Publicado: 21/10/1996

GUERRA Y PAZ

GUERRA Y PAZ

Mientras Guatemala da el ejemplo hacia la paz tras 30 años de guerra la subversión se niega a desaparecer en América Latina.

Apesar de todas las dificultades que aún gravitan sobre el proceso de paz guatemalteco la ceremonia de la semana pasada en Ciudad de México, en la que el gobierno y la guerrilla firmaron un nuevo acuerdo 'fundamental' para la supremacía del poder civil, marca un hito sorprendente en un país cuya historia se ha visto surcada por la intervención del estamento militar y demuestra que no importa la profundidad de las diferencias cuando la voluntad de paz y el cansancio de la violencia se han apoderado de la voluntad colectiva. El acuerdo firmado no es poca cosa. El propio ministro de Defensa, general Julio Balconi, anunció que contempla la reducción de 33 por ciento del total de 45.000 efectivos militares, lo que se llevará a cabo en un plazo gradual de entre seis y 12 meses. También se incluye la reestructuración de los servicios de inteligencia militar, para lo cual será creado un organismo de inteligencia civil y una policía técnica de investigación a cargo del Ministerio Público. Por otra parte, se creará un Consejo de Seguridad Nacional al más alto nivel, sin participación militar sino sólo de la nueva Policía. Como si eso fuera poco, también se incluye la eliminación de la Policía Militar Ambulante, la eliminación de los tribunales militares y la separación del Ejército de los temas de seguridad interior. Por otro lado, el acuerdo habla del fortalecimiento del poder civil, al cual deberá estar subordinado el militar. Para el efecto el acuerdo estipula el fortalecimiento, mejoramiento, reforma y reestructuración de los organismos Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Lo más alentador es que el acuerdo de la semana pasada dio cumplimiento al compromiso adquirido por las partes en agosto, cuando una declaración conjunta de la gubernamental Comisión de Paz _Copaz_ y la guerrillera Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca asumieron el compromiso de terminar el proceso antes de finalizar este año en ceremonias que tendrán lugar en Madrid y Oslo. Ese ya no parece un objetivo imposible por cuanto el convenio sobre la supremacía civil era el último de los fundamentales, teniendo en cuenta que ya están solucionados temas tan difíciles como el Acuerdo global sobre derechos humanos, el de Reasentamiento de las poblaciones desarraigadas, identidad y derechos de los pueblos indígenas, así como Aspectos socioeconómicos y situación agraria. Lo que queda pendiente son los aspectos operativos de la desmovilización y reinserción guerrillera. De esa manera se encamina a su conclusión un año que empezó con buenos augurios desde cuando en marzo militares y guerrilleros aceptaran acogerse a una propuesta de la ONU para iniciar un cese al fuego informal, que estableció el clima de distensión. Como dijo la semana pasada un observador europeo, "en 34 años de guerra es la primera vez que en varios meses no hay un solo muerto por causa del conflicto". Tres aspectos resultaron cruciales para que Guatemala diera un salto cualitativo en un proceso de paz iniciado en 1991 pero sujeto a múltiples inconvenientes, como el autogolpe del presidente Jorge Serrano en 1993. Primero, la llegada al poder del presidente Alvaro Arzú, un político pragmático que supo entender el cansancio del país ante la guerra subversiva más antigua de la región. Segundo, la serie de denuncias internacionales contra los atropellos de los militares guatemaltecos, que dio como resultado la suspensión de la ayuda de Estados Unidos en medio de un escándalo suscitado por la participación de la CIA en varios asesinatos. Y tercero, la habilidad de los líderes guerrilleros para superar su incapacidad de ofensiva militar y dar el paso hacia el proselitismo político. Es una gran ironía que el acto de firma del último 'acuerdo sustancial' entre las partes del conflicto guatemalteco haya sido celebrado en México y con la presencia del Ministro del Interior de Colombia, porque cuando comenzó el largo proceso hacia la paz de Guatemala esos dos países, como integrantes con Venezuela del Grupo de los Tres, pusieron su grano de arena para promocionar el diálogo. Hoy, mientras las armas se callan en Guatemala, México vive sus horas más amargas ante el surgimiento de un segundo grupo guerrillero, el Ejército Revolucionario del Pueblo, que parece dispuesto, al contrario de sus colegas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, a librar una guerra de desgaste contra el Estado mexicano. Y Colombia presencia la escalada guerrillera más inquietante de su historia con todos los canales de solución pacífica cerrados. La pregunta es si el ejemplo guatemalteco podrá permear las voluntades de esos dos países para que los grandes problemas nacionales se puedan resolver sin convertir a los respectivos territorios en un infierno de muerte y destrucción.
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