Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2010/03/12 00:00

Piñera asumió y viajó a las zonas afectadas por el terremoto

El mandatario de la Coalición por el Cambio tan pronto como fue proclamado presidente de Chile viajó a la ciudad de Concepción, una de las más afectadas por los temblores que el 27 de febrero.

Piñera asumió y viajó a las zonas afectadas por el terremoto

No demoró en pasar a la acción tras recibir la banda de mando: el flamante presidente de Chile, Sebastián Piñera Echenique, dedicó su primer día en el cargo a recorrer zonas dañadas por el sismo y sacudidas, horas antes de su visita, por nuevos remezones.

El mandatario de la Coalición por el Cambio viajó a la ciudad de Concepción, una de las más afectadas por los temblores que el 27 de febrero se cobraron al menos 500 vidas y dejaron a miles sin vivienda.

Luego visitó la comuna de Rancagua, en la región de O’Higgins, epicentro de las réplicas que se hicieron sentir el jueves y reavivaron los temores y ansiedades de muchos, tanto por los efectos del sismo como por las subsiguientes oleadas de robos y saqueos que se registraron en algunas ciudades del sur.

"Quiero llamar a la calma y a la tranquilidad a los ciudadanos... Sepan ustedes que hay un gobierno que actuará con la mayor rapidez, oportunidad y eficacia", declaró el mandatario, quien no descartó ampliar el despliegue militar si fuera necesario para garantizar la seguridad.

Antes, Piñera había cumplido con el ceremonial de traspaso de poder en el Congreso Nacional, en Valparaíso. Allí juró como trigésimo octavo presidente de la república y recibió las insignias de mando de su antecesora, Michelle Bachelet, mientras el país se estremecía con cuatro réplicas de hasta 6,9 grados en la escala de Richter y se emitía una alerta de tsunami en zonas costeras.

Por eso alteró su agenda y suspendió el almuerzo con los mandatarios extranjeros llegados para la ocasión: puso rumbo hacia el sur, mientras proclamaba que no había tiempo que perder.

Más tarde, Piñera arribó en La Moneda, el palacio presidencial que lo albergará por los próximos cuatro años.

"El temple de un pueblo se pone a prueba y se revela en tiempos de adversidad. Yo siento que interpreto el sentir de todos cuando digo que tenemos la certeza de que vamos a superar estos tiempos de adversidad", arengó el jefe de Estado a los ciudadanos congregados en la plaza.

A trabajar
"Secar nuestras lágrimas y poner manos a la obra": ésa ha sido la consigna más reiterada por Piñera en los últimos días. Su discurso fue la retórica de lo que necesita llevar a la práctica con urgencia: un plan de reconstrucción para Chile, donde la catástrofe ha dejado 2 millones de damnificados y una crisis habitacional en ciernes.

Para ello, el mandatario conservador convocó sus ministros a una reunión de gabinete nocturna, en sus primeras horas como "dueño" de La Moneda.

La nueva gestión tiene como punto de partida una carpeta lista para enviar al
Parlamento, con tres propuestas para paliar los efectos del terremoto.

La "ley corta de emergencia", según detallaron a BBC Mundo fuentes del entorno piñerista, responde a las necesidades inmediatas de los afectados, mientras que la de donaciones regula los aportes de empresas privadas - que Piñera intentará promover- a la tarea de normalización del país.

El proyecto de ley de reconstrucción, en cambio, está pensado para diseñar políticas públicas de largo plazo que permitan reparar la infraestructura y prepararla para otras potenciales catástrofes.

Para convertirlos en realidad, el nuevo oficialismo necesita el visto bueno del Congreso, donde los legisladores opositores ya han manifestado su intención de respaldar propuestas gubernamentales que apunten a la reconstrucción.

Así, las acciones concretas para poner a Chile en pie podrían comenzar inminentemente, aunque nadie se arriesga a pronosticar cuándo concluirían. Algunos dicen que se extenderán durante toda gestión piñerista, en una misión que –según cálculos preliminares- requerirá fondos equivalentes al 15% del Producto Interno Bruto chileno.

Promesas en pie
Quizás como una demostración concreta de que sus promesas de campaña no quedarán sepultadas por las urgencias, Piñera también enviará al Congreso su proyecto del "bono marzo", un subsidio a las familias pobres que fue una de sus más sonadas propuestas preelectorales.

Atrapado por la contingencia, el capítulo de Piñera en la historia de Chile estará marcado por una tensión entre el cambio prometido y la reconstrucción obligada.

El presidente, un economista millonario, asegura que los recursos serán suficientes para cumplir con ambos. Pero algunos dudan de que vaya a lograrlo sin hacer concesiones y redireccionar gruesas partidas de dinero que estaban previstas para otros planes.
Otros, en cambio, opinan el gobierno podría capitalizar la situación de emergencia y encontrar una oportunidad para, por ejemplo, ampliar sensiblemente la oferta de empleo en tareas de reconstrucción.

Pero, ¿qué piensa la ciudadanía? Algunos analistas señalan que, al 51,6% que votó por Piñera en segunda vuelta, se han sumado ahora nuevos adeptos, aquellos que creen que la experiencia empresarial del mandatario será la carta de éxito en un contexto de crisis.
Una encuesta de la consultora Adimark revela que 55,7% de los chilenos confía en que las nuevas autoridades "están preparadas" para hacer frente a la reparación, frente a un 33,4% que lo pone en duda.

Para acompañarlo en la desmesurada tarea, el empresario devenido presidente conformó un equipo de ministros con un perfil común: educados en prestigiosas universidades (muchas extranjeras) y con trayectorias notables en el sector privado. Un equipo de técnicos "duros", que muchos miran con cautela precisamente por su falta de experiencia en las lides de la política.

A ellos, Piñera ha dado dos consignas: reconstruir y avanzar. Cumplir con la tarea imprevista que impuso el terremoto y luego gestar lo que "el jefe" –como le dicen algunos colaboradores cercanos- ha dado en llamar la "nueva transición" hacia un Chile "desarrollado, sin pobreza y con condiciones de progreso para todos".

Así lo delineó el nuevo presidente en su primer día en La Moneda, para los cuatro años que tiene por delante.

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