Entrevista

“El feminicidio empieza desde que se pierde la libertad, autonomía y seguridad”: Ximena Céspedes

Ximena Céspedes, presidenta de la Fundación Naná, transformó el duelo por el feminicidio de su hija Ana María, de 18 años, en una causa de prevención de las violencias de género con sede en México y Colombia. A través de sus programas ha llegado a más de 500.000 personas y salvado la vida a 25 mujeres.

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25 de septiembre de 2026 a las 2:38 p. m.
“No lo perdoné para quitarle la responsabilidad, sino para poder vivir en paz y continuar con mi propósito”, afirma Ximena Céspedes Arboleda, la mamá de Ana María, quien no descansará hasta lograr justicia para su hija, en un proceso que se ha dilatado debido a los continuos recursos presentados por los abogados del acusado y sin fecha aún para el juicio. Foto Guillermo Torres Reina - SEMANA
“No lo perdoné para quitarle la responsabilidad, sino para poder vivir en paz y continuar con mi propósito”, afirma Ximena Céspedes Arboleda, la mamá de Ana María, quien no descansará hasta lograr justicia para su hija, en un proceso que se ha dilatado debido a los continuos recursos presentados por los abogados del acusado y sin fecha aún para el juicio. Foto Guillermo Torres Reina - SEMANA Foto: GUILLERMO TORRES REINA-SEMANA

La violencia no solo son golpes. A veces llega disfrazada de preocupación, protección o amor: “Es porque quiero protegerte”, “es que me preocupo por ti”, “es que me encanta saber qué haces y con quién estás”, “es que no puedo vivir sin ti” son algunas de las frases que en ocasiones se dicen en una relación de pareja que se normalizan e incluso, se romantizan, pero que realmente son banderas rojas de algún tipo de violencia. Fue lo que le sucedió a Ana María Serrano, una joven de 18 años, con su expareja, un joven de su misma edad, compañero de estudio y con quien había tenido una relación de 2 años, que con el tiempo se convirtió en una cadena de conductas agresivas, que la llevó a terminar la relación y seguir adelante. Sin embargo, meses después, apareció sin vida en su casa en el Estado de México.

Para Ximena Céspedes Arboleda, mamá de Ana María, “el feminicidio se dio mucho antes del 12 de septiembre de 2023 cuando fue asesinada y se quiso mostrar como un homicidio. Inició desde que perdió su libertad, autonomía y el control de su vida. Mi hija no vivía, sobrevivía”. Esta madre afirma que no descansará hasta lograr justicia para su hija, en un proceso que se ha dilatado debido a los continuos recursos presentados por los abogados del acusado y sin fecha aún para el juicio. Céspedes transformó el dolor en una causa y creó la Fundación Naná que le ha salvado la vida a 25 mujeres, al identificar las señales de riesgo para actuar a tiempo: ha transferido más de 720 casos a instituciones especializadas e impactado a más de 500.000 personas.

CÍRCULO DE MUJERES: Han pasado tres años desde el feminicidio de Ana María y aún no hay fecha para el juicio. ¿Cómo ha sido para usted y para su familia esta espera?

Ximena Céspedes (X.C.): Ha sido una revictimización. Yo no entendía lo que significaba esa palabra hasta que inició todo este proceso para lograr un juicio. Es vivir todos los días pendiente de qué pasó con el nuevo recurso que presentaron, qué dice el juez que está llevando el caso. Es una incertidumbre permanente. El muchacho fue capturado cuatro días después del asesinato y ha permanecido en prisión preventiva desde entonces, pero, mientras no exista una sentencia no hay una responsabilidad declarada. Lo que nos preocupa es que el proceso siga dilatándose e incluso salga de la cárcel porque su familia está presentando recursos, amparos y si el juez decide que enfrente el juicio en libertad, no tenemos la garantía de que se quede en México.

CÍRCULO DE MUJERES: ¿Qué espera de las autoridades mexicanas?

