Viernes, 20 de enero de 2017

| 2009/11/14 00:00

...Y Jobs creó Apple

La revista 'Fortune' acaba de escoger a Steve Jobs como el empresario de la década. Sin embargo algunos piensan que en realidad es el empresario del siglo.

Jobs ha logrado que Apple sea una de las 10 marcas más valiosas del planeta, según el reciente ‘ranking’ de la página web ‘Brandz’ y que encabece la lista de las compañías más admiradas de Estados Unidos. Con sus computadores Mac, los iPod, el iPhone y Pixar, ha cambiado el mundo

Ser el hombre más rico del cementerio no me trasnocha" ha dicho Steve Jobs, el presidente y fundador de Apple. "Ir a la cama pensando que he hecho algo maravilloso... eso sí me importa". Y aunque su fortuna alcanza los 5.100 millones de dólares, ese "algo maravilloso" que siempre ha tenido en mente es "cambiar el mundo" con cada una de las creaciones de su empresa. Para la prestigiosa revista Fortune ha logrado ese objetivo, y por eso acaba de escogerlo como el empresario más destacado de la década.

En los últimos años Jobs no solo salió bien librado de dos encuentros con la muerte, tuvo cáncer de páncreas y se sometió a un transplante de hígado, sino que con su ingenio y obstinación logró revivir a una compañía en coma. Las cifras hablan por sí solas: "Cuando Jobs volvió en 1997, después de 12 años de ausencia, Apple estaba desangrándose, sus acciones habían caído por debajo de los cuatro dólares y sus mejores ingenieros habían abandonado el barco. Se necesitaba un milagro y él lo hizo", explicó a SEMANA Jim Carlton, autor del libro Apple: The Inside Story of Intrigue, Egomania and Business Blunders. Para 2000 tenía un valor de 5.000 millones de dólares y hoy está en 170.000 millones, tras revolucionar el mundo digital con sus famosos artilugios.

Jobs ha desafiado la actual crisis económica con la multiplicación de sus manzanas: aunque Google y otros grandes de la tecnología han reportado buenos resultados, en el último trimestre del año sólo Apple ha superado con creces sus expectativas gracias a las ventas de su teléfono inteligente iPhone y de sus computadores Mac, un récord en su historia. Algunos expertos en negocios van aun más lejos y consideran que lo de "empresario de la década" se le queda corto. Incluso lo comparan con Henry Ford, el hombre que en 1913 transformó la industria del automóvil con la producción en masa. "Si yo les pregunto a los clientes lo que quieren, responderían que un caballo más veloz", dijo Ford en aquella época.

Desde finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI la consigna de Jobs ha sido ofrecer a los usuarios lo que desean pero no saben qué es. Con el eslogan 'Piensa diferente', ha puesto de cabeza varios mercados. Jobs convirtió a Apple, con sede en Cupertino, California, en una de las empresas más emblemáticas de la informática personal con la idea de que los computadores no debían ser máquinas aburridas y difíciles. Con el Macintosh probó que eso era posible, con su interfaz gráfica amigable y un sistema de ventanas dirigido por un cursor manejado desde un mouse.

Cambió la manera de escuchar música con su iPod, y revolucionó esa industria, que estaba de capa caída por cuenta de la piratería, con las tiendas iTunes. Para ello convenció a las grandes disqueras y a sus artistas de vender por Internet sus canciones a menos de un dólar. También marcó un hito en el cine con su estudio Pixar, que produjo Toy Story, el primer éxito de animación digital. Jobs lo compró por 10 millones de dólares y 20 años más tarde, en 2006, se lo vendió a Walt Disney Company en 7.400 millones. En ese año se convirtió en el mayor accionista de esta última.

