En lo que va corrido de 2010, más de 50 incendios forestales han acabado con 27.740 hectáreas de bosque en 23 departamentos, cifra que lamentablemente aumenta a diario por la temporada de sequía que azota a todo el territorio colombiano.
Desde mitad del año pasado, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia, Ideam, alertó sobre la temporada de sequía durante los primeros meses de 2010, época en la cual el fenómeno del Niño presenta su mayor impacto por la reducción en las lluvias y el aumento de temperaturas. Sin embargo, las medidas para prevenir incendios forestales no han sido suficientes y las descuidadas prácticas de las personas se convierte prácticamente en actos delincuenciales.
Según Luz Amanda Pulido, directora del Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desastres, más del 90 por ciento de incendios forestales se inician por la acción humana y se intensifican por efectos climáticos.
Los actos irresponsables como encender fogatas sin la precaución de apagarlas totalmente, arrojar al suelo colillas de cigarrillos encendidas y la quema agrícola, sumada a la temporada seca y a los fuertes vientos, convierten un acto de irresponsabilidad humana en una tragedia ambiental.
Para el director del Ideam, Ricardo Lozano, la época de sequía se extenderá hasta principios de abril, días en los que habrá pocas lluvias y altas temperaturas en las zonas Andina, Caribe y parte de la Orinoquía. Esas condiciones prevalecerán hasta que cambien las temperaturas del Océano Pacífico.
“El cambio climático ha modificado las temperaturas y eso combinado con la presencia del fenómeno del Niño, causa más estragos en nuestro país. Además la fuerte sequía ha causado una merma en los niveles de los principales ríos”, afirmó Lozano.
Esta situación también ha obligado al cierre temporal de ocho parques naturales, que se han visto afectados por incendios forestales y donde se han visto devastadas cerca de 6 mil hectáreas.
Los organismos de prevención advierten que, bajo estas condiciones de temporada seca y de fuertes vientos, una sola llama es suficiente para desencadenar una tragedia como la que aún vive Villa de Leyva.
El verde de las montañas que adornaba buena parte del paisaje de Villa de Leyva quedó reducido a 1.600 hectáreas de cenizas.
Una llama que se encendió en la mañana del jueves 4 de febrero alertó a los huéspedes de un conocido hotel, de donde se vieron obligados a desalojar después de que el humo invadió sus habitaciones. Esa noche, una densa capa de humo acompañada de una lluvia de ceniza era el panorama que se apreciaba en Villa de Leyva.
En el camino hacia El Santo, un mirador natural desde donde se contemplan las casas blancas de la población y que está ubicado a pocos metros del reconocido hotel, una pequeña conflagración fue el inicio del incendio más grande en esta región del altiplano cundiboyacense, en donde, nueve días después y pese a estar controlada la emergencia, aún continúan las labores para liquidarla.
Versiones de los lugareños coinciden en que el incendio fue provocado por manos irresponsables que habrían arrojado colillas de cigarrillo encendidas al pasto seco y que los fuertes vientos se encargaron de expandir hasta alcanzar parcialmente el santuario de flora y fauna de Iguaque, ecosistema de páramo y bosque donde nacen cuencas hidrográficas que surten de agua a varios municipios y donde reposa la laguna sagrada de la cual emergió la diosa Bachué. Según la leyenda muisca, ese es el origen de la humanidad.
Esta reserva natural, que tiene una extensión aproximada de 5 mil hectáreas, alberga animales como pavos, venado de cola blanca, borugas, serpientes, colibríes, mirlas, torcazas, ardillas, armadillos y águilas.
Después de la alerta roja emitida por la alcaldía de Villa de Leyva, decenas de bomberos de varias regiones del país, socorristas de la Cruz Roja, Defensa Civil, policías y efectivos del Ejército y la Fuerza Aérea, fueron necesarios para atender la emergencia que en pocas horas ya alcanzaba con llamas de 20 metros de altura a lugares como el cerro de Morro Negro, La Hondura, El Papayal, San Marcos e impactando las fuentes hídricas de La Palma, San Agustín, La Colorada y Curíes.
“No hubo muertos ni heridos, pero es la tragedia ambiental más grande que hemos vivido y que afectó también a los municipios de Sáchica y Chiquiza”, asegura Germán Sánchez Pereira, alcalde de Villa de Leyva .
Según el ingeniro Mauricio Toro, comandante del cuerpo de bomberos de Bogotá -organismo que coordinó la atención de la emergencia- la tarea fue muy compleja porque, además del riesgo de las poblaciones, la altura y los vientos complicaron las operaciones aéreas.
Tres helicópteros de la Fuerza Aérea y uno del Ejército, sumaron 57 horas y 45 minutos de vuelo en labores de aspersiones aéreas. Para el coronel Mauricio Falla, la coordinación entre todos los organismos de atención del desastre fue fundamental para evitar una tragedia mayor.
¿Cuánto tardará la recuperación de 1600 hectáreas de bosque nativo y ecosistema de páramo? Es la pregunta que trasnocha al alcalde de Villa de Leyva, tarea que, según ambientalistas, podría tomar entre 50 y 100 años.
Ante la magnitud de la emergencia el ministro de Ambiente, Carlos Costa, llegó hasta el sitio y lo declaró zona de desastre natural, por lo que tendrá prioridad económica por parte del Gobierno nacional para la extinción del fuego y la recuperación del ecosistema.

Foto tomada por el Cuerpo de Bomberos de Bogotá desde la plaza central de Villa de Leyva la noche del jueves 4 de febrero de 2010.