(X.C.): La justicia en México con nosotros ha sido lenta, pero las decisiones que se han tomado han sido conforme al derecho y con perspectiva de género, que era algo que nos importaba mucho. Lo que espero es que las autoridades sigan actuando de esa manera y que podamos llegar finalmente al juicio. También sería importante que las víctimas tuviéramos herramientas para hacer cumplir los términos del proceso. La defensa tiene recursos para presentar sus argumentos y nosotros también necesitamos mecanismos que nos permitan garantizar que los procesos avancen dentro de los tiempos establecidos.

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Habla la mamá de Ana María Serrano, víctima de feminicidio en México: “¿Cómo pudo matarla quien decía que era el que más la quería?"

CÍRCULO DE MUJERES: Usted ha dicho que no busca venganza, que incluso logró perdonar al presunto asesino, ¿cómo se llega a ese perdón?

(X.C.): Yo no estaba en México ese día, había viajado a Europa con mi esposo para nuestro aniversario, pero desde el primer segundo que me confirmaron la muerte de Ana María, supe que había sido él. Ahí mi prioridad era su captura, porque él viajaba a Alemania unos días después para continuar con sus estudios allá. En medio de todo esto, empecé a contar la historia de Ana María y me dí cuenta de que su historia podía salvar vidas. Así que empecé a pensar en las demás mujeres y en los hombres que ejercen la violencia.

Soy mamá y pensé en la mamá de ese joven, en su familia, en el dolor tan grande que también estaban sintiendo, pensé en él. Mientras sus amigos continuaban con sus vidas, él estaba en una cárcel. Hablé con personas que trabajan temas de perdón, investigué y acepté que mi hija jamás volvería. No ha sido un proceso fácil, es muy duro pensar que no puedes hacer nada, que la vida sigue y debes decidir cómo quieres vivirla, incluso pensando en ella, en cómo ella quisiera verme vivir mi vida. Así que me perdoné primero, porque siempre hay culpa: qué pude haber hecho diferente, por qué no me di cuenta de lo que pasaba, por qué no identifiqué las señales, porqué la dejé sola ese día. Y luego, lo perdoné a él. No sé si él se sienta perdonado, si él mismo se haya perdonado. No lo hice para quitarle la responsabilidad, sino para poder vivir en paz y continuar con mi propósito.

CÍRCULO DE MUJERES: Luego creó la Fundación Naná, ¿Cómo nació la idea?

(X.C.): Cuando empecé a contar la historia de Ana María, una mujer me escribió para decirme que gracias a lo que había escuchado había podido proteger a su hija de una situación de violencia. Viajé hasta Colima, México, a conocerlas y cuando esa niña empezó a contarme su historia, era muy parecida a la de Ana María. Ahí entendí que tenía una misión, que la muerte de mi hija necesitaba ser contada. Hice una maestría en intervención de violencia de género porque pensé: si voy a hablar de esto, tengo que saber de qué estoy hablando. También con mi familia empezamos a revisar los mensajes, las cartas y las conversaciones entre mi hija y el muchacho. Encontramos muchas señales de violencia, actitudes que muchas veces normalizamos. Ahí pensé en la Fundación, de esa necesidad de transformar el dolor en prevención, para que muchas otras mujeres identifiquen las señales de violencia y, sus familias, amigos, círculos cercanos sepan cómo acompañarlas, como apoyarlas, cómo actuar a tiempo. No quiero que Ana María sea solamente una cifra más de feminicidio. Quiero que su historia sirva para que otras personas puedan reconocer lo que está pasando antes de que sea demasiado tarde.

CÍRCULO DE MUJERES: Al reconstruir la historia de Ana María, ¿cuáles fueron las señales de violencia que encontraron?

(X.C.): Una de las más claras estaba en una carta que él le escribió. Decía cosas como “perdóname por lastimarte”, “fui muy tóxico contigo” y hablaba de querer controlarlo todo para protegerla. El control muchas veces se disfraza de protección. Pedir el celular, exigir fotografías para saber dónde está la otra persona, decirle con quién puede salir, cuestionar a sus amigos o sentir celos incluso de su propia familia. Todo ese control disminuye la autonomía de la otra persona. También identificamos cambios de comportamiento. Ana María dejó de salir con sus amigas, dejó de invitarlas a la casa y comenzó a aislarse. Nosotros pensamos que estaba estudiando mucho porque empezó a estudiar Medicina y es una carrera muy exigente, pero era porque sólo podía salir con él. Por eso digo que el feminicidio no empieza cuando llega el feminicidio. Empieza mucho antes: cuando una persona empieza a perder su libertad, su autonomía y su seguridad.

