Publicado: 21/12/2012

Continúa la polémica por la partida de Gérard Depardieu

Continúa la polémica por la partida de Gérard Depardieu

El actor Gérard Depardieu es solo el más reciente de una serie de estrellas francesas que están dejando su país para no pagar sus altos impuestos.

La partida de Gérard Depardieu, quien se fue vivir a Bélgica, ha causado sensación en el país. En una carta al primer ministro Jean-Marc Ayrault, el actor mas conocido de Francia le dice que “me voy, después de haber pagado en 2012 un impuesto de 85 por ciento sobre mis ingresos. Pero conservo el espíritu de esta Francia que era bella, y que, espero, lo seguirá siendo”.

La partida de Depardieu hacia su nueva residencia en Néchin, pequeña ciudad belga fronteriza con Francia, ha generado burlas y enojo en un momento en que la crisis fiscal se agrava. El primer ministro Jean-Marc Ayrault dijo que la decisión es “mas bien patética”. “Él es una gran estrella, todo el mundo lo quiere como actor” dijo Ayrault, “pero pagar un impuesto es un acto de solidaridad, un acto patriótico” añade. 

Depardieu, de 63 años, forma parte de un puñado de celebridades y millonarios que se han ido de Francia desde mayo, cuando fue elegido el socialista François Hollande. Para reducir el déficit fiscal y la deuda el mandatario estableció una tasa impositiva marginal de 75 por ciento para ingresos superiores a un millón de euros, o 1,3 millones de dólares, una medida simbólica y propagandística que afecta solo a unos cuantos miles y no ha contribuido a bajar el déficit. Hollande ha anunciado impuestos adicionales para recaudar 20.000 millones de euros más el año entrante. 

En cambio los residentes de Bélgica no pagan impuesto al patrimonio ni gananciales cuando se venden acciones. En Francia tienen que pagar un impuesto al patrimonio de 0,25 por ciento sobre activos valorados en 1,3 millones de euros o mas. Y los que tienen mas de 3 millones de euros pagan dos veces esa cifra, o sea 0,50 por ciento. 

Depardieu, quien llega a la cifra de 85 por ciento al agregar otros impuestos directos e indirectos, no es el único francés que vive en Néchin. El alcalde, Daniel Senesael, dice que el 27 por ciento de los habitantes son de ese origen. Bernard Arnault, el multimillonario del grupo que produce las marcas Moet et Chandon y Louis Vuitton - y el hombre más rico de Francia reveló en septiembre pasado que había pedido la ciudadanía belga. 

Durante meses se ha sabido de ricos que emigraron, particularmente a Londres. Y no son mal recibidos. El alcalde, Boris Johnson, ha dicho que el impuesto es una señal de “tiranía”, mientras el primer ministro David Cameron dijo que le tendía el “tapete rojo” a los franceses que se quisieran mudar. 

El fenómeno, en todo caso, no es nuevo.   El cantante Johnny Hallyday, la máxima súperestrella pop francesa, ha vivido en Suiza durante años y solicitó ciudadanía belga. El actor Alain Delon vive en Suiza también, aunque al mismo tiempo es jurado del concurso Señorita Francia.

La partida de Depardieu ha revivido dudas sobre la capacidad de liderazgo de Hollande y su compromiso real de llevar a cabo las reformas que le han exigido sus socios de la Comunidad Europea. Esta semana el profesor Edouard Tétreau, de la escuela de negocios HEC, escribió que había peligro de que Hollande fuera “el Jimmy Carter de la izquierda francesa,lleno de buenas intenciones, pero quien arrastraría a su país a la humillación, degradación y recesión”. 

Los críticos del presidente dicen que está probando ser lo que siempre han dicho, un líder débil que huye de las decisiones difíciles y no tiene una visión de país. “Hollande es primeramente un político táctico local. Lo que le da el peso es la fortaleza de su partido y sus aliados.Toma sus decisiones siempre en el contexto de las próximas elecciones” dice una persona cercana a los socialistas. 

Hollande ha tomado medidas audaces como ser el primer miembro de la Otan que reconoció a la oposición siria. Pero aún no ha caído en cuenta de que la economía requiere cambios de fondo, sobre todo disminuir significativamente el tamaño del estado, que es el 25 por ciento de la economía, el mayor en toda la Unión Europea. El déficit es tan profundo que una medida cosmética como el “impuesto a los ricos” solo consigue mover el debate en las revistas de farándula.
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