Publicado: 19/01/2008

Algo huele mal

Algo huele mal

En las calles de Bogotá hay un negocio clandestino que paga más del 300 por ciento. Nadie lo controla y las colas son interminables.

En un paìs como Colombia, donde la gente tiene la enorme paciencia de hacer cola para todo, no es extraño ver filas que dan tres vueltas a la manzana en una de las principales avenidas de Bogotá. Pero esta no es una interminable cola de pensionados, ni es para pagar los servicios públicos, ni mucho menos para sacar la visa norteamericana. Es para multiplicar el dinero de la gente en muy poco tiempo.

La esperanza de salir de la pobreza o de ver que sus ahorros se conviertan en cifras millonarias ha llevado a muchos a creer en un negocio que parece sencillo pero es peligroso. Se trata de la captación de dinero de particulares en un lugar cualquiera. Sólo basta un millón de pesos en efectivo, una fotocopia de la cédula ampliada al 150 por ciento y soportar una larga fila para que en tres meses, ese mismo millón se duplique. Cualquiera diría que de eso tan bueno no dan tanto. Pero es así. Nadie entiende de dónde, ni quién, ni cómo, ni por qué, pero el negocio es aparentemente tan próspero, que nadie quiere perder la oportunidad.

Eso está sucediendo en las calles de Bogotá, en un local cualquiera en donde, hasta hace una semana, se anunciaba la venta de perfumes a 9.999 pesos. Pero la gente no hace fila de más de tres cuadras desde las 2 de la madrugada para comprar un perfume en un garaje. Las personas que están ahí, invierten sus ahorros en una supuesta corporación que ayuda a personas pobres de la ciudad.
Esa es la idea que les han vendido. No se sabe quién. Lo cierto es que cada una de estas personas cuenta la misma historia. “Hace un mes invertí un millón de pesos en efectivo por recomendación de varios familiares miembros de la Policía. Solo dejé mis datos: nombre y cédula, y me entregaron un papel verde como comprobante de mi ‘inversión’. Hoy, recibí 350.000 pesos de intereses, cumplido el segundo mes me dan otros 450.000, y en el tercer mes, 450.000 más”. Pero eso no es todo. Esa persona que estaba haciendo fila le dijo a SEMANA que los 900.000 pesos que recibe entre el segundo y tercer mes se los entregan así haya retirado el millón de pesos que dio cuando arrancó el negocio. “Y si decido reinvertir ese mismo millón de pesos hasta en tres ocasiones más, me dan una rentabilidad del 370 por ciento”.

SEMANA vio varios miembros de la Policía y del Ejército a quienes no les importaba hacer fila uniformados con tal de ver que sus ahorros fueran multiplicados en muy poco tiempo. “Si militares y policías se atreven a meter su plata, pues entonces el negocio no es tan riesgoso”, le dijo a SEMANA una de las personas que ingresó al local y dejó su primer millón de pesos.

Averiguar quién está detrás de este próspero negocio no es tan fácil. Un grupo de hombres con walkie talkies y vestidos de civil vigila los alrededores y organiza los clientes. Al local entran grupos de 10 personas que son cuidadosamente requisadas. “Adentro entregamos el dinero, llenamos un formulario, y listo. Después esperamos a que nuestro millón se multiplique”, le dijo a SEMANA otro de los ‘inversionistas’, que salió del garaje.

Este tipo de negocios ha crecido como espuma en el país. La Policía de Bogotá sabe que por lo menos cuatro locales como éste están funcionando, pero dicen que hasta ahora no han recibido denuncias por estafas relacionadas con este tipo de actividades. La Superintendencia Financiera ha alertado sobre casos similares en Putumayo y Huila que hasta ahora están siendo investigados.
La captación de dineros por parte de empresas no financieras no es nueva en Colombia ni en el mundo y casi nunca es una historia color de rosa. El sistema que les venden a los incautos inversionistas se basa en el esquema ‘Ponzi’, que no es más que la idea que le surgió al italiano Charlie Ponzi en los años 80, cuando usaba el dinero que recibía de sus inversionistas para pagar a los primeros que habían entrado en el ‘negocio’. Estos les contaban a sus amigos y así funcionaba una cadena piramidal que terminó por llevar a Ponzi a la cárcel por estafa.

Muchas personas en el pasado han terminado así, estafadas. Y bien vale la pena que el gobierno intervenga en la legalidad de este tipo de negocios que han sido prohibidos en el mundo, en que la gente incauta cree que va a salir de la pobreza. Por eso, es mejor huir de las inversiones fáciles y colocar los pesos ahorrados en un lugar seguro. No sea que el día de mañana terminen siendo calificados como los “tontos del barrio”, como le ocurrió a quienes confiaron en el método del italiano Ponzi.

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