Publicado: 02/02/2013

La otra guerra de la economía colombiana

La otra guerra de la economía colombiana

La revaluación se ha convertido en el otro gran enemigo del gobierno: la industria en retroceso, los cafeteros quebrados, el agro en entredicho y las exportaciones pasmadas. ¿Le ganará esa batalla al mercado?

La caída del dólar es, de lejos, el mayor problema que enfrenta la economía colombiana. Se convirtió en una pesadilla para los empresarios –principalmente exportadores– y en un dolor de cabeza para el gobierno y el Banco de la República, que no encuentran la fórmula eficaz para detener el desplome de la divisa estadounidense.

Aunque este problema, que se conoce como revaluación (significa que por un dólar cada vez se reciben menos pesos), le cae como anillo al dedo a los importadores pues abarata sus compras, para el conjunto de la economía puede ser nefasto pues les quita competitividad a las empresas y hace estragos tremendos en el empleo. 

En Colombia el fenómeno tomó dimensiones críticas. El año pasado, el peso colombiano fue la tercera moneda del mundo que más se revaluó frente al dólar (8,85 por ciento), después del esloti polaco (11,37 por ciento) y el forinto húngaro (10,03 por ciento). En América Latina fue la moneda más apreciada, seguida por los pesos de México y Chile (8,42 por ciento ambas). 

Desde diciembre del año pasado, el dólar en Colombia se ancló por debajo de los 1.800 pesos, una tasa de cambio considerada insostenible por los expertos. Este nivel tiene al sector privado con los pelos de punta y prendió las alarmas del gobierno, pues puede llegar fácilmente a descuadernar la economía. El ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, reconoce que “a este paso el país va a terminar inundado de importaciones, sin actividad industrial y agrícola y sin empleo, que es lo fundamental para una economía”. Su colega de gabinete, el ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, no ha estado menos preocupado, pues afirma que “con la tasa de cambio actual es difícil que un sector como el agrícola levante cabeza”. El año pasado las importaciones agropecuarias y agroindustriales crecieron –en valor– un 12,4 por ciento, una tasa mayor a la que aumentaron las exportaciones –sin café– que fue del 8 por ciento.

Cada sector vive su propio drama. Los cafeteros dejaron de recibir el año pasado más de 100.000 millones de pesos en sus exportaciones por efecto del dólar barato. Esto significa una caída en los ingresos para las 550.000 familias que viven de esta industria. Los floricultores no volvieron a crecer. Aseguran que se han cerrado más de 60 empresas y que ya varios están haciendo fila ante la Supersociedades para acogerse a la Ley de Reestructuración Empresarial. Los bananeros, por su parte, señalan que la revaluación los tiene en jaque y que solo en el Urabá antioqueño cerca de 32 fincas están a punto de cerrar y que están en riesgo 3.000 empleos.

En la industria manufacturera la situación es igualmente dramática. Sectores tan emblemáticos como los textiles y las confecciones –también el calzado– están viviendo los coletazos de un dólar barato. El país está inundado de telas, prendas de vestir y zapatos venidos del oriente –especialmente de China– a precios irrisorios, frente a los cuales los industriales locales aseguran que no pueden competir. En dos años las importaciones de confecciones se duplicaron y, en el caso de las telas, las que vienen del exterior tienen hoy una penetración del 41 por ciento, una cifra histórica para esta industria. 

Para muchos analistas, todo lo anterior confirma que al país llegó lo que se conoce como la enfermedad holandesa, es decir, las consecuencias negativas de una entrada masiva de divisas a una sola actividad económica, afectando a otras, como el agro y la industria, por la vía de la revaluación, acompañada del encarecimiento de la mano de obra.

