Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2003/06/01 00:00

Acuerdo para quedarse

El gobierno y la oposición de Venezuela llegaron a un acuerdo para terminar la crisis política. Pero hay muchas dudas sobre su eficacia.

Como no hay mal que dure 100 años, tras seis meses tormentosos de negociación bajo la batuta de César Gaviria, el gobierno y la oposición venezolanos por fin suscribieron la semana pasada un acuerdo para terminar la crisis política de ese país. Designado como un acuerdo de paz y contra la violencia, el convenio permitirá a los opositores intentar sacar al presidente Hugo Chávez con un referéndum a partir del 19 de agosto próximo, cuando cumplirá la mitad de su mandato.

La firma del convenio fue bendecida por el grupo de países amigos (Brasil, Chile, España, Estados Unidos, México y Portugal) y refrendada por la OEA, el Centro Carter y el Pnud. En el mismo acto murió la mesa de negociación que condujo Gaviria desde noviembre pasado, lo cual deja a los venezolanos caminando solos en su empedrada y nada segura vía electoral.

Lo resaltante de la versión final de los 19 puntos del acuerdo es que el gobierno exigió incorporar los referendos de todos los alcaldes y gobernadores, que también este año llegan a la mitad de su período, deja en manos del futuro poder electoral la fecha de los comicios, elimina la mesa internacional y somete el debate a los preceptos constitucionales y legislativos, y no los negociados.

"Va a ser bueno para todos los venezolanos pues de alguna manera implica una inflexión, un cambio importante del pasado y el compromiso de entenderse mejor, de tener mucho más respeto y tolerancia en ambos sectores, además del desarrollo de una campaña electoral con el tipo de elecciones que defina el Consejo Nacional Electoral", dijo Gaviria, quien se declaró "supremamente satisfecho".

También satisfecho se mostró el vicepresidente, José Vicente Rangel, al ser el primero en apoyarlo: "Firmamos el documento con mucha esperanza y serenidad y estamos dispuestos a acatarlo desde la primera hasta la última palabra".

Para el analista político Jorge Olavarría, ex amigo de Chávez, el acuerdo es "importante y trascendente". Dijo a SEMANA que es "una oportunidad y un buen comienzo para que el gobierno cambie de mentalidad. Hemos llegado a un grado de irracionalidad extrema de ambos lados".

Olavarría también declaró a SEMANA su agradecimiento a Gaviria: "La deuda de gratitud que los demócratas venezolanos tenemos con el ex presidente colombiano es inmensa. Sin su paciencia, perseverancia y habilidad diplomática el acuerdo logrado no habría sido posible".

Pero no faltan nubes negras en el horizonte. La opositora Coordinadora Democrática suscribió el texto de mala gana y resignada, no sin antes mostrar sus reservas y desconfianza porque no garantiza que el gobierno cumpla con su parte ni hay fecha precisa del revocatorio presidencial ni desarma a los grupos radicales.

Los opositores reclaman que el carácter light del acuerdo sólo favorece al gobierno y era innecesario firmarlo porque repite lo que establece la Constitución. Entre los miembros de la coordinadora que mostraron sus dudas figuran Acción Democrática, Proyecto Venezuela, la patronal Fedecámaras, diversas organizaciones no gubernamentales y los representantes de los 18.000 trabajadores de Petróleos de Venezuela que el gobierno despidió a raíz del reciente paro de 63 días.

En el supuesto de que la consulta popular se produzca antes de finalizar el año, como espera la oposición, Olavarría pronosticó a SEMANA que "no estoy tan seguro de que Chávez pierda el referéndum revocatorio. Lo puede ganar".

Pero el que no cree en el revocatorio es el propio Chávez, pese a que su gobierno firmó el acuerdo la semana pasada. "El referéndum es sólo una oportunidad, no es seguro que haya referéndum". De ahí que el tema de la crisis política venezolana no esté, ni mucho menos, cancelado.

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