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| 10/13/2012 12:00:00 AM

¡A la cárcel!

Las nuevas condenas en el Juicio del Siglo, incluida la de José Dirceu, ministro de Presidencia de Lula da Silva, ponen en duda el legado del expresidente y sus posibilidades de reelección.

Tiemblan los corruptos en Brasil y el Tribunal Supremo de Justicia hace historia. Fueron condenados por su participación en el mensalão, el escándalo de corrupción más importante de la última década, José Genoino, expresidente del oficialista Partido de los Trabajadores (PT), Delúbio Soares, el tesorero, y el pez gordo del PT: José Dirceu, mano derecha de Lula da Silva y su ministro de Presidencia.

A este proceso se le ha llamado el Juicio del Siglo y con mucha más razón tras estas tres condenas, las primeras que culpan de corrupción directa a los involucrados. Según la sentencia, desde su posición como director de la campaña presidencial de Lula, José Dirceu orquestó su subida al poder al comprar apoyo electoral a cambio de contratos ventajosos y favores políticos. Una vez que Lula ganó la Presidencia, Dirceu se encargó de pasar una mesada (mensalão) a los parlamentarios para que desde el Congreso apoyaran las propuestas del partido oficialista.

El Tribunal Supremo condenó a Dirceu a 18 años de cárcel por estas acciones, a pesar de que no existían pruebas contundentes de su participación. De hecho, la condena se basó mayormente en el testimonio de Roberto Jefferson, expresidente del Partido Laborista Brasileño, quien denunció inicialmente el mensalão y apuntó a Dirceu como su principal responsable.

Dirceu ha declarado constantemente que es inocente. "Fui prejuzgado y linchado", dijo cuando supo el fallo y aseguró que se trataba de un ataque por razones políticas: "Desde 2005 fui considerado como el enemigo público número uno por los enemigos del PT". José Genoino, otra de las grandes figuras del partido, renunció al cargo de asesor especial del Ministerio de Defensa, que desempeñaba hasta ahora.

El escándalo salpicó al expresidente, contra quien comienzan a surgir pruebas. Según la revista brasileña Veja, el empresario Marcos Valério, acusado de lavar el dinero que el gobierno les pasaba a los parlamentarios, dijo que "todo lo que hacía era del conocimiento de Lula". Aunque el Tribunal se ha negado a procesarlo, el escándalo empaña considerablemente la imagen de un político adorado por su gente y reconocido internacionalmente como el hombre que acabó con la pobreza en Brasil y empujó al país a la modernidad. Que su gobierno haya estado marcado por una red de corrupción que habría malversado al menos 25 millones de dólares abre grietas en el pedestal del hasta ahora héroe latinoamericano.

Algunos analistas consideran que la gran beneficiada de este escándalo será Dilma Rousseff, bajo cuyo gobierno se juzgó y condenó a los corruptos. Y no solo a los responsables del mensalão, sino también al menos a ocho ministros y una docena de funcionarios públicos heredados de Lula que Rousseff sacó de su administración por estar ligados a prácticas corruptas.

De cara a las elecciones presidenciales de 2014, aún no se sabe si Rousseff buscará la reelección o si Lula se presentará como candidato. En todo caso, la imagen del expresidente está ahora manchada mientras que la de Rousseff seguiría intacta. Los partidos opositores también podrían ganar puntos con quienes asocien a todo el PT con el mensalão.

El proceso contra los implicados ha sido expedito, cosa que no deja de sorprender, si se considera que de los 11 magistrados que conforman el Supremo, ocho fueron designados por Lula y la presidenta Rousseff. Los brasileños celebran esta victoria de la Justicia, pero es difícil no recordar el también escandaloso caso del presidente Fernando Collor de Mello, destituido en 1992 por corrupción. Años después, el PT llegó al poder prometiendo hacer un nuevo tipo de política transparente y limpia, pero ahora se sabe que estaban muy lejos de cumplir con su oferta. Aparentemente, es más fácil matar la corrupción con palabras que con hechos.
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