Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2008/12/20 00:00

Selva amazónica ecuatoriana empapada por derrames de crudo

Selva amazónica ecuatoriana empapada por derrames de crudo

Cuando el sol golpea con fuerza estas tierras en el medio de la selva, los caminos sudan petróleo.

Esta región, que alguna vez fue una selva amazónica virgen, está entrecruzada por pozos petroleros y tuberías construidas por la empresa Texaco hace más de una generación. Y a lo largo de los últimos 15 años, una demanda civil se ha abierto un sinuoso camino por los tribunales a nombre de más de 125.000 personas que beben, se bañan, pescan y lavan sus ropas en la contaminadas aguas en las riberas de los afluentes del río Amazonas.

Ahora se espera que en el 2009 un juez falle el caso desde su modesta corte en este poblado de la frontera norte del país.

Declaraciones de un experto, designado por la corte, sugieren que Chevron, que compró a Texaco en el 2001, será declarada responsable por los derrames petroleros ocurridos en la zona y el desecho de residuos tóxicos a las aguas.

Si Chevron pierde el caso, podría ser conminada a pagar hasta 27.300 millones de dólares por daños y labores de limpieza, aunque se esperaría una apelación.

El experto, el ingeniero geológico Richard Cabrera, ha aceptado la mayoría de los argumentos de los demandantes de que Texaco dejó un desastre cuando salió del país en 1992. Cabrera recomienda el pago en daños basándose en un cálculo de 1.401 muertes por cáncer debido a la presunta contaminación.

Chevron no niega "la presencia de contaminación y no negamos que hubo impactos", afirma el vocero Kent Robertson. Pero Chevron alega que un acuerdo firmado por Texaco en 1998 con Ecuador, tras gastar 40 millones de dólares en correctivos, lo absuelve de cualquier responsabilidad legal. La empresa afirma, y pocos lo rebaten, que su antiguo socio, la estatal petrolera Petroecuador, siguió contaminando tras la salida de Texaco.

Sin embargo, eso no exime o libra de responsabilidades a Chevron, asegura la profesora de derecho Judith Kimerling, una ex fiscal en Nueva York cuyo libro de 1991 "Amazon Crude" o "Petróleo Amazónico" aludió por primera vez a lo que algunos han descripto como un Chernobyl en la selva ecuatoriana.

"Dos cosas erradas no hacen una correcta", dice Kimerling. "Creo realmente que los correctivos que hicieron fueron una farsa".

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Donald Moncayo recuerda que cuando era un niño Texaco utilizaba petróleo para controlar el polvo en las carreteras selváticas.

"Corríamos en las calles que ellos regaban con petróleo", dice Moncayo. "Nos íbamos a dormir con los pies negros. Sólo se quitaba con gasolina", asegura.

Las tuberías en la zona conectan los pozos al Oledocucto Transecuatoriano, de 500 kilómetros, construida por Texaco para llevar el petróleo desde la amazonia hacia los puertos de exportación en la costa del Pacífico.

Moncayo, de 35 años, no puede recordar algún momento en el que tubería no tuviera fugas.

Su madre murió en 1987 de una infección interna, que Moncayo atribuye a la contaminación por petróleo. Ahora Moncayo trabaja para los demandantes, llevando en "giras tóxicas" a los que llegan de visita a la región.

Una de las primeras paradas de ese tour es un reciente derrame. Es de poco más de 50 galones, oscuro y viscoso. Los más grandes han sofocado cultivos, matado aves y envenenado al ganado.

En los primeros tiempos de la bonanza petrolera, el gobierno de Ecuador estimulaba a la población a establecerse en la amazonia, a fin de poblar esa zona, ofreciendo tierras gratuitas, pero sin que existieran servicios públicos como el suministro de agua. Casi toda el agua de la región no ha sido purificada.

El gobierno de Ecuador se aprovechó de la riqueza del proyecto selvático de Texaco y el producto interno bruto creció más del triple entre 1972 a 1977. Para el momento que Texaco se retiró, el consorcio que encabezaba había extraído casi 1.500 millones de barriles de crudo de más de 350 pozos.

Entretanto, los trabajadores petroleros ecuatorianos se untaban crudo en grandes cantidades en las piernas creyendo que curaba el reumatismo, mientras otros lo usaban en el cráneo porque sus supervisores estadounidenses les habían dicho que el petróleo prevenía la calvicie, según aseguraron.

"Nos estaban tomando el pelo", dice Margarita Yépez, una ex trabajadora social de Texaco, quien cree que esa exposición al petróleo provocó la muerte de algunos de sus colegas de trabajo. "¿Qué sabíamos nosotros?. Ellos eran los expertos", dice.

Los demandantes, que se llaman Frente de Defensa de la Amazonia, afirman que Texaco ahorró de ocho a 10 dólares por barril al desechar en fosas cerca de 18.000 millones de galones de agua usada en la perforación de pozos y la extracción de petróleo, en lugar de devolverla al subsuelo.

En Texaco "decían que tenían los costos de producción más bajos de América Latina", asegura el abogado de los demandantes, Pablo Fajardo.

