Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2009/04/08 00:00

“La hora tarda, pero llega”

Uno de los crímenes por los cuales fue condenado el ex presidente del Perú, Alberto Fujimori, fue el secuestro agravado del periodista Gustavo Gorriti, quien le dijo a Semana.com que esta sentencia deja una gran lección para los autócratas que hoy en América Latina pretenden vestirse de democracia.

Gustavo Gorriti, periodista peruano secuestrado por el gobierno de Fujimori en los noventa

La Sala Especial de la Corte Suprema del Perú declaró este martes culpable al ex presidente peruano Alberto Fujimori, de 70 años, y lo condenó a 25 años de cárcel por los delitos de lesiones agravadas, homicidio y secuestro. Uno de los hechos que pudo comprobar este tribunal, según lo afirmó en la sentencia, fue que el periodista Gustavo Gorriti fue privado de su libertad y llevado a los sótanos del Servicio de Inteligencia del Ejército, y que este crimen contó con la aprobación de Fujimori en su condición de jefe supremo de las Fuerzas Armadas.

Gorriti se pudo salvar del temible régimen de Fujimori-Montesinos, pero luego tuvo que vivir años de exilio a un gran costo personal y profesional. En 2000, en el intento de hacerse reelegir por tercera vez, Fujimori cayó cuando se destapó la corrupción y la violación de los derechos humanos que habían caracterizado su popular régimen.
 
Desde entonces, Gorriti ha sido uno de los muchos que han luchado en su país no sólo porque se haga justicia en su caso, sino también en los de los demás: el secuestro de Samuel Dyer y las masacres de La Cantuta y Barrios Altos.

El periodismo de investigación peruano, encabezado por figuras de gran prestigio en la región entre los que está el mismo Gorriti, hoy columnista de la revista Caretas, Ricardo Uceda, Ángel Paéz, entre muchos otros, contribuyó a la caída del gobierno. Por ejemplo, fue clave un reportaje del diario El Comercio de Lima el que descubrió una “fábrica de firmas”, un fraude que los promotores de la tercera reelección de Fujimori estaban perpetrando para alcanzar el número de firmas necesarias que avalaran el cambio normativo.

María Teresa Ronderos, directora de Semana.com entrevistó telefónicamente a Gustavo Gorriti sobre cómo se sentía frente al histórico fallo y sobre las lecciones que deja.

Semana.com: ¿Cuál es la trascendencia de este fallo?
Gustavo Gorriti: Para el Perú es enorme, pero creo que trasciende de lejos a mi nación, y que tiene mucha importancia en América Latina y en todos los lugares haya democracias luchando por afirmarse y fortalecerse. Sobre todo en aquellos donde haya brotes autoritarios.

S: ¿Siente que se hizo justicia?
G.G.:
Recibo el fallo en forma muy dividida. He de verlo como periodista, analizando los hechos. Pero también debo verme a mí mismo como agraviado, y es difícil separar lo uno de lo otro. Desde el punto de vista personal, siento una gran emoción, admiración y respeto por la calidad intelectual, la intrepidez de la sala que ha hecho este fallo histórico por la coherencia conceptual, el análisis prolijo, la correlación minuciosa de los hechos. En este continente donde la palabrería es epidemia, ver un trabajo con rigor investigativo, economía del lenguaje y lógica impecable es algo notable. Y más cuando se ha puesto al servicio de la justicia.

S: ¿Se siente reivindicado?
G.G.: Ha sido una lucha larga y costosa para mucha gente que ha terminado como debía terminar. Pero el fallo hay que tomarlo con calma, sin ningún esbozo de soberbia, y mucho menos de venganza.

S: ¿Cómo logra Perú llegar a destapar la corrupción del régimen Fujimori, a enjuiciarlo y condenarlo, a pesar de su gran popularidad?
G.G.:
La popularidad ha sido exagerada. Hoy apenas el 15 o máximo el 20 por ciento de los peruanos apoyan a Fujimori. Y esto no ha cambiado desde que empezó el juicio. La Universidad Católica acaba de hacer una encuesta en toda el área metropolitana de Lima, en la cual 2/3 partes de los limeños consideran que Fujimori es culpable, que la Sala actuó bien. Es un hecho claro para el Perú, que luego de que se destaparan las violaciones a los derechos humanos y la corrupción del gobierno de Fujimori, y la complicidad que en ello tuvieron algunos medios de comunicación y empresarios en 2000, surgió un gran movimiento cívico mayoritario cuya sensación prevalente era de rechazo, hasta de asco, frente a todo lo que hizo ese régimen.

S: De todos modos, el fujimorismo tiene a Keyko Fujimori de senadora y próxima candidata presidencial…
G.G.: Lo más admirable de este tribunal es que logró aislar el proceso de la circunstancia política inmediata; se amuralló y se dedicó al examen profundo de los hechos. Y por ello su fallo es incuestionable hoy.

S: En América Latina hay varios presidentes democráticos que están intentando reformar las normas para perpetrarse en el poder. ¿Hay alguna lección para ellos en el caso Fujimori?
G.G.: El mensaje es clarísimo y se resume en una frase: “La hora tarda pero llega”. Una de las cosas que tiene más trascendencia para este tipo de regímenes es que lo de Fujimori no fue una dictadura abierta, sino una travesti; que se vistió con los ropajes de la democracia. Fue una democracia falsificada, ficticia pero que servía como coartada para un régimen dictatorial. Ese mismo ropaje es el que caracteriza a algunos regímenes actuales en América Latina. Y la gran lección que los pueblos deben saber es que no importa la guerra sicológica, ni la propaganda con la que se disfrace a la autocracia, la verdad sale al final.

S: Y el periodismo fue decisivo en despojarla de su máscara…
G.G.: Sí, así lo reconoció el fallo de la Corte. El periodismo investigativo del Perú fue definitivo y en todas las naciones del continente hay periodismo vigoroso, así que los autócratas sepan que su récord verdadero está siendo registrado. Y al final deberían verse frente al caso Fujimori como dijo Santos Luzardo en esa escena de la novela de Doña Bárbara: “Mírate en mí. El tiempo no perdona”.

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