CÍRCULO DE MUJERES: ¿Cómo pueden las familias identificar que su hija está en riesgo?

(X.C.): Lo primero es entender que no necesariamente es un problema de comunicación entre padres e hijos. Yo tenía muy buena comunicación con Ana María y, aun así, ella no me contó lo que estaba viviendo. Hay que observar los cambios. Si deja de salir, si se aleja de sus amigos, si está pendiente del celular, si recibe cientos de mensajes o llamadas de su pareja y siempre es una constante. Cambian la manera de relacionarse. También hay que escuchar lo que dicen los amigos, si ellos mismos definen la relación como tóxica, hay que prender las alarmas. Y recordar que hay muchas formas de violencia. No son solo los golpes. Existe violencia digital, manipulación, aislamiento, amenazas, control y muchas otras formas de ejercer poder sobre otra persona.

CÍRCULO DE MUJERES: ¿Qué herramientas ofrece la Fundación Naná?

(X.C.): Trabajamos desde la concientización, la educación y la responsabilidad, independientemente del género. Porque hombres y mujeres son víctimas de violencia y ejercer violencia. Ofrecemos charlas en las que, a partir de la historia de Ana María, mostramos señales de alerta, explicamos cómo acompañar y damos los recursos necesarios para hacerlo de manera asertiva. También capacitamos a profesores, padres de familia, psicólogos, abogados y otros profesionales que pueden ser primeros contactos. Tenemos herramientas para identificar banderas rojas, kits de primeros auxilios, una cartilla jurídica y los protocolos que deben seguir para denunciar. Estamos desarrollando recursos tecnológicos para identificar señales de violencia en las conversaciones digitales. También estamos creando una escuela para el buen trato. No queremos quedarnos solamente en decir qué está mal. Queremos enseñar cómo construir relaciones sanas.

CÍRCULO DE MUJERES: Vincular a los hombres a estas conversaciones no es muy común, ¿cómo es el trabajo con ellos?

(X.C.): Les mostramos estadísticas, señales de alerta y situaciones concretas. Les hablamos de comportamientos que muchas veces se normalizan: los celos, el control, los comentarios violentos, los empujones que se consideran una broma pero que pasan los límites del respeto. No conversamos desde las etiquetas, porque muchas veces eso genera una barrera. Hablamos de responsabilidad, amor propio. Y así llegamos a la pregunta: ¿soy yo un agresor?, ¿estoy ejerciendo control?, ¿estoy haciendo algo que no está bien? Necesitamos que los hombres también puedan hablar de sus emociones con otros hombres y pedir ayuda. Mi sueño es que algún día existan también espacios para hombres que estén a punto de ejercer violencia, puedan detenerse, respirar, pedir ayuda y pensar en las consecuencias de sus actos.

CÍRCULO DE MUJERES: ¿Qué debe hacer alguien que tiene cerca a una mujer que está siendo agredida por su pareja?

(X.C.): Lo primero es escuchar con atención. Hay una regla que me gusta mucho: escuchar durante ocho minutos sin mirar el celular, sin interrumpir y sin hacer cualquier otra cosa. Lo segundo es no juzgar. Casi siempre decimos: pero porque no lo dejas, aléjate de ahí, e incluso llegar a decir algo como: “parece que te gusta que te trate así”. Tenemos que acompañarla y ayudarla a encontrar sus propias respuestas. Y tercero es ofrecer recursos concretos: una psicóloga, una institución, asesoría jurídica, apoyo económico si lo necesita. Muchas mujeres no pueden salir de una relación violenta porque dependen económicamente de su pareja. Una red de apoyo puede hacer una diferencia enorme.