Los demandantes alegan que la compañía envenenó el aire al quemar gas natural y residuos sólidos durante las labores correctivas en los años 90. Dicen además que encontraron un memo de Texaco de julio de 1972 y en el que se ordena al gerente de la empresa en Ecuador informar sólo sobre los grandes derrames y destruir "todos los reportes previos" sobre esos incidentes.

Uno de los dos autores de ese memo es Robert M. Bischoff, el entonces jefe de Texaco para América Latina.

Bischoff se jubiló en 1984.

"No recuerdo eso", dijo Bischoff, de 89 años, en una entrevista telefónica con la AP desde Florida. "En todos mis años con Texaco, y estuve 40 años con ellos, nunca se me pidió hacer algo de lo que me pudiera avergonzar".

Si los demandantes ganan el caso, dice Fajardo, los residentes de la zona finalmente conseguirán un sistema de distribución de agua potable y servicios básicos de salud. Pero, ¿se le pedirá a Chevron que ofrezca los servicios que ningún gobierno ecuatoriano se molestó en ofrecer?

"Esto combina un poco de oportunismo y de populismo", dijo Robertson.

Fue Texaco, irónicamente, la que primero impulsó la audiencia del caso en Ecuador. La compañía petrolera dijo que la corte federal en Nueva York, donde tenía su sede, no tenía jurisdicción y que el sistema judicial de Ecuador era confiable e independiente. Los demandantes se opusieron a la audiencia en Ecuador, citando un informe del Departamento de Estado estadounidense según el cual el sistema legal de esta nación era demasiado susceptible a la influencia política.

En el 2002, un juez de Estados Unidos descartó el caso. Al año siguiente, los demandantes acudieron al tribunal de Lago Agrio.

Rafael Correa fue elegido presidente de Ecuador en 2006 y todo cambió.

Chevron dice que no puede tener un juicio imparcial mientras Correa esté en la presidencia de Ecuador.

El año pasado, Correa encabezó una gira con periodistas a zonas de antiguas perforaciones petroleras asegurando que no habían sido limpiadas. El mandatario, un economista con estudios en Estados Unidos, ha expulsado del país a las empresas petroleras extranjeras que no convengan con sus términos de repartición de ganancias.

Y en agosto, Ecuador ordenó investigar a dos ejecutivos de Chevron y a siete ex funcionarios del gobierno por sospechas de falsificar los documentos que respaldaban las labores correctivas de Texaco.

Chevron también se queja vehementemente de la designación del experto Cabrera, asegurando que es un obsecuente con los demandantes. "Se puso tapaojos y dice que todas las condiciones de hoy son atribuibles a Chevron", indica Robertson.

El juez actual, Juan Evangelista Núñez, niega cualquier motivación política. Esa es "la única verdad, la que consta en el proceso. Aquí no habrá influencia política, ni de ningún tipo", dijo el juez a la AP.

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Una de las paradas de la "gira tóxica" de Moncayo es el Campo Aguarico 2, un pozo que dice fue sellado en 1985. Sus tres piscinas de desechos de agua fueron tapiadas con tierra durante las labores de Texaco.

Moncayo coloca una mano cubierta con un guante plástico de cirujano en la suciedad de uno de los fosos. La retira con las mangas sucias del petróleo que quedó alrededor. Otro foso en la zona gotea lo que luce como agua cristalina que apesta al hidrocarburo.

El equipo de Cabrera de 14 miembros, entre científicos e ingenieros, encontró hidrocarburo de petróleo, en niveles calificados de inseguros por los estándares nacionales, en el 44% de las muestras de agua tomadas y que sometieron a diversas pruebas. También encontró cadmio, bario y otros metales pesados en el barro de los fosos y asegura que el 80% de ellos requieren de una limpieza.

El equipo citó estudios científicos que encontraron niveles de cáncer casi el doble del promedio en Ecuador, con una gran cantidad de casos de útero y estómago, seguidos por leucemia. Chevron rebate tales afirmaciones asegurando que están basados en muestras no representativas y que las tasas de cáncer en la región no son más altas que las del resto del país.

Jorge Herrera, médico jefe en Shushufindi, el pueblo natal de Fajardo, muestra su preocupación debido a que no se han hecho estudios más amplios.

Sin embargo, Herrera dice que localmente las mujeres padecen una tasa mayor de abortos espontáneos y que las infecciones respiratorias, alergias en la piel y las gastritis crónicas son comunes.

La "gira tóxica" se detiene para recoger a Carmen Pérez, de 57 años, una trabajadora del sistema público de salud, quien vive a 500 metros de un pozo tapado; el 56 "La Primavera". El agua del pozo que bebe su familia tiene un sabor acre, dice Pérez, y sus hijos sufren de constantes dolores gástricos.

"Lo que tenemos aquí es la muerte segura, pero lenta", asegura Pérez, mientras hurga con una palito el borde de uno de los pozos de aguas de desechos.

Entonces, ¿por qué no se mudan a otro lugar?

"No tenemos el dinero necesario", responde Pérez.

Al alejarse del pozo, los turistas miran las guayabas que cuelgan de un árbol. Lucen apetitosas.

"Mejor no las prueben", dice Moncayo.

Con información de AP

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