El camino para pasar de anónimo a medallista olímpico

Óscar Figueroa y Yuri Alvear tuvieron un valioso proceso. Fotos: EFE-Montaje Semana

Ejemplos como Óscar Figueroa y Yuri Alvear son una muestra del trabajo y recorrido que debe tener un atleta antes de alcanzar el podio.

El brillo de un medallista olímpico se resume en una imagen, pero para contar la historia para llegar hasta allí no bastan mil palabras. Colombia puede dar prueba de eso con su primer medallista de oro olímpico en Río-2016, Óscar Figueroa, que luego de un largo proceso, de 22 años de carrera y de cuatro participaciones en Juegos Olímpicos obtuvo su primera medalla de oro en levantamiento de pesas.

Aunque las excepciones son fáciles de encontrar, el proceso suele ser de un aprendizaje cargado de muchas derrotas y a veces de frustraciones que hacen del dolor del pasado el motor del futuro. No en vano las lágrimas de muchos son la descarga emocional ante ese sueño cumplido. "Colombia es un país en desarrollo en el judo y yo he ganado tres títulos mundiales, una medalla de bronce y ahora la de plata en Rio. Creo que estoy enseñando el camino y haciendo historia", aseguró Yuri Alvear, que aunque lloró de tristeza al perder el oro, sabe que a sus 30 años aún puede aspirar a una tercera presea, esta vez dorada, en Tokio-2020.

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La carrera de un deportista no empieza cuando llega a los Juegos Olímpicos y un medallista no se construye solo por estar allí. Antes hay un camino de más de 10 años de competencia previa desde su niñez o adolescencia y la construcción de cada atleta como un proyecto. Coldeportes encuentra este semillero en las competencias intercolegiadas y desde allí nace su trabajo, aunque a veces surgen otros talentos que despuntan por fuera del apoyo de esa entidad.

Un ejemplo de eso fue el gimnasta cucuteño Jossimar Calvo, que desde los cinco años se apasionó guiado por su admiración a Jean Claude Van Damme. Hasta sus 17 años obtuvo su primera medalla en Juegos Panamericanos con el país y hasta hoy a sus 22 años estuvo por primera vez en Juegos Olímpicos, luego de un ciclo olímpico brillante cargado de títulos en Copas del Mundo, Mundiales, panamericanos y suramericanos que lo pusieron en la mira del país. Él ocupó el décimo lugar en individual general y aplazó su sueño de medalla para los juegos en Asia.

Y es que suele necesitarse de un importante recorrido para soñar con una medalla. Por ejemplo, Ximena Restrepo empezó en el mundo del atletismo en 1982 y su proceso resultó exitoso muy pronto, pues ya en 1985 era campeona bolivariana. Aún así, a pesar de su talento evidente, cuando estuvo en sus primeros Olímpicos en Seúl-88 llegó hasta semifinales. Solo en 1992 pudo colgarse el bronce en los 400 metros planos, en el punto más alto de una carrera que terminó pronto por lesiones. Esa es considerada para muchos como una de las medallas más valiosas obtenidas a nivel técnico.

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El primer oro colombiano llegó con la inclusión de la halterofilia en los Juegos Olímpicos de Sidney-2000, con una María Isabel Urrutia que llegaba con un palmarés que en 11 años de proceso incluía dos preseas doradas, cinco de plata y dos de bronce en campeonatos mundiales. Ese fue el premio a una carrera en la que incluso había ido a unos Juegos en Seúl-88, pero como lanzamiento de bala y jabalina, es decir, toda una atleta con una marcada cultura deportiva.

Los casos más recientes demuestran que el progreso de los atletas es un premio a su constancia. Yuri Alvear pasó de ser séptima en Pekín-2008, a bronce en Londres-2012 y ahora a plata en Río-2016, mientras que Óscar Figueroa participó en Sidney-2000 y Pekín-2008 antes de ser plata en Londres y  ahora el sueño dorado en Brasil. “Este oro representa experiencia, no estoy viejo como muchos lo quisieron decir. Esta es mi máxima gloria y el resultado a toda una vida de trabajo, 22 años de carrera deportiva”, afirmó el ganador en los 62 kilogramos en levantamiento de pesas.

Las memorias de una atleta son los sellos de la futura calidad de un campeón, las marcas en su piel son como heridas de guerra pequeñas historias de una leyenda, la muestra de que perseverar vale la pena y de que se deben escribir más de mil palabras que al final son las que valen esa imborrable imagen de un medallista olímpico.

ÓSKAR ANTONIO ORTIZ ECHEVERRÍA
Colaborador de SEMANA.COM