo más probable, sin embargo, es que a los hermanos Wertheimer no les importe mucho la noticia. Aunque trabajen en una industria donde los escándalos de los propietarios y diseñadores son la comidilla de los medios, los dueños de Chanel tienen una vida extremadamente privada y les importa poco la fama. 

Rara vez asisten a las inauguraciones de los almacenes y si van a un desfile, algo que no pasa a menudo, se sientan en la quinta fila. Cuando salen de noche van a un concierto de música clásica o a comer con su selecto grupo de amigos, entre los que se encuentran los Rothschild o los Gutfreunds. 

Alain, de 64 años, maneja la compañía desde Nueva York y suele tomar el metro para ir a trabajar. Gérard, tres años menor, vive en una mansión en Ginebra y es el encargado de la división de relojes de Chanel. A pesar de la distancia que los separa, los hermanos están en contacto constante, pues además de la casa de modas comparten un criadero de caballos pura sangre y dos viñedos en el sur de Francia. También tienen una inmensa colección de arte, con cuadros de Picasso y de Matisse, y un chalet en Suiza que usan para esquiar. 

Pero ante todo, los Wertheimer son hombres de negocios que manejan una empresa familiar. “Chanel funciona a la perfección en gran parte porque sus dueños les han dado continuidad a sus empleados más importantes –le explicó a SEMANA Tilar Mazzeo, autora de El secreto de Chanel No. 5–. Son expertos en contratar gente talentosa con una visión única y darles toda la libertad posible, como hicieron con Lagerfeld”. 

Alain y Gérard han seguido la receta de su abuelo Pierre Wertheimer, quien en los años veinte se jugó gran parte de su fortuna para producir, comercializar y distribuir el perfume No. 5 de Coco Chanel. En ese entonces, la modista francesa ya había revolucionado el mundo de la moda con sus prendas sencillas para mujeres y estaba buscando la forma de expandir su negocio. Théophile Bader, el dueño de Galerías Lafayette, los presentó en un hipódromo a las afueras de París y entre los tres acordaron crear Parfums Chanel: Wertheimer tendría el 70 por ciento, Bader el 20 y Coco se quedaría con el 10. 

En un principio la idea entusiasmó a la diseñadora y se entregó por completo a sus creaciones. Pero luego empezó a creer que la habían estafado y demandó a sus socios. Para 1928, la empresa ya contaba con un abogado para lidiar exclusivamente con Coco, quien no se rendía. 

Su deseo de apropiarse de Parfums Chanel llegó al punto de que a comienzos de los años cuarenta acudió a los invasores nazis en París y delató a Wertheimer por ser judío. Pero él se le había anticipado: meses atrás había viajado a Estados Unidos y le había entregado a un amigo las acciones de la empresa, que recuperó al finalizar la guerra. 

Después de 1945 la relación entre ambos mejoró. Coco, que ya tenía 70 años, huyó a Suiza luego de la victoria de los aliados, quienes la acusaban de haber colaborado con los alemanes, algo que nunca se ha probado. Siguió peleando con los Wertheimer hasta que en 1953 llegaron a un acuerdo definitivo. 

A cambio de su 10 por ciento, Pierre y sus descendientes le pagarían todos sus gastos hasta su muerte y la posicionarían nuevamente como la directora creativa de Chanel en París. 
Alain y Gérard heredaron el negocio en 1974, tres años después de la muerte de Coco. Como primera medida, redujeron los puntos de venta del perfume No. 5 para devolverle su exclusividad.

Además inauguraron una línea de ropa deportiva, una de relojes y otra más de joyas. Lo más probable es que los Wertheimer seguirán haciendo crecer su deslumbrante emporio desde la sombra. Bien lo dijo Didier Grumbach, presidente de la federación francesa de la moda: “Los diseñadores van y vienen, pero Chanel siempre será Chanel. Y los Wertheimer siempre estarán a cargo.”
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