Y las cosas se podrían poner más difíciles. Colombia es una economía cada vez más abierta, pues ha venido firmando acuerdos comerciales con varios países y esto pondrá a las empresas locales a competir con los productos que lleguen del exterior. Como dice Augusto Solano, de Asocolflores, TLC con revaluación es una mezcla explosiva, pues lo que se vendrá es una disparada de las importaciones en detrimento de las exportaciones. El año pasado, mientras las exportaciones totales crecieron un 6,3 por ciento, las importaciones lo hicieron al 8 por ciento. Un dólar más barato estimula la traída de productos desde el extranjero.

Pues bien, ante los estragos causados por la revaluación, muchas voces venían pidiéndole al Banco de la República acciones más agresivas como las que han hecho otros bancos centrales, entre ellos el de Perú, que no ha escatimado esfuerzos en comprar grandes cantidades de dólares en el mercado. 

El anterior ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, perdió esa batalla ante el Emisor colombiano, pues nunca logró que la junta aprobara la petición del gobierno de aumentar las intervenciones en el mercado. Según el exministro, durante los dos años que estuvo en la cartera, “las respuestas del Banco de la República fueron tenues y débiles”.

El ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, ha dirigido el coro de quienes han venido pidiéndole al Banco ser más audaz en su política de comprar reservas internacionales, es decir dólares. 

Finalmente, el lunes pasado, el Banco de la República escuchó a todos y decidió aumentar hasta 30 millones de dólares diarios la compra de divisas (un aumento del 50 por ciento frente a lo que venía haciendo) y redujo la tasa de interés de referencia del banco a 4 por ciento (estaba en 4,25). 

La primera medida busca sacar más dólares del mercado para mermar la oferta y tratar de hacer subir la tasa. La segunda, pretende darle un empujón a la economía que viene desacelerándose, pero también tiene un efecto sobre la tasa de cambio, pues acorta la diferencia entre las tasas externas e internas, desestimulando la entrada de capitales en busca de mejores rendimientos. Hay que recordar que afuera las tasas están en casi cero, por lo tanto los capitales viajan detrás de los mercados que paguen mayores intereses.

El gobierno por su parte, anunció que no monetizará dólares (no los convertirá a pesos) y le pidió a Ecopetrol que consiga en el mercado local, por la vía de bonos o del crédito bancario, parte de la financiación que buscará para este año, estimada en 2.000 millones de dólares,. El ministro de Hacienda tampoco descartó el control de capitales.

Lo que más llamó la atención de los anuncios de la semana pasada fue la posición del ministro Hacienda, quien habló del objetivo de llevar el dólar a 1.950 pesos. Es la primera vez que un ministro de Hacienda se fija un nivel de tasa de cambio, lo que sorprendió a los más ortodoxos, aunque a otros les pareció una señal acertada de que el gobierno está dispuesto a enfrentar la revaluación.

Desafiando al mercado

La verdadera pregunta que hoy todos se hacen es si estas medidas serán suficientes para hacer subir el dólar o si son solo paños de agua tibia. Por ahora, quedan muchas dudas. 

La semana pasada, tras los anuncios del banco central y el gobierno, el dólar ni se inmutó. Siguió por debajo de los 1.800 pesos, con leves movimientos de 3 pesos hacia arriba o hacia abajo. 

La desconfianza del mercado se explica de varias maneras. Muchos piensan que aumentar en 10 millones de dólares al día la compra de dólares no hará ni cosquillas a la tasa. 

Otros creen que al Emisor le hace falta más contundencia para mostrar que realmente quiere una tasa de cambio más elevada. Aunque el gerente de la entidad, José Darío Uribe, ha dicho que sería conveniente un peso más devaluado, el mercado no interpreta esto como un objetivo del Banco.

Para el economista Mauricio Cabrera, si el Banco sigue enviando una señal de que está conforme con una tasa de 1.800 pesos, no pasará nada. En igual sentido opinó el exministro de Hacienda José Antonio Ocampo, quien afirmó que mientras el Emisor haga las intervenciones a regañadientes el mercado no se perturbará. 

