El pasado fin de semana, Ámsterdam se vistió de gala para ser el escenario de la inauguración del WorldPride 2026, que pondrá, durante dos semanas, a los Países Bajos como el epicentro de la celebración internacional más importante dedicada a la visibilidad y los derechos de la comunidad LGBTQ+.

La edición de este año tiene además un valor simbólico para la nación europea, debido a que se conmemoran los 25 años de la legalización del matrimonio igualitario en su territorio. Todo un hito por ser el primer país en dar vía legal al casamiento de personas del mismo sexo desde el 1 de abril de 2001.
En ese escenario, la reina Máxima de los Países Bajos se robó todas las miradas porque fue la primera monarca reinante en inaugurar oficialmente un WorldPride, un hecho sin precedentes para cualquier reinato en el viejo continente.
La soberana encabezó la ceremonia de apertura celebrada en el Vondelpark de Ámsterdam, donde ofreció un discurso centrado en la inclusión, la diversidad y el respeto por los derechos de todas las personas.

La intervención de Máxima fue breve pero contundente. Primero levantó un cartel que decía: “El amor no tiene fronteras”. Cuando la alcaldesa de Ámsterdam, Femke Halsema, le cedió el micrófono, la reina simplemente dijo: “Sosténganse los unos a los otros, apóyense mutuamente y disfruten. Poder ser uno mismo, amar a quien quieras, ¿no es eso lo normal?”.
La participación de Máxima no fue una decisión improvisada. La Casa Real tenía preparada esta intervención, que fue interpretada por analistas de la realeza y medios internacionales como una muestra del respaldo institucional que la monarquía mantiene hacia la igualdad y la diversidad.
Adicionalmente, el gesto fue considerado una respuesta al papel que históricamente ha desempeñado el país en la defensa de los derechos civiles.
Máxima, nacida en Argentina y reina consorte de los Países Bajos desde 2013, ha respaldado en diferentes ocasiones iniciativas relacionadas con la inclusión social, la integración y los derechos de la comunidad LGBTQ+, además de ser una de las figuras más activas de la familia real neerlandesa en causas vinculadas con el desarrollo social y la inclusión financiera.

Como suele ocurrir en cada aparición pública de la soberana, su vestuario llamó la atención por su elegancia. Máxima eligió un vestido de alta costura de la firma belga Natan, una de sus casas de moda predilectas, acompañado por un llamativo tocado dorado diseñado por Berry Rutjes. El accesorio, inspirado en hojas de laurel y estrenado originalmente durante las carreras de Royal Ascot en 2019, fue recuperado para esta ocasión como parte de un estilismo que combinó reciclaje de piezas y alta costura.
Antes de participar en la ceremonia inaugural, la reina recorrió distintas actividades del Pride Park, entre ellas encuentros con organizaciones deportivas y juveniles vinculadas al colectivo LGBTQ+, donde conversó con participantes y representantes de diferentes iniciativas sociales. Los organizadores la recibieron al ritmo de “Dancing Queen”, de ABBA, en uno de los momentos más comentados de la jornada.
