Durante décadas, los grandes despachos económicos del Estado colombiano fueron territorios dominados por hombres. Las decisiones sobre comercio exterior, inversión, industria y competitividad se tomaban en escenarios donde la presencia femenina era excepcional. Sin embargo, en casi tres décadas, cinco mujeres llegaron a dirigir una de las carteras más estratégicas para la economía del país: Marta Lucía Ramírez, Ángela María Orozco, María Claudia Lacouture, María Lorena Gutiérrez y María Ximena Lombana. Sus historias tienen un punto de encuentro: antes de ocupar una oficina en el Gobierno, construyeron carreras en el sector privado, los gremios, la academia y las entidades encargadas de conectar a Colombia con los mercados internacionales.
La llegada de cada una al Ministerio de Comercio Exterior —posteriormente Ministerio de Comercio, Industria y Turismo— marcó un momento distinto en la transformación económica del país. Ramírez fue la primera mujer en ocupar esta cartera en 1998, durante el gobierno de Andrés Pastrana. Orozco la sucedió en 2002, también en esa administración, en los últimos meses del Ministerio de Comercio Exterior antes de su transformación institucional. Catorce años después, durante el segundo gobierno de Juan Manuel Santos, María Claudia Lacouture y María Lorena Gutiérrez asumieron la dirección del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo. Finalmente, María Ximena Lombana se desempeñó al frente de esta cartera durante el gobierno de Iván Duque.
Pensar en grande
Para Marta Lucía Ramírez, llegar al Ministerio fue la consecuencia de una carrera construida entre las empresas y las instituciones económicas. Antes de convertirse en la primera ministra de Comercio Exterior del país, había sido presidenta de Mazdacrédito, de Anif y Fedeleasing, además de integrante de juntas directivas de entidades como el Banco de Bogotá, Corficolombiana, Corbanca —hoy Itaú— y Gerdau, ese recorrido en el sector privado le permitió a Marta Lucía Ramírez entender que la competitividad no dependía solamente del esfuerzo de los empresarios, sino también de la capacidad del Estado para crear condiciones que permitieran crecer. “La importancia de contar con reglas de juego claras y transparentes, la necesidad de hacer planeación estratégica y tener una visión integral sobre la relación entre el sector real de la economía y el sector financiero fueron aprendizajes fundamentales”, explicó. Esa visión ya había comenzado a desarrollarla años atrás, cuando participó en el gobierno de César Gaviria en el diseño de la institucionalidad que dio origen al Ministerio de Comercio Exterior y a Bancóldex mediante la Ley 7 de 1991.
Su apuesta era construir una entidad técnica, pequeña y profesionalizada, capaz de preparar a Colombia para competir en una economía global. “Desde el diseño mismo introduje esa visión de innovación, creatividad y necesidad de una estrategia de competitividad exportadora”, recordó Ramírez. Cuando asumió la cartera en 1998, llevó esa idea a la práctica con el Plan Estratégico Exportador, diseñado con una visión de diez años; la Red Colombia Compite; los Comités Asesores Regionales para la Competitividad, las Exportaciones y el Emprendimiento (Carce), y una política pública para impulsar nuevos empresarios.
A su juicio, el mayor error del Estado colombiano ha sido pensar con la lógica de los periodos presidenciales y no con una mirada de largo plazo. “A Colombia hay que pensarla en grande, mirando hacia el horizonte de la historia y no con la obsesión de aparecer en la foto del edificio de 50 pisos una vez terminado”, afirmó.
Arquitecta de la competitividad
Todo ese proceso tuvo continuidad con Ángela María Orozco, quien acompañó desde el interior del Gobierno esta transformación. Primero fue viceministra de Comercio Exterior, luego presidenta de Proexport y finalmente ministra durante los últimos meses del gobierno de Andrés Pastrana. Su experiencia le permitió participar en la construcción de una política que buscaba que más empresas llegaran a los mercados internacionales.
Para Orozco, el principal aprendizaje de ese recorrido fue comprender que exportar no consiste simplemente en vender en otro país, sino en entender qué necesita un consumidor global. “Más que ir a convencer a alguien en el exterior de comprar lo que yo produzco, el reto consiste en identificar qué quiere y qué necesita ese consumidor. El camino para abrir un mercado internacional es largo y espinoso; no es opción desistir ante el primer obstáculo o el primer no”, señaló al referirse a los desafíos que enfrentan las empresas cuando buscan competir afuera.
Durante su paso por el Gobierno, participó en la consolidación del sistema Colombia Compite, en la renovación de la estrategia de promoción de exportaciones y en programas para preparar a las pequeñas y medianas empresas frente a los mercados internacionales. Pero, además, su historia está ligada a otro elemento: la construcción de redes de mujeres que abrieron camino dentro del Estado.
Orozco reconoció que Marta Lucía Ramírez fue una de sus principales mentoras y que su llegada al ministerio permitió que otras mujeres ocuparan posiciones de liderazgo. También destacó la influencia de figuras como Magdalena Pardo y María Isabel Patiño.
“Sin el voto de confianza, el ejemplo y el acompañamiento de mujeres como ellas, el camino habría sido exponencialmente más difícil”, afirmó.
Esa experiencia, dijo, la llevó posteriormente a impulsar el crecimiento profesional de otras funcionarias. Para Orozco, el liderazgo no se trata solamente de ocupar una posición de poder, sino de identificar talento y crear equipos capaces de superar, incluso, las capacidades individuales de quien dirige.
