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Rodrigo García Barcha confesó alguna vez al diario The New York Times que lo intimidaba el legado de su padre, Gabriel García Márquez. Dijo que en una época no escribía porque no quería ser un autor mediocre bajo la sombra del premio Nobel. Pero en 1996, motivado por la idea de dirigir su propia película, se aventuró a crear un guión que se convirtió tres años después en la cinta Things You Can Tell Just by Looking at Her (Cosas que diría sólo con mirarla). Y su experimento funcionó.
La crítica empezó entonces a ver en él a un director con criterio y con futuro. "Es un gran contador de historias que no es demasiado ambicioso y tiene libertad creativa", afirma Joaquín Botero, experto en cine del periódico El Colombiano y de la revista especializada Kinetoscopio. "Sus películas son honestas, sencillas, dramáticas sin ser demasiado fatalistas. Lo que ha hecho lo ha hecho desde abajo, sin decir que es el hijo de nadie, es Rodrigo García y punto".
Ahora, después de alcanzar reconocimiento en festivales tan importantes como los de Sundance y Cannes, se estrena en Colombia su película Almas pasajeras (Passengers). Además, acaba de recibir en el Festival de Cine de Guadalajara el Premio Guadalajara Iberoamericano por su trayectoria como realizador, guionista y director. Justamente en ese evento presentó su última película, Mother and Child (Madre e hija), que espera traer personalmente a Colombia en septiembre.
García admite que alcanzar el reconocimiento no ha sido fácil. Con franqueza reconoce que ha tenido que tocar de puerta en puerta para buscar la plata y así poder hacer sus películas: "Terminan siendo independientes en el momento en que los estudios no quieren invertir en ellas. Durante mucho tiempo traté de que algún productor se interesara en mi primera película. A la gente le gustaba mucho el guión pero le parecía muy riesgosa en términos económicos, por su temática", dijo a SEMANA. Pero eso ya no lo trasnocha porque se acostumbró a ese sistema: "Los grandes estudios aparecen para distribuirlas sólo cuando están terminadas. Pero he tenido que conseguir el dinero con preventas internacionales, con parte de mis ahorros, y con la ayuda de inversionistas privados... A la mayoría le ha ido bien de crítica, pero a todas les ha ido mediocremente en taquilla".
Esas negativas constantes y la escasez de recursos no se ven reflejadas en los actores, y mucho menos en las superactrices que forman parte de sus elencos. Consiguió a Glenn Close, Cameron Diaz, Calista Flockhart y Holly Hunter pese a que era un primíparo, y luego a otras estrellas como Anne Hathaway y Naomi Watts. Las ha conquistado con guiones a la medida: "He contado con la suerte de que por desgracia hay menos papeles interesantes para mujeres que para hombres, especialmente para las mayores de 35 años, que es sobre las que por lo general escribo".
Los especialistas coinciden en que una de las mayores virtudes de García como director es sacar de estas reconocidas intérpretes lo mejor de sí, pero él asegura que es al contrario: son ellas las que al final le "explican" quién es realmente el personaje que él escribió. "Siempre me divierte ver, por ejemplo, qué zapatos escoge Holly Hunter para un personaje. Desde que la veo entrar me doy cuenta de que están perfectos y a mí no se me hubieran ocurrido en 100 años", dice. "Veo a estas actrices con mucha admiración y me imagino la vida interna y las acciones del personaje a partir de ellas". Por eso cuando llega el momento de escribir llena su oficina con las fotos de las artistas que cree que encajarían en sus personajes. A veces las fotos cambian con el desarrollo del guión. Sin embargo, García aseguró en entrevista con The New York Times que no quiere que lo encasillen como el "director de las mujeres", así como a su padre lo encasillaron alguna vez con Cien años de soledad, como si no hubiera escrito nada más en su vida. De todas maneras reconoce que el género femenino tiene un encanto para él: "Ellas son el pegamento de las familias, de los vínculos entre las personas".
