El BMX colombiano vivió un momento histórico. Camila de la Hoz Mora se consagró campeona del mundo en Brisbane, Australia, en el marco del Mundial de BMX Racing, en la categoría Crucero 12 años. Esta presea no solamente fue un gran logro para el deporte colombiano, también significó la renovación de las ilusiones de nuestro país en esta práctica que en la década anterior, figuras como Mariana Pajón y Carlos Ramírez llevaron a lo más alto con sus medallas en los Juegos Olímpicos.
Camila dominó la prueba definitiva de principio a fin y cruzó la meta en el primer lugar de la categoría Challenger femenina de 12 años. En el podio estuvo acompañada por Micah Wallace, de Nueva Zelanda, y Mia Reyna Falconi, de Estados Unidos. Además, mejoró el resultado obtenido en el Campeonato Mundial de 2025, cuando finalizó en la tercera posición.
Tras este extraordinario registro, SEMANA dialogó con la madre de Camila, Erika Mora, quien compartió detalles de la experiencia de su hija como campeona del mundo y del proceso que ha llevado la familia para que este triunfo haya sido posible.
La pasión de Camila por el BMX nació desde los seis años. “Desde muy pequeñita ha andado en bicicleta. Un día a mi trabajo llegó el club al que pertenece. Estaban haciendo una exhibición con rampas. Quiso montarse, entonces llamamos a mi papá para que le trajera una bicicleta que teníamos de mi hija mayor, una de Barbie, que no es apta para BMX. La dejaron participar y la profesora Liliana nos obsequió una clase de cortesía; así inició todo”, recordó la madre de la campeona.

Para obtener un título mundial se requiere de una serie de sacrificios y esfuerzos que cambian, de una u otra manera, la vida de la deportista y su entorno. “Fue un proceso de mucha concentración, disciplina, entrenamientos fuertes y enfoque, siempre pensando en el objetivo de estar en lo más alto del podio. Tuvimos que cambiar estilos de vida, siempre priorizar sus sueños, entrenamientos físicos y mentales, incluyendo hábitos alimenticios y todo lo que esto implica, por encima de muchas comodidades personales”, comentó Erika.
El proceso de la joven ha requerido de una gran inversión de tiempo para que ella pueda asistir, tanto a sus entrenamientos como a sus carreras. Además, tuvieron que “asumir grandes responsabilidades económicas para apoyarla en sus sueños”.
Uno de los esfuerzos más grandes fue poder financiar todos los viajes hasta llegar a un mundial. “Eso representa muchos gastos”, afirmó. Y recordó que todo ha sido un proceso. “Empezar ganando a nivel nacional. Luego fuimos poco a poco entrando en competencia a nivel internacional y así nos fuimos motivando a cada vez escalar un logro más alto” hasta llegar a Brisbane.

Pero este no es el final del camino, ni mucho menos, es apenas el primer hito internacional de una carrera prometedora. La deportista y su familia planean “continuar este proceso de entrenamiento y preparación para que pueda seguir creciendo y aprendiendo de grandes experiencias”. Para ello, buscarán participar de manera constante en certámenes locales y mundiales, pero sobre todo, lograr que Camila “se mantenga en el podio”.
Erika compartió en SEMANA cuáles han sido los principios y valores que han cultivado en Camila para llegar a ser una deportista de élite a tan corta edad, los cuales no solamente se plasman en las pistas, sino también fuera de los escenarios: “Para nosotros es muy importante la gratitud, la humildad, la obediencia, la disciplina y el respeto; que ella comprenda que los títulos son muy importantes, pero no más que la calidez humana, y que jamás olvide las personas que siempre han creído en ella y la han apoyado”.
Complementó señalando que “siempre tratamos de inculcarle que la educación, el deporte y su bienestar emocional son importantes en su desarrollo, y siempre tenemos presente que es muy importante que ella esté feliz y disfrute todas estas experiencias y su proceso de formación”.

Camila tuvo una prueba sensacional en Brisbane, donde se impuso, de manera contundente, a sus adversarias, sin embargo, las emociones no solo estaban en el circuito. Erika explicó que cuando la vio cruzar la línea de meta en primer lugar, experimentó una emoción imposible de describir: “Pasaron por mi mente todo el esfuerzo, los momentos difíciles y también las alegrías. Sentí orgullo, gratitud y una inmensa felicidad al ver a mi hija alcanzar un sueño tan grande y anhelado; además de escuchar el nombre de Colombia en lo más alto, fue uno de los momentos más importantes de mi vida”.
El éxito de Camila llenó de orgullo a Norte de Santander, porque se convirtió en la primera deportista del departamento en conquistar un título mundial en esta modalidad. Un triunfo del cual puede presumir, ya que ha apostado por el talento de esta joven que se encamina para hacer historia en las pistas del mundo. “Hemos recibido acompañamiento de la Gobernación de Norte de Santander, además de algunas empresas privadas y personas que han creído en Camila”, señaló su mamá.
Finalmente, comentó que su mayor sueño era que Camila pudiera estar satisfecha de todo lo que pueda conseguir dentro y fuera de las pistas. “Mi mayor anhelo es que sea feliz y se sienta orgullosa. Que siga creciendo como una mujer íntegra, con valores, capaz de alcanzar sus metas sin perder su esencia. Pero, sobre todo, quiero que siempre recuerde que su valor como persona es mucho más grande que cualquier medalla que pueda ganar”, concluyó.
