Cómo fue el camino de Óscar Figueroa hacia la gloria dorada

El agradecimiento a las pesas de Figueroa. EFE/FERNANDO BIZERRA

El pesista antioqueño es un ejemplo de persistencia para el país, la muestra de que la derrota también nos puede trazar un camino hacia grandes éxitos.

La trayectoria de Óscar Figueroa durante su recorrido olímpico es un ejemplo, incluso desde los traspies. El ganador del primer oro para Colombia en Río-2016 no es una casualidad sino una consecuencia de un paso a paso, algunos con menos éxitos que otros, pero que desde hace 22 años de carrera vienen construyendo la grandeza que hoy se celebra.

Este deportista nacido en Zaragoza el 27 de abril de 1983 estuvo en su pueblo natal hasta sus 9 años hasta que la violencia entre guerrillas y paramilitares los obligó a irse para Cartago (Valle), donde se enfocó hacia los deportes, entre ellos el levantamiento de pesas. Un triunfo local lo acercó a la Liga Vallecaucana de Halterofilia y desde ahí se forjó un camino dirigido hacia el éxito. Con 15 años fue a Praga a su primer mundial juvenil, un año después ganaba su primera medalla dorada para el país y a sus 17 años ya hacía parte del programa como deportista de alto rendimiento de levantamiento de pesas en la categoría de 56 kilos deInstituto de Deporte y Recreación del Valle del Cauca y recibía apoyo de Coldeportes.

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Su éxito muy pronto lo llevó a unos Juegos Olímpicos en Atenas-2004, donde participó sin mucho éxito en la categoría de 56 kilos, pero donde obtuvo su primera experiencia olímpica, en el mismo escenario donde Mabel Mosquera ganaba una medalla de bronce para el país en su mismo deporte y cuatro años después del oro de María Isabel Urrutia en Sidney-2000. Él ya aprendía a soñar desde los triunfos de otros, en vivo y directo.

Para Pekín-2008 llegó como uno de los mejores en la categoría de 62 kilogramos, la misma que ahora ocupa. La propia Urrutia sabía del potencial de este atleta que para sus 24 años ya sumaba una experiencia muy valiosa y que con el camino trazado desde muchos años atrás, en 1999, con el búlgaro Gantcho Karouskov. Bajo la mano dura de ese técnico había crecido la halterofilia en el país y en ese mismo proceso estaba Figueroa. Sin embargo, ese exceso de exigencia del europeo también intensificó una hernia discal cervical que lo afectaría camino a los juegos en Asia.

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En el momento de la acción su mano no respondió y la frustración lo recorrió de inmediato: la realidad era que la lesión lumbar atacaba justo en ese instante e incluso los médicos cubanos le advirtieron del riesgo de no hacerse revisar de inmediato. El país recuerda al antioqueño sentado llorando mientras su compañero Diego Salazar celebraba su obtención de plata en la misma categoría. Figueroa no se cansa de reconocer que esa situación lo motivó aún más en su carrera.

Así fue como cuando llegó a Londres-2012 llevaba una experiencia gigante, la renovación tras la salida de Karouskov en medio de acusaciones de maltrato a los deportistas y la ilusión de ponerse una presea. Esos elementos fueron una fuerza adicional que lo llevaron a cargar un total de 317 kilogramos y de imponer un récord olímpico en dos tiempos con un levantamiento de 177 kilogramos, aún vigente, con lo que se llevó la medalla de plata para el país. La revancha había llegado, pero no aún su mejor momento.

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Esa situación de gloria llegó el 8 de agosto de 2016, un día después de una celebración patria y a sus 33 años, casi 22 años después de un largo camino de aprendizaje entre drama y victorias. En enero fue operado de su espalda y volvió a la actividad muy pronto con el sueño de más grandeza. Así, con un peso total de 318 kilogramos y ante la impotencia de sus rivales, el antioqueño era el más fuerte en su categoría y con ello cargaba las ilusiones de un país que lo veía desde ahora como el primer medallista masculino bañado en oro en unos Juegos Olímpicos, luego de un camino duro pero reconfortante hacia la gloria dorada.