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| 3/12/2017 3:11:00 PM

"No soy Donald Trump": Wilders, el holandés que atemoriza a Europa

Está amenazado de muerte, vive en una casa de máxima seguridad y ve a su esposa una vez a la semana. No le gusta el islam, las mezquitas, el Corán. Tampoco la Unión Europea y el euro. Podría ganar las próximas elecciones el 15 de marzo.

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BBC

El político holandés Geert Wilders dice que no le desea esta situación a su peor enemigo pero se mantiene firme en sus ideas, las mismas que lo han convertido en uno de los favoritos en las elecciones parlamentarias que se celebran este miércoles 15 de marzo en Holanda.

Muchos lo comparan con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pero Wilders reivindica su individualidad.

"No soy Donald Trump, no me llamen el Trump holandés, soy el Geert Wilders holandés", subraya. ¿Cómo es?

El político "anti"

Nacido hace 53 años en Venlo, una ciudad industrial del sur de Holanda, Wilders es el fundador y líder del Partido para la Libertad (PVV, por sus siglas en neerlandés).

Las premisas que le han acercado en los sondeos al actual primer ministro holandés Mark Rutte del partido liberal de derecha VVD son claras y giran en torno al No:

No al islam,
No a las mezquitas y escuelas islámicas en Holanda,
No al Corán, al que equipara con la obra Mein Kampf ("Mi lucha") de Adolf Hitler,
No a la inmigración procedente de países musulmanes,
No al velo y al burka,
No a la Unión Europea y al euro.
En un país conocido por su tolerancia y apertura social, curiosamente este discurso del No ha encontrado eco en una población desencantada con la clase política tradicional.

¿Les suena? Es un escenario que recuerda a la victoria del sí en el Brexit (el referendo sobre la salida de Reino Unido de la Unión Europea) y la de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos.

Pero -como él insiste en defender- Wilders es su propio hombre, con su propio partido, en su propio país.

La más clara diferencia

La principal diferencia entre Trump y Wilders es su relación con la política.

El magnate neoyorquino tuvo en su condición de outsider una de las bazas más potentes para hacerse con el respaldo de un electorado descontento con el sistema establecido.

Pero Wilders lleva 20 años involucrado en política.

En 1997 ocupó su primer cargo público, fue en las filas del ahora rival VVD como concejal en Utrecht, la cuarta ciudad más importante de Holanda.

Un año después entró en el Parlamento holandés y en 2002 se convirtió en portavoz parlamentario del partido, puesto en el que llamó ya la atención por sus declaraciones en contra del islam y de lo que bautizó como la islamización de Holanda y de Europa.

Dos fuertes sacudidas

El discurso de Wilders fue recibido con asombro en un país acostumbrado a la diversidad cultural y la convivencia interreligiosa.

Pero dos hechos sacudieron este pacífico panorama: en 2002,pocos días antes de las elecciones, un activista medioambiental holandés mató a tiros al político Pim Fortuyn, abierto crítico del islam.

El ideario de Fortuyn fue de alguna manera recogido por Wilders, que abandonó el VVD en septiembre de 2004 por la postura del partido respecto a una posible negociación con Turquía para su entrada en la Unión Europea.

Dos meses después, un joven de origen marroquí mató en plena calle de Ámsterdam al controvertido cineasta holandés Theo van Gogh, que había realizado un documental anti-islam. Submission.

Aquel suceso, con el asesinato de Fortuyn tan reciente, sumió a Holanda en un proceso de reflexión y a Wilders le supuso un cambio radical de vida.

Tras desvincularse del VVD, Wilders formó su propia agrupación, que en 2006 debutó en las elecciones parlamentarias como Partido para la Libertad,

Vigilancia 24 horas

Desde la muerte de Theo van Gogh, Wilders ha recibido múltiples amenazas de muerte de parte de individuos y de grupos como al Qaeda y el Talibán y vive bajo constante protección policial.

Va siempre acompañado de seis guardaespaldas y reside en una casa de máxima seguridad del estado. Le llevan en auto blindado de su casa al despacho del Parlamento y viste un chaleco antibalas.

