Publicado: 02/02/2013

Ríos, pero de sangre

Ríos, pero de sangre

El general Efraín Ríos Montt en su guerra contra la subversión intentó exterminar al pueblo indígena. Así fue la vida del primer expresidente centroamericano enjuiciado por genocidio.

“Guatemala es maravillosa, pero necesitamos un cambio y este consiste en imponerle su voluntad a otro”, dijo con una sonrisa perversa el general José Efraín Ríos Montt en la televisión cuando era presidente de ese país. Hoy, luego de 30 años, esa sonrisa no volverá a su rostro, pues deberá enfrentar un juicio por el genocidio de poblaciones indígenas ocurrido en su único año de gobierno, entre 1982 y 1983.

Ríos Montt no era un novato en usar artimañas y en pasar por encima de los demás para lograr sus objetivos. Como se sabía afectado por el astigmatismo, se aprendió de memoria el orden de las letras del examen de visión, para poder ingresar a la academia militar que años después dirigió. Pero, tal vez, su estrategia preferida fue mostrarse como un personaje angelical para esconder una personalidad fría y capaz de todo para conseguir sus fines.

“Óigame, comunista, ¿dónde está el derecho de propiedad y de petición? ¡Hola, comunista!” repetía en sus discursos. Y esta fue precisamente la bandera de su batalla: frenar la “amenaza roja”. Tras perder las elecciones de 1974 por un supuesto fraude, fue enviado a España como agregado militar. Empeñado en darle un giro rotundo a su vida, sumida en el alcohol y las depresiones, volvió a su país en 1977 y al año siguiente adhirió a una iglesia pentecostal. Como decía él mismo, en ese ejercicio de misticismo evangélico tuvo las revelaciones metafísicas que le indicaron que debía salvar a Guatemala del comunismo.

Cuatro años después subió al poder. Según su versión, mientras explicaba pasajes bíblicos a su comunidad, unos soldados lo interrumpieron para anunciarle que dos altos oficiales habían derrocado al presidente Romeo Lucas García, y que lo esperaban para que asumiera con ellos el poder. Conocedor o no del complot de antemano, lo cierto es que poco después Ríos Montt dirigía un país acostumbrado a las formas más grotescas de poder, en un triunvirato con los cabecillas del golpe. Y con la misma rapidez con la que su vida se había transformado en los últimos cinco años, se deshizo de sus pares para proclamarse único presidente.

Entonces comenzó la etapa más sangrienta en la historia de Guatemala. Según dijo a SEMANA Federico Roncal, director del Proyecto Desarrollo Santiago (Prodessa), enfocado a apoyar a las víctimas del genocidio, el dictador es “una combinación de racismo (contra los indígenas), nacionalismo anticomunista, autoritarismo y fanatismo religioso que lo llevó a considerarse el elegido de Dios para salvar a Guatemala”. Experto en acomodar las fichas a su favor, logró también que el presidenteRonald Reagan le brindara ayuda militar.

En su guerra santa contra el comunismo no tuvo reparo en intentar exterminar a la población indígena Ixil mediante una política de tierra quemada. Aplicando el principio según el cual “el agua es para el pez lo que el pueblo es para la guerrilla”, mandó asesinar unos 10.000 guatemaltecos y borró 448 aldeas del mapa. Pero como aseguró en una ocasión, estaba convencido de que “el buen cristiano es el que se desenvuelve con la Biblia y la metralleta”. Pronto Washington le quitó el apoyo y su ministro de Defensa le dio su correspondiente golpe de Estado.

Con la idea de que su misión aún no estaba cumplida, intentó volver al poder democráticamente en 1986. Aunque era el favorito en un pueblo sin memoria, fue inhabilitado por haber ejercido el poder de facto. Pero aún tenía un as. Omar Barrios, director del Centro de Estudios de Derecho (Cede) de Guatemala, le explicó a SEMANA que Ríos “conformó su partido FRG y fue estableciendo relaciones en la estructura de gobierno que le otorgaron una cuota de poder”. Y paradójicamente los campesinos mayas, a quienes intentó borrar de la historia, lo apoyaron hasta que, en 2004 se hizo con la Presidencia del Congreso.

Pero ahora, el país parece haberse sacudido de la amnesia. Luego de un largo proceso entorpecido por artimañas, Ríos Montt será enjuiciado por genocidio y crímenes de lesa humanidad. Aunque como afirma Roncal, “difícilmente la sentencia podrá ser correcta, pues mucha gente tiene las manos manchadas de sangre indígena, incluyendo a los que están en el poder”, este es el momento para que el país supere la creencia según la cual la miseria y el sufrimiento son su destino inevitable.
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