Publicado: 04/02/2013

La obligación moral de movilizarse por la paz

La obligación moral de movilizarse por la paz

La movilización social por la paz, la construcción de opinión y el cambio cultural son determinantes en la construcción de una cultura de paz.

¿Qué moviliza las sociedades? La psicología social se ha hecho esta pregunta y ha encontrado algunas respuestas  sobre la relación entre las movilizaciones sociales y la protesta social. En diversos estudios se ha evidenciado que por ejemplo, la ira es un movilizador significativo en especial cuando se observa una injusticia o cuando ocurren eventos para los que las acciones legales no parecen tener ningún efecto. El segundo elemento es la  creencia que la movilización puede ser eficaz es decir, que con ella se pueden lograr los objetivos deseados. En tercer lugar, los fuertes compromisos de identidad política con sus implicaciones de presión del grupo, la pertenencia y la cohesión del mismo moderan la participación en las movilizaciones. Por último, se ha trabajado sobre la obligación moral como movilizador social. Recientemente, en un estudio realizado en la Universidad de Santiago de Compostela, liderado por el profesor José Manuel Sabucedo y Xiana Vilas, se indagó sobre el papel de la obligación moral en la movilización a la protesta (en el marco de la crisis española) destacando algunos elementos relevantes para comprender la movilización ciudadana, que a mi modo de ver resultan fundamentales en la construcción de una cultura de paz. 

La obligación moral -afirman estos investigadores- supone una decisión personal de participar en acciones ligadas a las creencias de lo que se considera moralmente correcto;  la movilización desde esta perspectiva no se da por la búsqueda de un beneficio personal, o por creer que se logrará un objetivo en particular (eficacia) y menos, porque un grupo presione o no por movilizarse (identidad política), tampoco por las emociones vinculadas con el objetivo de la movilización  (la venganza por la injusticia, la inequidad o por la muerte de un ser querido).  

Aún cuando seguramente todos los elementos mencionados  pueden estar vinculados, lo central y más importante es que la movilización se da por la creencia en que hay un conjunto de principios (obligación moral) que es necesario defender por el bienestar de la sociedad.  Ahora bien, la pregunta es ¿cuál es nuestro significado de moral?, en nuestro caso, parece obvio, cientos de miles de muertos, más de 180 mil desaparecidos en impunidad,  5 millones de víctimas, millones de desplazados, eventos de violencia sistemática contra los más vulnerables, con una de las mayores desigualdades del mundo, con los peores índices de pobreza de todo el continente.  Me pregunto -y les pregunto- ¿qué es lo que consideramos moralmente correcto?, ¿sentimos alguna obligación moral que nos impulse a movilizarnos frente a  eso que consideremos incorrecto? 

Entender la movilización ciudadana es -por supuesto- tener claro que en todos los casos las emociones, las opiniones, las creencias y en general todo nuestro comportamiento es moldeable.  En este sentido, los medios de comunicación, el sistema educativo, la familia, los partidos políticos y las organizaciones religiosas -ya sabemos- tienen un papel fundamental en la construcción social de lo aceptable y de lo que no lo es. 

Es evidente que los múltiples intereses económicos y políticos que ven la paz como una amenaza, en nuestro contexto prefieren seguir en guerra antes que buscar alternativas a la resolución de los conflictos y no querrán movilizar ninguno de sus recursos por la paz; seguramente, utilizarán todo su poder como hasta ahora lo han hecho -y además con mucho éxito- para sistemáticamente seguir justificando y legitimando, la guerra como recurso entre aquellos que podrían dudar y, los y las que creen aún que nuestra guerra ha sido justificada y lo sigue siendo. 

Es en este sentido, que movilizarse por la paz, -así parezca ingenuo, poco eficaz e incluso políticamente incorrecto-, en un país de economía de guerra (para todos los bandos) y lleno de venganza, injusticia e inequidad,   implica, en primer lugar, trabajar en forma sistemática y en todos los escenarios por la construcción de opinión crítica sobre lo que es moralmente inaceptable, como por ejemplo usar la violencia homicida o en cualquiera de sus formas como recurso para lograr cualquier objetivo. Es moralmente inaceptable violar los Derechos Humanos, destruir el medio ambiente, es moralmente inaceptable que la búsqueda del poder y de la riqueza, siempre efímera, para beneficiar unos pocos dañe a muchos otros, es moralmente inaceptable utilizar o destruir a los más vulnerables, atacar o intentar destruir la diversidad y la pluralidad, es moralmente inaceptable (por inútil) la venganza como criterio de legitimación, el abuso del poder y que la justicia favorezca solo a quienes tienen más recursos. 

En segundo lugar, es una prioridad posicionar en la agenda social lo que es moralmente correcto: el cuidado del ambiente que implica la supervivencia de los más vulnerables,  cuidar los recursos que no se renovarán jamás, es moralmente aceptable la defensa de la vida por medios pacíficos, trabajar con y por las víctimas,  por los valores que implica la paz como proceso, por hacer cotidiano en nuestro diario vivir la solidaridad, la cooperación, el cuidado por los otros, aceptar y proteger la diferencia y disminuir la inequidad. En definitiva la movilización social por la paz, la construcción de opinión y el cambio cultural sobre lo que es moralmente inaceptable y lo que es aceptable es determinante en la construcción de una cultura de paz. 

 *Grupo Lazos sociales y Culturas de Paz. Profesor asociado Pontificia Universidad Javeriana. Editor Universitas Psychologica. Correo electrónico: lopezw@javeriana.edu.co. Twitter @wilsonLpez9
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