El exministro de Hacienda Rudolf Hommes aunque destacó que se aumentarán las compras de dólares, cree que será insuficiente para hacer que esta moneda suba de 1.800 pesos. “Con la parsimonia del Banco de la República será difícil”.

Ahora bien, hay un temor adicional en el mercado. Por más que se controle la demanda de divisas, la oferta seguirá llegando por diversos canales. Las empresas se están endeudando afuera porque les resulta más barato conseguir financiación en dólares que en pesos. Davivienda acaba de colocar 500 millones de dólares, la ETB planea conseguir en el exterior otros 300 millones y Findeter piensa en otros 600 millones. 

Hay otra preocupación relacionada con la reforma tributaria. Como se bajó la retención en la fuente a la inversión extranjera en TES, esto podría ser una fuente para que lleguen más dólares “Los inversionistas están felices y eso tendrá un efecto de más apreciación cambiaria”, afirmó un analista.

En el mercado también hay escepticismo frente a la posibilidad de que Ecopetrol se financie en el mercado local o no monetice las divisas que recibe por el crudo que exporta. Estas son dos medidas que buscan quitarle presión al chorro de divisas que entra al país por la vía de la petrolera.

Muchos sostienen que el sistema financiero no está en capacidad de prestarle la magnitud de los recursos que requiere la compañía para adelantar su plan de inversiones. Tampoco se ve fácil que Ecopetrol no traiga los ingresos por exportación, pues los requiere para operar y para girarle al gobierno, su accionista mayoritario. Cabe anotar que vende el 75 por ciento de su producción en el mercado externo, es decir, seguirá recibiendo dólares y algunos de ellos tendrán que entrar al país. El año pasado se calcula que Ecopetrol monetizó unos 12.000 millones de dólares, un volumen enorme que presionó la tasa a la baja.

En las próximas semanas vendrá una lucha contra las fuerzas del mercado, que la mayoría de las veces termina imponiéndose. El gobierno asegura que una tasa por debajo de 1.800 pesos no está acorde con la nueva realidad de la economía. Distintos análisis sugieren que la entrada de divisas se frenará, porque las exportaciones ya no están boyantes como antes. Por el contrario, las que están vigorosas son las importaciones. 

Además, los precios de muchas de las materias primas han caído, como el carbón, cuyo precio ha perdido casi un 50 por ciento. La producción de petróleo ya no crecerá a tasas del 15 y 20 por ciento por año, como hace poco. Se estima que bajará a una fase de crecimiento entre el 5 y el 6 por ciento anual.

El analista financiero Daniel Niño considera que no tiene sentido una tasa de cambio tan fuerte cuando la economía ha tenido un deterioro. Basta ver las cifras del tercer trimestre del año pasado, cuando comenzó a sentirse la desaceleración del Producto Interno Bruto. 

Para el ministro de Hacienda, las medidas anunciadas deben ayudar a encauzar la tasa hacia 1.950 pesos por dólar, pero advierte que si el mercado se resiste –y no cree que será así– siempre habrá otras opciones. Eso significa algún tipo de medida de control de capitales, un tema tabú entre los economistas clásicos. Cárdenas dice que aunque no le gusta, la opción no está en un archivo perdido.

El problema es que Colombia está haciendo la tarea para ser miembro de la OCDE y los controles a los capitales no caen bien en ese club de países. La semana pasada, Pier Carlo Padoan, secretario general adjunto de la entidad, dijo en Bogotá que para detener la apreciación de la moneda, en lugar de tomar medidas proteccionistas, deben considerarse otras acciones estructurales y un aumento de la productividad. Y la verdad es que en ese sentido, el mayor desafío que tiene el país es mejorar la infraestructura, pues es uno de los factores en donde los empresarios colombianos pierden toda competitividad.

Ahora bien, Colombia no se puede concentrar solo en los hidrocarburos y los minerales. Si se quiere tener una economía creciendo más sanamente hay que impulsar la industria y el agro que son los que ponen los empleos. Como ha dicho el ministro Cárdenas, la economía colombiana debe estar más cerca de México que de Chile y Perú, países concentrados en la producción minera.