Preparar a Colombia para competir
Más de una década después, el ministerio tendría nuevamente a una mujer al frente. María Claudia Lacouture llegó a la cartera en 2016, durante el segundo gobierno de Juan Manuel Santos, después de una trayectoria marcada por la promoción internacional de Colombia desde ProColombia. Su experiencia había estado enfocada en atraer inversión extranjera, fortalecer exportaciones y posicionar al país como destino turístico.
“La comodidad adormece, la curiosidad disciplinada despierta”, resumió al hablar del aprendizaje que llevó desde el sector privado y la promoción empresarial hasta el Gobierno. Para Lacouture, liderar el ministerio significaba convertir las ideas en resultados concretos. “Promover un país va más allá de los discursos, porque es abrir puertas para que llegue una inversión, para que una empresa exporte, para que un turista cambie la forma en que mira a Colombia y para que una oportunidad se convierta en empleo”, señaló.
Su apuesta, según explicó, consistió en pasar de la promoción a la transformación productiva. “El principal hito fue pasar de la promoción a la transformación desde las regiones, desde la puerta de las empresas para adentro y en el turismo”, afirmó Lacouture. Ese cambio implicaba entender que la competitividad no se construye únicamente abriendo mercados, sino fortaleciendo las capacidades internas de las empresas. “El reto era que más compañías pudieran aprovechar las oportunidades que ya existían, mejorar sus procesos, elevar sus estándares de calidad y ofrecer bienes y servicios con mayor valor agregado”, explicó.
Por eso, su visión del liderazgo combinaba estrategia y ejecución. “Liderar exige combinar visión con método: prepararse, escuchar, entender el contexto, construir equipo y ejecutar con disciplina para que las ideas se conviertan en resultados”. Su gestión estuvo enfocada en fortalecer las capacidades productivas desde las regiones. Durante esos años avanzaron iniciativas como el Conpes de Productividad, las apuestas productivas regionales, el programa Fábricas de Productividad y el fortalecimiento de instrumentos como el Plan Vallejo y las zonas francas. En turismo, impulsó una estrategia basada en la biodiversidad colombiana, con énfasis en naturaleza, bienestar y avistamiento de aves.
En 2017, María Lorena Gutiérrez asumió el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo durante el mismo gobierno de Juan Manuel Santos. Su trayectoria combinaba academia, sector público y empresa privada, pues había sido profesora y directiva de la Universidad de los Andes, secretaria general de la Presidencia y posteriormente llegaría a convertirse en presidenta del Grupo Aval.
“La academia me dio método, rigor y profundidad; el sector público me enseñó la complejidad real de Colombia, y el sector privado me mostró el valor de la ejecución”, aseguró. Esa experiencia también le dejó una convicción: el desarrollo del país requiere menos divisiones entre sectores y más capacidad de construir puentes para resolver problemas concretos. Desde la academia aprendió la importancia del análisis y la evidencia; desde el Estado, que las decisiones públicas dependen de instituciones, presupuesto, equipos técnicos y capacidad de ejecución; y desde la empresa, que las ideas solo generan impacto cuando logran convertirse en resultados. “El liderazgo no consiste solo en tener una visión, sino en armar equipos, alinear voluntades, tomar decisiones y hacer que las cosas pasen”, señaló.
Su gestión estuvo marcada por la idea de que abrir mercados no era suficiente si las empresas colombianas no tenían las capacidades para competir. Por eso impulsó programas orientados a mejorar la productividad, la calidad y la sofisticación empresarial. “El reto no era solamente abrir mercados, sino preparar mejor a las empresas para competir en ellos”, sostuvo.
Barreras silenciosas
Las cuatro exministras coinciden en que su llegada a estos cargos ocurrió en escenarios donde las mujeres todavía tenían que demostrar más para recibir la misma confianza. Ninguna reduce su trayectoria al género, pero todas reconocen que enfrentaron barreras en espacios históricamente dominados por hombres.
Ramírez habló de los “moretones y cicatrices” que deja romper techos de cristal y de la responsabilidad de dejar abierto el camino para quienes llegan después. Lacouture sostuvo que una mujer no debe imitar modelos masculinos de liderazgo para ser escuchada, pues su autoridad debe construirse desde la preparación, la firmeza y los resultados.
“Uno no puede quedarse en la vanagloria de haber sido la primera en llegar a un cargo, sino en haber llegado por primera vez y dejado el espacio abierto para que después lleguen muchas mujeres”, explicó Ramírez. Gutiérrez señaló que aún existen barreras silenciosas: mujeres que dudan antes de postularse a cargos porque sienten que deben cumplir todos los requisitos, cargas familiares que siguen recayendo de manera desigual y procesos de promoción donde todavía existen sesgos.
“Hay que abrir oportunidades reales, medir avances, revisar procesos de promoción, cerrar brechas salariales y garantizar que las mujeres lleguen a posiciones con responsabilidad, equipos, presupuesto y capacidad de incidir”, afirmó.
Sus carreras muestran una transformación particular: son mujeres que llegaron al poder económico del Estado después de construir credibilidad en el mundo empresarial y que, tras su paso por el Gobierno, ampliaron su influencia en las discusiones sobre competitividad, inversión y desarrollo productivo.
