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| 4/3/2000 12:00:00 AM

¡A por ellos!

Entre la reelección de Aznar y el regreso de los socialistas está la alternativa en las elecciones españolas del domingo.

Mientras el legendario cielo de Madrid reluce en una primavera anticipada la ciudad está sumergida por completo en un ambiente preelectoral. Por todas partes las vallas publicitarias de los candidatos a las elecciones generales del 12 de marzo recuerdan que el período de José María Aznar al frente del gobierno ha terminado y que los españoles deberán decidir si lo reeligen o conceden una nueva oportunidad a los socialistas, en cabeza de su líder Joaquín Almunia. Todo ello bajo el manto de angustia de las amenazas de la organización separatista vasca ETA.

En cierta forma será un certamen democrático en el que se enfrentarán el pragmatismo de las cifras con el canto de sirenas de la nostalgia. Aznar y su Partido Popular (PP) tienen a su favor unos resultados económicos impresionantes. Desde su llegada al poder, en marzo de 1996, cuando terminaron con 14 años de la hegemonía socialista de Felipe González, se han creado 1,8 millones de puestos. Como dijo a SEMANAFernando Jáuregui, comentarista político de Diario16, “el gobierno presenta un balance muy bueno en los planos económico y social y las cifras lo dicen todo: la inflación se redujo al 2,8 por ciento, la economía crece y la tasa de desempleo del 22 por ciento pasó a 14,5 y se situó en el nivel más bajo de Europa”.

Pero en el otro extremo están quienes piensan que el crecimiento ha costado mucho a los menos favorecidos. Los partidos de izquierda nunca se habían unido desde el retorno de la democracia en 1975. Pero esta vez han protocolizado una alianza entre el Partido Socialista Obrero Español (Psoe), representado por Almunia, y la coalición Izquierda Unida (IU), cuyo candidato es el comunista Francisco Frutos. Las dos fuerzas aprobaron un programa común y un ‘pacto de investidura’ por el cual sus diputados se sumarán para elegirpresidente del gobierno al candidato de la alianza que tenga más votos. Este, por supuesto, sería Almunia, quien tiene un potencial electoral varias veces superior al de su socio. Pero, aunque no será presidente, Frutos es tal vez el más beneficiado: desde que IU firmó el pacto salió del anonimato para convertirse en uno de los políticos más reconocidos de España. Y le dio a su partido, por primera vez, la posibilidad de formar gobierno. Marisa Castro, concejal de Madrid y número dos de IU, lo tiene claro. “El pacto nos sitúa, dijo a SEMANA, en la dialéctica del diálogo y negociación e invita a la movilización a una respuesta electoral frente al gobierno actual.”.

Pero las cifras de prosperidad no dan mucho margen a una izquierda que debe mantener una imagen aceptable ante los empresarios y buscar el voto del centro. Por eso la alianza en su plataforma debió asegurar que respetará los compromisos con la Otan y el Pacto de Estabilidad con la Unión Europea, que permite a España permanecer en la moneda única, el euro. La Alianza se ha visto limitada a una campaña en ‘contra’ de las promesas de Aznar.

Y también esgrimen la corrupción. El presidente del Psoe en Cataluña, Raimon Obiols Germá, dijo a SEMANA que “en asuntos internos hemos visto amigos del presidente que han acumulado miles de millones de pesetas”. Esa acusación se refiere, sobre todo, al asunto de las stock options de la Telefónica, compañía que preside un amigo de Aznar, Juan Villalonga. Unos 100 ejecutivos habrían hecho utilidades millonarias de la privatización al recibir opciones de acciones por muchas veces su valor nominal. La oposición también ataca el manejo del problema terrorista de ETA y las críticas son fuertes. Para Obiols Germá, “el gobierno desaprovechó la tregua. La ruptura del proceso con ETA se debe a la errática conducción del gobierno y lo que pase será su responsabilidad”.

Esa y otras muchas críticas se sumaron a la avalancha que produjo la liberación por parte de Gran Bretaña del ex dictador chileno Augusto Pinochet, atribuida en gran parte a que el gobierno de Aznar, mientras declaraba su respeto por el Poder Judicial que pidió al general en extradición, ponía obstáculos legales.

Pero ninguna de ellas parece suficiente para cambiar la tendencia de voto, que favorece ligeramente al PP con unos 4 a 8 puntos porcentuales de ventaja sobre los socialistas. Si se cuentan los 7 puntos que se espera alcance la IU el panorama se acercaría a un empate técnico. De nuevo la palabra estaría en el bando de los centristas de los partidos regionales. De seguir las cosas como vienen, otra vez los partidos regionales serán los dueños del fiel de la balanza política en España.
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