Y eso es lo que le interesa. Porque aunque sus películas no son las más taquilleras, logran mostrar las relaciones humanas con gran sensibilidad y realismo. Para esto se inspira en la vida cotidiana, como cuando llegó a Los Ángeles y se encontró con una ciudad de gente solitaria, lo que tiempo después reflejaría en su primer filme. En ese sentido afirma que se siente más cómodo cuando dirige las historias que él ha escrito. Algo que no sucedió con Almas pasajeras (Passengers), que no ha convencido a los críticos. García dice que fue un reto interesante pues experimentó con el género thriller y se estrenó en técnicas de efectos especiales y digitales.
Nacido en 1959 en Bogotá, pero criado en el D.F., Rodrigo habla con acento mexicano pero no olvida sus raíces costeñas. Dejó el país cuando tenía apenas un año, y recuerda cuando viajaba desde Ciudad de México o desde Barcelona, donde vivió durante sus años de colegial, para pasar las vacaciones con su familia en Barranquilla o en Cartagena. "Nunca he vivido en Colombia, pero soy colombiano: mis padres son colombianos, tengo amigos colombianos, me siento casi por partes iguales colombiano y mexicano".
García es historiador, pero nunca ejerció su profesión, pues descubrió desde muy joven, a los 13 años, que lo suyo era la fotografía. Fue aprendiz de camarógrafo antes de estudiar para convertirse en uno de verdad en el American Film Institute de Los Ángeles, ciudad en la que todavía vive con su esposa, la profesora mexicana Adriana Sheineaum, y sus hijas Isabel, de 14 años, e Inés, de 11. Después de pasar por el instituto hizo "todo el recorrido que se hacía tradicionalmente: asistente de cámara, operador de cámara, asistente de fotografía...". Hasta que escribió Cosas que diría sólo con mirarla y pasó a la silla del director.
Recuerda que Gabo, como llama a su papá, leyó el guión antes del rodaje y "le gustó mucho". Mercedes Barcha, su madre, prefiere ver las películas ya terminadas. Como es lógico, al cineasta suelen preguntarle qué tanto ha influido su padre en su vida. "Me da risa y les respondo: '¿el tuyo no
' Todos los padres tienen influencia sobre sus hijos". Rodrigo tiene claro que a él lo marcó crecer entre los amigos de García Márquez: escritores, artistas, poetas, cineastas... "Un mundo de arte y de contar historias". Historias como las que él cuenta hoy.
Desde su debut ha dirigido episodios de series de televisión tan exitosas como The Sopranos, Six Feet Under, y la primera temporada de In Treatment, programa por el que recibió el premio a mejor serie nueva del Gremio de Escritores de Estados Unidos en 2008. García también se llevó un premio del Festival de Sundance por su primera cinta, y un reconocimiento en Cannes. Fue además nominado a un Emmy por la serie Big Love.
Para completar, Stephen Holden de The New York Times describió su cinta Nueve vidas (Nine Lives) como un "juego extraordinariamente rico y satisfactorio de momentos fugaces pero intensos en la vida de nueve mujeres", y de la que Kevin Thomas de Los Angeles Times escribió: "Cada segmento parece tener la forma y el tiempo perfectos. El reparto de García es impecable, tanto él como sus actores han creado una película tan memorable como sutil".
Pese a que se ha construido un nombre propio en el mundo del cine, el director asegura que lo único que le interesa es hacer películas que lo hagan feliz. "No me siento en las Grandes Ligas o, mejor dicho, eso me tiene sin cuidado", comenta. "Si estar en ellas es hacer películas como 'Spiderman', no me interesa, aunque disfrute de ellas. Lo mío es hacer la película que yo quiero, y como yo puedo". Y si de eso se trata, sin duda Rodrigo García Barcha ya entró a las Grandes Ligas del cine.
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