Al moverse, Alejandra Azcárate —actriz, modelo— deja una estela de irreverencia, de seguridad implacable, que es difícil de ignorar: hasta el más desinteresado se inquieta por voltear a verla, y ni qué decir de cuando habla. Su voz no admite flaqueos y la fluidez de lo que cuenta es excepcional. Si se equivoca, se corrige a ella misma al instante, lo que hace pensar que las imprecisiones, las ambigüedades, poco o nada le interesan.
En cada aparición que hacía Cruella de Vil, la mítica antagonista de Los 101 dálmatas, una energía muy similar crispaba el aire. Enfundada en abrigos de piel, tacones rojos de punta y esa característica melena bicolor, Cruella dejó de ser solo una villana con un plan malévolo para convertirse en un referente de estilo, pero sobre todo de elegancia.
“Es una mujer que desde que yo era niña la veía mayor, y hoy la sigo viendo joven: es un personaje atemporal”, recordó Azcárate. “Y siento que de ella en mí hay eso: la atemporalidad. Por eso mismo he logrado conectar a través de mi trabajo con generaciones muchísimo menores y mayores. Con lo cual me he dado cuenta de que lo que le gusta a la gente es la autenticidad”.
Esa es la otra característica que asegura compartir con Cruella: “Es un sello que tiene y que también está en mí. Se volvió un emblema, un ADN muy claro”. Aquel que se cruce por la calle con una mujer vestida de blanco, negro y rojo, en una chaqueta de piel o en otra prenda cualquiera, sabrá inmediatamente que algo de Cruella de Vil respira en esa combinación. “Es una impronta de su estilo”, destacó la actriz.
Al ojo público colombiano lo tenía un poco abandonado. Emprendió una gira mundial con su monólogo Lo que se permite, se repite, subiéndose a los escenarios de varias ciudades europeas para hablar, entre otras cosas, de la verdad. “Vengo de hacer 15 ciudades en Europa. Mmm… Perdón, 13 ciudades en Europa. Fui imprecisa. Voy a hacer 15 ciudades en Estados Unidos en agosto; luego, en septiembre, regreso a Europa con la misma gira anual, y cierro noviembre en seis ciudades de Australia”.

Todo parte de una pregunta: “¿Qué es la verdad?”. La actriz afirma que existen tres verdades: la propia, la del otro y la generada; difundida y extendida con mucha facilidad por una otredad más grande. “Todos terminamos teniendo tres vidas: la pública, la privada y la que nos inventan… ¿Hasta dónde se puede llegar con eso? Porque la verdad tiene tanto de encantador como de riesgoso”. Esas son las preguntas que por estos días le rondan la cabeza.
El reencuentro con el público, dice, ha sido muy gratificante. “Hemos tenido 98.3 de aforos agotados en su totalidad, es una bestialidad. Por ese lado he estado muy contenta”, aseguró. Fue en medio de ese corre corre que recibió la llamada de Mario Hernández, la firma de moda colombiana, para que estelarizara la campaña de su más reciente cápsula con Disney.
Al principio no sabía que el personaje sería Cruella, pero cuando lo supo fue un sí automático. “Cuando sabes que es Mario Hernández y Disney, sabes que será una campaña de altísimo nivel. Cruella, además, me parece unos de los personajes, sin duda, a nivel femenino, más icónicos de la historia de Disney”.
Basta toparse con alguna foto de la campaña para advertir que el personaje le cayó como anillo al dedo. Altiva, suntuosa, feroz: cada cartera, bolso o accesorio acentúa todavía más el espíritu de Vil. “Es una mujer antagónica y protagónica, y creo que en el fondo todas tenemos algo de eso: nuestra porción oscura y luminosa. Ella logra entrelazarlas muy bien a través de la gracia y la sátira”, expresó Azcárate.
La cápsula de Cruella, compuesta por bolsos, accesorios y piezas de edición limitada, toma esa visión y la convierte “en una colección exclusiva que celebra el poder de ser diferente”, revelaron desde Mario Hernández. “Son piezas coleccionables en las que el contraste se vuelve protagonista a través de una paleta de color contundente (...) y detalles inesperados y autóctonos colombianos como la tagua, que resaltan el trabajo artesanal de los productos”, agregaron.
En palabras de Azcárate es “una apuesta muy transgresora. Porque es multigeneracional y atemporal. Veo los seis modelos de cartera y fácilmente los podría usar una prima mía como también se las podría regalar a mi mamá. Eso es fascinante”.
Ahora mismo la actriz está trabajando en un libreto para Netflix. Anticipa que será una serie de diez capítulos que verá la luz el próximo año y que será “un éxito, porque es una serie conmovedora y muy divertida”. Además, de vez en cuando organiza ‘La descualquierada de la Azcárate’, una megafiesta a la que solo invitan mujeres y no admite hombres.
“Allí he descubierto un espacio maravilloso de seguridad. Todas se sienten muy contenidas, salen con amigas, bailan, gritan, gozan; me llevan incluso a las mamás y van hasta las recién divorciadas. Es un fiestón hasta las cuatro de la mañana que hemos agotado en Miami, Nueva York y Bogotá. Las mujeres no paran de aullar”, contó.
Y así, entre sesiones de fotos, fiestones, vuelos, escenarios, monólogos, preguntas, carteras y entrevistas se despliega últimamente la vida de La Azcárate. Ojo: la vida pública de La Azcárate. Porque hablando de verdad, ella misma repite que mucho de lo que puedan pensar los otros casi siempre se remite solamente a una pequeña capa de su caparazón: “Cruella tiene una nobleza muy bien protegida dentro de su caparazón. Ella se puede ver no cruel sino fuerte, pero en realidad no lo es tanto. Tiene un corazón muy noble, y ahí también encontramos otro punto en común”.