Ximena Céspedes, presidenta de la Fundación Naná, transformó el duelo por el feminicidio de su hija Ana María, de 18 años, en una causa de prevención de las violencias de género con sede en México y Colombia. A través de sus programas ha llegado a más de 500.000 personas y salvado la vida a 25 mujeres.
“Necesitamos que los hombres hablen de sus emociones, identifiquen las acciones y comportamientos violentos y pidan ayuda”, afirma Céspedes, quien, en medio de su duelo, lidera la Fundación Naná para prevenir las violencias de género y ayudar a salvar vidas. Foto: Guillermo Torres Reina - SEMANA. Foto: GUILLERMO TORRES REINA-SEMANA

CÍRCULO DE MUJERES: Hablas de la importancia de los 90 días después de la ruptura, ¿por qué?

(X.C.): Muchas veces pensamos que el peligro termina cuando termina la relación, eso fue lo que nosotros pensamos. Pero puede ocurrir lo contrario. Cuando una persona violenta siente que perdió el control sobre su pareja, aumentan las amenazas, la persecución o la manipulación. Por eso, el acompañamiento después de la ruptura es fundamental. Una mujer no debe atravesar sola ese momento. Esos 90 días posteriores a la ruptura, se consideran la ventana de tiempo crítica y fundamental para la recuperación del vínculo disfuncional. Es clave no tener contacto con el agresor, por supuesto, es más complejo cuando hay hijos, por lo que se requiere tomar las medidas de protección. En el caso de Ana María, después de terminar la relación continuaron los mensajes, los regalos y la insistencia para que regresara. Hoy sabemos que esas conductas no se pueden minimizar.

CÍRCULO DE MUJERES: Cuentas que la historia de Ana María ha salvado 25 mujeres que estaban en riesgo, ¿nos puede compartir alguna de esas historias?

(X.C.): Son muchas. Una vez una profesora de una universidad pública me contactó porque habían identificado relaciones violentas entre algunos estudiantes. Capacitamos a los docentes y después trabajamos en protocolos. Ellos empezaron a transmitir el mensaje y a medir el impacto. Según lo que nos reportaron, habían identificado que cerca del 3 por ciento de jóvenes sufrían algún tipo de violencia y, al finalizar el año, la medición bajó al uno por ciento. También tenemos testimonios que nos cuentan que asistieron a nuestras charlas y reconocieron muchas señales en sus relaciones y tomaron medidas. Una joven en un colegio que nos escuchó llegó a su casa y le dijo a su mamá que muchas de las señales que presentamos, estaban en su relación. Ella misma me lo contó en una entrevista que me hizo meses después. Hasta ahora, 25 mujeres nos han dicho que nuestro trabajo les ayudó a salvar su vida y hemos transferido más de 720 casos a instituciones especializadas. A través de nuestras charlas y cursos hemos llegado a más de 500.000 personas. Cada vez que alguien me dice que la historia de Ana María le salvó la vida, todo nuestro esfuerzo vale la pena.

CÍRCULO DE MUJERES: ¿Cuál es su sueño con la Fundación Naná?

(X.C.): Salvar muchas vidas. Que cada 8 de marzo -Día Internacional de la Mujer-, salgamos con muchas pancartas de las mujeres que logramos salvar. No solamente desde la Fundación Naná. Entre todos. Porque esto no lo puede hacer una sola organización. Necesitamos colegios, familias, universidades, empresas, instituciones, organizaciones y hombres y mujeres hablando el mismo idioma sobre la violencia. Mi sueño es que no exista violencia de género y en ese proceso, que la muerte de Ana María haya tenido un propósito.

CÍRCULO DE MUJERES: Sí pudieras decirle algo a Ana María, ¿Qué le dirías?

(X.C.): Siempre hablo con ella. Le agradezco los años que la tuve y todo lo que me enseñó. El tiempo que ella vivió fue maravilloso, ella llenaba el espacio donde estuviera. Era imposible no verla, era imposible no quererla, porque ella era luz. Le agradezco también haberme dejado todas las señales para crear la fundación y todo lo que estamos haciendo, porque yo sola no podría hacerlo. Ella, mi esposo y mi hija mayor me dan la fortaleza para seguir adelante. Le doy las gracias, porque su historia ha ayudado a muchas personas que han estado en riesgo. Juntas hemos salvado vidas y juntas somos famosas, así como ella lo quería y esta fama tiene una misión muy especial.