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H ombres y mujeres acuden a sus conciertos en masa. Cuando sale al escenario, todos gritan, levantan los brazos y cantan las letras de sus canciones. Pero, a diferencia de otros roqueros, en los conciertos de Sami Yusuf, de 27 años, es raro ver a sus fanáticas declarándole su amor y mucho menos lanzando sus brasieres al cantante pues, al igual que casi todo su público, es musulmán y profundamente creyente. Su conquista del mundo de la música popular del Islam ha sido toda una sorpresa y un fenómeno, pues muchos mahometanos estrictos consideran que esta expresión artística es 'haram', es decir, un acto prohibido y pecaminoso. Aun así, él ha logrado conquistar a aquellos que siguen esta religión sin fanatismos, con mensajes llenos de amor, reconciliación, identidad y crítica política, al punto de que ha vendido más de cuatro millones de discos, y más del triple de esto en el mercado pirata.
Su familia es de Azerbaiyán, pero él nació en Irán y vive en Inglaterra desde los 3 años. Por eso cuando se le pregunta cuál es su nacionalidad, él responde sin titubear que es británico. La música ha sido parte de su vida desde muy pequeño, su padre es compositor y fue gracias a él que empezó a instruirse con instrumentos clásicos tanto de Oriente Medio, como de Occidente. Fue a un colegio público y se crió con niños de todas las etnias y religiones, como es usual en Londres. A los 16 años sintió que debía explorar más su espiritualidad y comenzó a identificarse mejor con el Islam. En ese entonces estaba convencido de que quería estudiar derecho, pero pronto entendió que no debía desaprovechar sus dotes musicales y decidió ingresar a la Royal Academy of London.
"Todo lo que quise siempre fue hacer buena música y la verdad, me molesta un poco que me clasifiquen como un cantante religioso, me veo como un artista versátil que canta sobre lo que sea que lo inspira", explicó recientemente Yusuf al diario The Independent. Aun así, muchas de sus canciones hablan sobre Dios, por ejemplo uno de sus sencillos más exitosos, Hasbi Rabbi (El Señor es suficiente), es un canto por la protección de Alá. Este tema ha pegado tanto, que se ha convertido en el ring tone más vendido en varios países.
Canta sobre todo en inglés y en árabe, pero también tiene varias estrofas en farsi, hindi y turco. En sus letras critica la intolerancia y los crímenes religiosos. "Tú hablas de democracia/ pero me robas mi libertad…¿no puedes ver
/ este pañuelo/ lo luzco con orgullo", dice en Free, un tema de su álbum, más reciente My Ummah, en donde habla del uso del 'hijab' para cubrir la cabeza de las mujeres. La escribió para Maryam, su esposa, una alemana convertida al Islam. En su canción Muhammad, que dedicó a los niños asesinados en Beslan, entona: "Gente comete atrocidades en su nombre/ ellos asesinan y secuestran sin vergüenza/ ¿pero acaso él enseño odio, violencia y cómo derramar sangre? No… oh no".
Es muy crítico del extremismo, y cree que muchos jóvenes lo ven como una salida cuando pasan por una crisis de identidad en la cual creen que tienen sólo dos opciones, alejarse de su fe o dejarse cegar por ella. "Siento que mis' fans' me a ven a mí como quien los representa, no a Osama Ben Laden", declaró a Reuters.
Por su lado, él reza cinco veces al día y ayuna durante el Ramadán, además vive ahora entre Londres y El Cairo, a donde fue a aprender árabe y a entender esta cultura. Pero también se le ve vestido en jeans y chaquetas de moda, mientras oye su ipod y acepta que es absolutamente fanático de Bono y de Sting. Fue declarado por la revista Time como "la estrella de rock más grande del Islam" y ha dicho en varias oportunidades que no le molestaría ganarse un Grammy o que sus videos roten por MTV. Su música mezcla todas sus influencias, occidental, clásica, árabe, persa, rock y pop. Aunque es muy movida y alegre, como declaró en una entrevista al canal Aljazeera, "yo no bailo. No por ser musulmán, sino porque claramente no soy Justin Timberlake".
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