Su despacho está en el rincón más aislado del edificio legislativo al que sólo se puede llegar por un pasillo para que sea más fácil eludir un posible ataque.

A su esposa Krisztina, a quien conoció en la embajada de Hungría en Holanda y con la que se casó en 1992, sólo la ve una vez a la semana por cuestiones de seguridad.

"Hace 12 ó 13 años que no paseo solo, ni manejo mi propio auto, o abro mi buzón de correo ¡o vivo en mi propia casa!", le dijo Wilders recientemente al periodista de la BBC John Sweeny para el programa Newsnight.

Halo de misterio

Esta situación le rodea de un halo de riesgo y misterio que, según algunos analistas, juega en su favor.

Además, le da motivos para insistir en su mensaje de rechazo al islam, del que dice que no es una religión sino una "ideología equiparable al fascismo o el comunismo".

Las amenazas de muerte no le intimidaron.

En 2008 realizó el documental Fitna en el que intercalaba versos del Corán con imágenes de ataques armados.

El filme sólo se transmitió en un sitio de internet y le supuso un veto para entrar en Reino Unidos, que fue retirado en 2010.

"No digo que todas las personas sean extremistas pero la ideología del islam y la libertad son conceptos incompatibles, no podemos abrir las fronteras", expresó Wilders en la entrevista con Sweeny.

"Si ignoramos los problemas de ahora, y no le digo ya los del futuro con la llegada de más gente de África por la explosión demográfica, dejaremos de existir", sostuvo.

"Las personas somos iguales", admitió, "pero las ideologías, los valores no son iguales, las religiones no son iguales.

"Decir que la cultura islámica es igual que el cristianismo, que hay que dejarles entrar sin exigirles que se integren o se asimilen es lo peor que nos ha pasado", insistió.

En un mitin de 2014, Wilders le preguntó a sus simpatizantes si querían más o menos marroquíes en Holanda. "¡Menos, menos!", le respondieron.

Este acto le valió a Wilders el pasado diciembre una condena por discriminación y ofensa a un grupo, aunque no le impusieron sentencia.

Viaje de juventud a Israel

Es complejo definir con exactitud dónde se originó este rechazo frontal de Wilders al islam.

Criado como católico, se declara agnóstico pero defiende la superioridad de la tradición judeocristiana.

Con apenas 18 años, viajó a Israel, donde pasó dos años, parte de ellos en un kibutz, y quedó cautivado por el país.

Algunos biógrafos cuentan que, ya de vuelta en Holanda pero antes de su entrada en política, fue asaltado por una persona de origen marroquí.

Fuera por un evento personal o por una cuestión ideológica, el caso es que el antiislamismo de Wilders se ha convertido en su sello personal.

Le sigue de cerca su rechazo a la Unión Europea y su promesa de sacar a Holanda del bloque si llega al poder, el llamado Nexit.

Impacto imborrable

Wilders es fundador, líder y único miembro del Partido para la Libertad, que no tiene una estructura formal como partido.

Las demás personas que ocupan los escaños del PVV en el Parlamento holandés, en el europeo o en instancias locales no son miembros del partido aunque lo representen.

Wilders no quiere que se identifique a su formación ni a él con la extrema derecha o grupos fascistas.

Su caso es difícil de etiquetar porque en cuestiones sociales se considera progresista y defiende con firmeza los derechos de las mujeres y la comunidad LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales).

Wilders ha logrado que estas elecciones giren en torno al concepto de identidad, quizá ayudado por los citados precedentes del Brexit y Trump.

En la línea del eslogan "Hagamos a Estados Unidos grandioso de nuevo", el de Wilders dice: "Devolvamos Holanda a los holandeses".

"Vivimos lo que yo llamo una primavera patriótica", expone.

Dado el sistema de gobiernos de coalición que rige en Holanda y el rechazo de los demás partidos del espectro político a aliarse con él, es improbable que Wilders llegue a ser primer ministro.

Pero su impacto en la política holandesa y europea es ya imborrable y, en ese sentido, Wilders se puede considerar vencedor sin siquiera ganar la elección.

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