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| 3/4/2010 12:00:00 AM

Chilenos hablan de reconstruir o abandonar pueblos arrasados

El día del terremoto, primero la bahía se vació y después el agua regresó con una poderosa ola que mató al menos 19 personas y aplastó la mayoría de las casas de madera y pequeños hoteles.

De este lindo pueblito turístico en la costa solo quedaron un horrible hedor e inmensas pilas de escombros por el devastador terremoto y el posterior tsunami del sábado y que dejó más de 800 muertos en todo el país.

Los pobladores que removían el jueves lo que quedó de sus hogares en busca de cualquier cosa rescatable consideraron que habría que aplanar todo y reconstruir desde cero en Dichato, una población ubicada a unos 400 kilómetros al norte de Concepción.

Enclavada entre colinas con bosques de pinos y una hermosa bahía en la que anclaban botes pesqueros que servían tanto a pequeñas comunidades como a compañías exportadoras, los habitantes de Dichato se ufanaban de que sus playas eran las únicas en la región en las que los niños podían nadar tranquilos en el océano Pacífico, por eso su población de 4.000 personas se triplicaba entre enero y febrero cuando se llenaba de veraneantes.

El día del terremoto, primero la bahía se vació y después el agua regresó con una poderosa ola que mató al menos 19 personas y aplastó la mayoría de las casas de madera y pequeños hoteles que quedaron reducidos a pilas de maderos astillados. El agua arruinó lo demás y el pueblo ahora apesta a pescado podrido.

Apenas en septiembre, el gobierno de Michelle Bachelet había habilitado un proyecto de 130 viviendas y proporcionó unos 120.000 dólares para restaurar las fachadas de los comercios en la calle principal, dijo la presidenta de la cámara de comercio local Mabel Gómez.

El único futuro para Dichato ahora es reconstruir desde cero, dijo Luis Omar Cid Jara, de 66 años y propietario de una panadería y una venta de pollo rostizado que quedaron destruidas en la vía central.

Pero no solo éste, sino que numerosos pueblos del litoral fueron arrasados por el terremoto de 8,8 grados, uno de los más potentes de los que existe registro, y el tsunami que golpeó después, afectaron una franja de 700 kilómetros de Chile. Las autoridades no han dicho cuantos desaparecidos hay solo que unos dos millones de personas fueron afectadas.

En Tubul, la mitad de casas de los 4.000 habitantes desapareció y el único plan que la población puede concebir consiste en marcharse.

"No hay nada que reconstruir, todo está abajo o destruido", afirmó Sergio Lagomarcino, el alcalde de Tubul, una localidad en la costa del Pacífico a unos 700 kilómetros al sur de la capital chilena.

La población se dedica a la pesca o al cultivo de algas, pero al presidente de la Asociación de Pescadores, Daniel Navarro, no le parece viable reanudar su vida en este lugar. "Demoraron años que pusieran el alcantarillado y las tuberías. Ahora se reventaron (por el terremoto)... este ya no es un lugar apto para vivir", expresó.

La gobernadora de la región de Cauquenes, Gladys Saez, al regresar de un vuelo en helicóptero sobre el océano Pacífico dijo que divisó "burbujas, que suponemos que son cadáveres que están ahí", según el vespertino La Segunda.

Cauquenes se encuentra a 402 kilómetros al sur de Santiago. Saez dijo que hasta ahora la mayoría de víctimas han sido halladas entre los escombros, pero en la población de Pelluhue, en la zona de golpeada, había militares en una saliente de la costa para vigilar si la marea arrastraba cadáveres hasta la tierra.

Sáez agregó que familiares de los desaparecidos recorren las playas buscando entre los escombros pero "tienen temor al mar, pánico, por lo que no se meten al agua y dejan esa labor a los buzos".

Agregó que en su provincia se sabe de 79 muertos y unos 100 desaparecidos.

Nada menos que un inmenso, costoso y sostenido trabajo de reconstrucción devolverá estos pueblos a lo que eran antes del terremoto y los damnificados ponen sus esperanzas en lo que el futuro presidente Sebastián Piñera haga.

Piñera, un magnate de ideología conservadora que asume el poder el 11 de marzo, intensificó las críticas a la respuesta ante la emergencia del gobierno izquierdista saliente al referirse a una profunda modernización del sistema de desastres para eliminar "la falta de coordinación y la debilidad que esta tragedia ha demostrado con una brutal elocuencia".

Piñera también nombró seis gobernadores para las regiones más golpeadas por el terremoto y les dijo que se pusieran a trabajar aun antes de su asunción con las prioridades de encontrar a los desaparecidos, restaurar la ley y el orden, los servicios públicos y atender a los heridos.

"La tarea de reconstrucción va a ser de una magnitud enorme... sin duda Chile va a necesitar, probablemente, tener algunos créditos internacionales", agregó, aunque hizo la aclaración que esa tarea le corresponderá a su sucesor Sebastián Piñera.

Dijo que es imposible calcular el monto de los daños, que aún hay localidades aisladas que no han sido visitadas y se desconoce qué se encontrará.

La presidenta, cuyos índices de aprobación se mantenían en la cima antes del sismo, se erizó con las críticas e insistió en que "Chile se levantará" de la devastación. Mientras visitaba un centro de distribución de ayuda en la severamente dañada ciudad de Concepción, rechazó que haber causado retrasos o indecisión aun cuando oficiales militares se quejaron de que no pudieron desplegar fuerzas hasta que ella declaró un estado de emergencia más de dos días después del desastre.

Los esfuerzos de rescate y recuperación estaban al máximo en Dichato, en donde equipos de bomberos usaban largos palos para explorar debajo de pilas de arena lodosa y ruinas en la una vez hermosa playa y la Armada chilena transportaba tropas para ayudar a descargar 86 toneladas de asistencia para ser distribuida en el pueblo durante las semanas y meses venideros.

Los críticos dijeron que Bachelet inicialmente fue renuente a llamar a los militares para que detuvieran los saqueos y distribuyeran ayuda, dada la brutal represión que las fuerzas armadas chilenas perpetraron en el pasado, especialmente durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) y le cuestionaron sobre porque antes de aceptar ayuda internacional ella dijo que era necesario evaluar los daños.

Pero poco después pidió a otros países y las Naciones Unidas puentes, hospitales de campaña, teléfonos satelitales, generadores de electricidad, purificadores de agua, cocinas y centros de diálisis.

Resulta que 36 hospitales fueron destruidos o severamente dañados, dijo Bachelet el jueves, y hospitales de campaña estaban siendo instalados por Argentina, Brasil, Perú, Cuba y España. Estados Unidos donó 20 teléfonos satelitales, medicinas y ayuda técnica. Y el secretario general de la ONU Ban Ki Moon estaba en camino para reunirse con Bachelet y Piñera para mostrar el compromiso del organismo mundial con los sobrevivientes.

AP.
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