Por qué ser atleta olímpico es tan grande como ganar una medalla

La experiencia adquirida por Mosquera a sus 21 años hace parte de su proceso a pesar de quedar de cuarto. Foto: Stoyan Nenov / POOL / AFP

Los sacrificios, el proceso y la experiencia que hacen tan valiosos a los deportistas que participan en unos Juegos Olímpicos, a pesar de quedar eliminados tempranamente en algunos casos.

El juicio sin compasión del fanático al trabajo de un atleta es tan común que criticarlos podría ser considerado un deporte nacional. La baja tolerancia a la derrota en muchas ocasiones nubla el análisis verdadero de un colombiano que está en las principales justas del mundo, en la máxima cita. Sin embargo, la realidad es muy diferente a la evaluación superficial.

De hecho, un atleta que se encamina a ser olímpico debe dedicar su día a día a una disciplina, tener en su cabeza toda una cultura deportiva y entrenar todos los días de manera sistemática e ininterrumpida, en un esfuerzo superior a la de una persona del común que incluso los lleva a dejar de lado en gran parte su familia para dedicar su vida a su deporte. Incluso, este año Coldeportes realizó una inversión de 13 mil millones de pesos para clasificación, preparación y participación de los atletas en Río-2016.

Le recomendamos: Así van los colombianos tras la primera semana en Río

“La idea con los atletas es mostrar el desarrollo deportivo del país porque ellos se preparan durante cuatro años para poder llegar a esas competencias, que convocan a los mejores del mundo y son la máxima expresión del deporte. Solo clasificarse ya es un gran logro”, explica Tirso Zorro, coordinador de Deportes de Alto Rendimiento de Coldeportes, que añade cómo esta relación de desarrollo deportivo es una comparación con otros países en los Juegos Olímpicos.

Por lo mismo, asistir a pesar de estar lejos del podio es parte del mismo olimpismo que construye procesos es una filosofía que no solo implica obtener un metal, sino tener la vivencia. “Eso hace parte del deportivismo, pues si solo se pensara en que se tiene que ganar medalla, mucho no irían”, afirma Tirso que entiende que ganar es ser el mejor del mundo, pero que también es bueno estar en ese camino al participar en los Juegos.

Para pensar en un proceso bien consolidado como proyecto olímpico se trabaja el desarrollo del atleta durante unos 10 años, desde su infancia o adolescencia de acuerdo al deporte. El semillero se encuentra desde los Juegos Intercolegiados y un ejemplo de eso fue precisamente Óscar Figueroa, en su momento. Observaciones de biotipo, cualidades y demás características sirven como guía para la selección de los pequeños Figueroa del futuro.

Le puede interesar: Oswaldo Pinilla, la fuerza detrás de los pesistas colombianos en Río

Para darle la suficiente experiencia internacional se le incluye en todo un ciclo olímpico con presencias en Juegos Nacionales, Suramericanos, Bolivarianos, Panamericanos y más de una docena de participaciones internacionales como mínimo. Sin embargo, ese trabajo no solo depende de Coldeportes y Comité Olímpico Colombiano, sino del proyecto que presente cada una de las federaciones, su planificación y proyección.

“Con los atletas tenemos un análisis técnico y ya se sabe más o menos cómo será su resultado porque han venido compitiendo internacionalmente con muchos rivales con los que se ven en esas competencias”, explica Zorro, quien asegura que con esas cifras cada federación realiza una estrategia. “Viene todo un proceso que va decantando el potencial que hay en cada deporte. Trabajamos con las federaciones pero sí hacemos énfasis con los que tienen más posibilidades Tiene que ver mucho el trabajo de la federación y si eso sucede va a haber una mirada de Comité Olímpico Colombiano y de Coldeportes”, añade.

No todo depende de si se gana medallas e incluso el Comité Olímpico Internacional establece una puntuación y le da diplomas olímpicos a los que se queden en los primeros ocho puestos. Colombia ya lleva tres en estas justas e incluso dos de ellos fueron por cuartos lugares en levantamiento de pesas, que estuvieron a muy poco de subirse al podio. Al final, el orgullo de representar al país y dejarlo en alto en unos Juegos Olímpicos ya es un logro con brillo propio.

ÓSKAR ANTONIO ORTIZ ECHEVERRÍA
Colaborador de SEMANA.COM