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| 1/27/2010 12:00:00 AM

Lecciones tras el sismo de Haití

Después de la destrucción, el registro de los medios, el balance de las víctimas y la respuesta internacional, ¿qué viene para el país centroamericano? Por Fernando Buchelli*, especial para Semana.com

Después del humo que levantó el terremoto de Haití y con el paso de la avalancha de información, quedan varias lecciones sobre la atención de catástrofes como ésta. Da la sensación de que faltó liderazgo y coordinación en la entrega de ayudas al país caribeño. Pero, lo que viene ahora puede ser más grave para la isla y requiere de más cooperación.

A pesar de que el apoyo internacional llegó muy rápido (la ayuda debe llegar entre 24 y 36 horas) y que intervinieron nuevos países con capacidad técnica relevante (entre ellos Colombia), en las dos semanas siguientes, la ayuda que recibió el país estuvo marcada por la improvisación.

La falta de espacio para realizar las trabajos de logística en el aeropuerto de Puerto Príncipe, los problemas de comunicación al enviar funcionarios no francófonos, el poco conocimiento en terreno de organizaciones internacionales (voluntarios sin formación suficiente), y una excesiva militarización de la ayuda, entre otros problemas, puso en evidencia, nuevamente, los problemas de coordinación que se presentan en la gestión de la ayuda. Lo humanitario no es lo único importante, sino también el cómo se hace.

Las lecciones aprendidas del tsunami de 2004, de los conflictos armados de la República Democrática del Congo, Chechenia, Angola, Somalia y Colombia; de las emergencias alimentarias de Níger, Etiopia, Sri Lanka y los desastres naturales de los últimos años, parece que no fueron suficientes para evitar los errores que se presentaron en Haití.
Sigue en el aire la pregunta si: ¿está preparada la cooperación internacional, sus agencias oficiales y no oficiales para este tipo de catástrofes?

El problema de la coordinación y eficacia de la ayuda no es nuevo. Desde los años 60, cuando finalizó la era colonizadora en África y comenzaban a conformarse nuevos y débiles Estados en ese continente, se empezó a debatir cómo proporcionar una ayuda más ordenada y armonizada. Hoy el debate no termina, a través de numerosas y largas reuniones políticas y técnicas, que pretenden encontrar soluciones (Colombia no es la excepción) en cómo mejorar la ayuda. Lamentablemente, la falta de soluciones dilata los procesos y agrava el sufrimiento de los beneficiarios.

En Haití se puso de manifiesto que no existe ayuda sin visibilidad. Varios países se concentraron más en mostrar sus aportes bilaterales a la crisis que en activar las redes y mecanismos multilaterales para este tipo de circunstancias (incluso algunos presidentes terminaron haciendo campaña con el desastre). El liderazgo que se esperaba por parte de la oficina de coordinación para asuntos humanitarios (Ocha) de las Naciones Unidas fue sustituido, en gran parte, por la numerosa presencia militar de los Estados Unidos (más de 12.000 infantes de marina y soldados). Pese a que un gran número de funcionarios de Naciones Unidas murieron en el terremoto, no se justifica que la coordinación humanitaria haya sido cooptada por el ejército de un país.

Ese activismo bilateral invalidó el trabajo de organizaciones locales que ya venían trabajando en la isla. Países y ONG que desconocían la realidad haitiana volcaron su andamiaje de cooperación y aterrizaron sin medir las consecuencias de una ayuda sin planeación. El codirector del Instituto de Estudios sobre Conflicto y Acción Humanitaria (IECAH), Francisco Rey, ha mencionado que el “desprecio a los medios locales” es uno de los problemas más comunes en la atención de desastres. Por eso recomienda trabajar con las ONG locales para evitar el “paracaidismo humanitario”.

La cooperación internacional debe iniciar el cambio de gestión de la ayuda. Esto significa que aunque es muy importante que el apoyo llegue rápido, lo fundamental consiste en que se mantenga en el mediano y largo plazo. El gran desafío de la ayuda humanitaria no está solo en responder con prontitud al desastre, sino en garantizar la vida de las personas que sobrevivieron al terremoto.

Por eso, es clave pensar ahora en la reconstrucción y el desarrollo del país, con el fin de reducir el impacto social y económico de la catástrofe en los habitantes de la isla.

Promesas, promesas...

Los errores de coordinación en la entrega de las ayudas que se han visto hasta ahora son graves, pero lo que se viene tras el sismo puede ser peor. Las promesas vacías de otras emergencias recuerdan lo que no se debe hacer con Haití.

Tras el desastre viene el olvido de las agencias de noticias, del compromiso de reconstrucción de los bancos de desarrollo, de las buenas intenciones publicitadas durante la emergencia y de la responsabilidad de los donantes.

Sólo queda esperar que éste no sea el caso, y que ante una nueva catástrofe la cooperación internacional no actúe buscando el protagonismo desenfrenado, sino que mantenga una ayuda coordinada y duradera.



*Fernando Buchelli es  coordinador del grupo de investigación de cooperación y desarrollo de la Universidad Externado de Colombia


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