Los empresarios están contentos al ver la acción decidida del gobierno y del Banco de la República por luchar contra la revaluación, pero saben que todo no puede ser a punta de tasa de cambio. Tienen que hacer mayores esfuerzos por modernizarse, innovar y ganar en competitividad a base de nuevos productos y ser más productivos.

Esta es una economía que ha cambiado. El consumidor juega un papel central y el consumo pasó a ser una parte determinante en el crecimiento del PIB. Los consumidores buscan precios bajos, y ahora tienen una oferta amplia para escoger. Con una economía abierta, lo único cierto es que la competencia es a todo dar.

La buena noticia es que el gobierno dejó en claro que está casado con la defensa de la industria y el agro y que por las buenas o por las malas tratará que el dólar suba. ¿Le ganará al mercado esta batalla? Eso se sabrá en las próximas semanas.

¿Qué se puede hacer?

Ante un problema tan complejo hay que pensar en opciones más ingeniosas. SEMANA presenta el menú de opciones.
  • El exministro de Hacienda, José Antonio Ocampo propone fijarle un piso a la tasa de cambio, y crear un impuesto a las exportaciones de productos minero-energéticos. Considera que el piso podría ser de 2.100 pesos por dólar, e incluso sugiere una trayectoria moderada de devaluación. Y de no lograr contener la caída del dólar, Ocampo afirma que se podría pensar en reinventar lo que en el pasado se conoció como retención cafetera, pero con los mineros. Esto significaría que los exportadores de carbón, petróleo, oro o ferroníquel mantengan una parte de sus ingresos de exportación en títulos de largo plazo en el Banco de la República.
  • El director de Fedesarrollo, Leonardo Villar, afirma que cuando la revaluación viene principalmente de factores como el boom minero-energético y los altos precios de las materias primas, el control no solo depende del Emisor. Hay que ahorrar como Chile y Perú. El asunto es que esta es una receta difícil de aplicar, dados los compromisos y las metas que se ha fijado el gobierno, que le demandan mucho gasto. Aunque se puede ahorrar por la vía de más ingresos, la reforma tributaria aprobada no contempló un aumento en este sentido.
  • Y mientras la gente pide y pide al Emisor que compre más dólares, el director de Anif, Sergio Clavijo, recuerda que esto termina por deteriorar el balance del Banco de la República, que lleva varios años dando pérdidas. Las operaciones de compra de dólares tienen un costo financiero importante para el Banco, y no hay que olvidar que sus utilidades se las entrega al gobierno. El gerente del Banco de la República, José Darío Uribe, estima que las pérdidas de la entidad este año podrían acercarse al billón de pesos. Las pérdidas del año pasado ascendieron  a unos 350.000 millones de pesos. En 2011 fueron de 356.000 millones y en 2010 de 272.500 millones de pesos. “No es aconsejable continuar incrementándolas. Podría hacerle perder la independencia presupuestal del Banco Central”, señala Clavijo, para quien una medida para enfrentar el problema de la revaluación es mejorar la productividad de los sectores. En esto, la infraestructura juega un papel clave. 
  • Por el lado empresarial, Rafael Mejía y Luis Carlos Villegas, presidentes de la SAC y de la Andi respectivamente, consideran que el Banco de la República debería en la próxima junta hacer una nueva reducción en las tasas de interés y aumentar la compra de divisas. Son partidarios de aplicar, si es necesario, controles a los capitales especulativos. Pero también afirman que el sector privado tiene que poner su granito de arena, siendo más innovadores y productivos.
  • Otros analistas sugieren seguir los pasos de Perú, cuyo gobierno anunció que comprará más de 4.000 millones de dólares este año para apoyar al Banco Central, que en 2012 ya adquirió más de 13.000 millones para frenar la apreciación de la moneda local. 

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