En 2007, al presentar su iPhone, causó sensación al sentenciar "hoy Apple va a reinventar el teléfono". Pero según han anticipado varios medios, la gran revolución está por venir con un aparato que algunos han llamado el iTablet, una especie de computador de bolsillo de pantalla táctil que reuniría teléfono, Internet, videos, música, televisión y libros, periódicos y revistas. El rumor es que saldrá al mercado en junio. "Jobs creó una marca que se ha convertido en un referente. Y lo hizo de la nada", contó a esta publicación Scott Testa, profesor de negocios del Cabrini College en Pensilvania. Y como genio del marketing, ha sabido promocionar como nadie su imagen. "Un adicto a Coca-Cola no sabe quién es el presidente de la compañía. Con Apple sucede lo contrario: es la única marca que explota a fondo la figura mítica de su fundador. Se habla del culto Mac y sus clientes sienten una adhesión casi religiosa", opina Álvaro Montes, columnista de tecnología de SEMANA.

Su dios tiene una historia inspiradora. Su madre era una joven soltera que quería darlo en adopción a un abogado y a su esposa, quienes prefirieron una niña. En su lugar fue criado por una pareja obrera y Steve escasamente terminó el colegio. La leyenda cuenta que siendo casi un niño le encantaba asistir a las conferencias que se dictaban en la Hewlett-Packard, donde consiguió trabajos de verano. En 1976, a los 21 años, en el garaje de su casa, montó Apple Computers con su amigo Stephen Wozniak. Consiguieron los 1.300 dólares que necesitaban al vender su camioneta Volkswagen y la calculadora científica de su compañero. Una empresa local compró las primeras 25 unidades del Apple I, y con el Apple II comenzó su éxito comercial.

"¿Quieres pasarte la vida vendiendo agua con azúcar o quieres cambiar el mundo?", fue la pregunta con la que convenció a John Sculley, alto ejecutivo de Pepsi Cola de trabajar con él. Tiempo después Jobs, a los 30 años, fue desterrado de su empresa por Scully. Malas decisiones causaron tensión entre ambos y la junta directiva respaldó a su contradictor. Durante su exilio de más de una década el empresario comenzó una compañía llamada NeXT, que luego le vendió a Apple a cambio, en parte, de un enorme paquete accionario. De esa manera Jobs volvió al mando para la poner la casa en orden con esa mezcla suya de visionario rebelde, tirano y megalómano.

Su personalidad, tanto como su talento empresarial, ha dado para más de una docena de libros, documentales y una película. A diferencia de otros magnates no es muy dado a la filantropía. Es vegetariano, de filosofía budista, usa jeans incluso en sus presentaciones públicas, y solía sorprender a los compradores e importantes ejecutivos con los pies descalzos sobre su escritorio. Sus rabietas hacen llorar a quienes forman parte de su equipo. "Sin duda es un hombre de negocios brillante, pero sus habilidades sociales dejan mucho que desear", advierte Carlton, quien entre las anécdotas cuenta que el mayor temor de sus empleados era toparse a solas con el jefe en un ascensor pues solía pedirles que justificaran en medio minuto su trabajo, y de no hacerlo bien, eran despedidos. Pero para quienes han soportado sus exigencias y aceptado que las cosas se hacen como él diga admiten que "su talento es llevar a sus trabajadores al límite para que exploten todo su potencial", dijo a esta revista Steve Levy, autor de los libros Insanely Great y The Perfect Thing.

A Jobs no le gusta pensar en el pasado ni en sus errores y tiene una gran facilidad para cambiar de opinión. Es tan obsesivo con los detalles y la estética que hasta está pendiente de que la luz de sus tiendas iluminen sus computadores de manera que brillen como en las propagandas. Quizá por eso criticó a Microsoft por "su mal gusto" y sus "productos de tercera categoría", y de su fundador Bill Gates dijo que sería menos "estrecho si alguna vez se hubiera metido un ácido". Sin duda a lo largo de su carrera su fórmula del éxito ha sido la que hace un par de años le reveló a manera de consejo a los jóvenes que se iban a graduar de la Universidad de Stanford: "Permanezcan hambrientos. Permanezcan descabellados".

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